El pulso Turquía-Qatar con Emiratos-A.Saudí agita Túnez desde Libia

Natalia Roman

Túnez, 4 jun (EFE).- El pulso entre las dos corrientes políticas herederas de las 'primaveras árabes', el islam político defendido por Turquía y Qatar, y el salafismo ultraconservador promovido por Arabia Saudí, Emiratos y Egipto, se ha agudizado en Túnez a raíz de la guerra en Libia.

Unas tensiones se trasladaron esta miércoles a la Asamblea, que protagonizó un tenso debate en torno a lo que la mayoría parlamentaria calificó de diplomacia 'paralela' por parte del presidente de la Cámara, el islamista Rached Ghannouchi, después de que éste felicitase al presidente ?del Gobierno libio de Acuerdo Nacional (GNA), Fayez Al-Sarraj, por una victoria militar.

En una sesión que duró veinte horas, entre gritos, insultos y cruce de acusaciones, los diferentes grupos interpretaron el papel del octogenario político como una 'injerencia' en la diplomacia tunecina, caracterizada hasta ahora por su neutralidad en los conflictos de la región.

Las hostilidades en la Cámara, fragmentada en una veintena de partidos y una docena de independientes tras las elecciones legislativas de octubre, se intensificaron el pasado 19 de mayo después de que saliera a la luz la conversación telefónica con el responsable libio con motivo de la conquista de la base aérea de Al Watiya, uno de los puntos claves del asedio de Trípoli que se encontraba en manos del mariscal Jalifa Hafter, el hombre fuerte del país.

Sin embargo, la propuesta del ?Partido? ?Desturiano Libre (PDL), que reúne a los nostálgicos del régimen dictatorial de Ben Alí, no logró los votos necesarios -que se quedó a falta de una quincena- para aprobar una moción de rechazo contra la injerencia extranjera en Libia y su oposición a que Túnez pueda convertirse en una base logística para Turquía.

La líder del PDL, Abir Moussi, conocida por su posición antislamista pero igualmente conservadora, amenazó con una moción de censura contra el presidente para elegir a su sucesor, una propuesta que necesitaba el apoyo de 73 diputados para ser debatida y 109 -de un total de 217- para su aprobación.

'Nos estamos convirtiendo en una parte del campo de batalla libio', se lamentó Ghannouchi al término de la audición, visiblemente cansado, al tiempo que agradeció las críticas, de las que hará una 'autoevaluación'.

Esta no es la primera polémica protagonizada por el presidente de la formación del águila azul, la principal fuerza parlamentaria con 54 escaños. Un mes antes, fue acusado de dar prioridad a dos proyectos de ley -la apertura de la oficina de Fondos de Qatar para el Desarrollo y el apoyo de inversiones con Turquía- por delante de otros textos, cuyo plazo legal expiraba previamente.

Un hecho que le valió la acusación de imponer una agenda política de los ?Hermanos Musulmanes a favor de los intereses de Turquía y Qatar.

En las últimas semanas, una campaña en las redes sociales -promovida por distintos grupos del espectro político- invita a la ciudadanía a manifestarse frente al palacio de Bardo (Asamblea) a partir del próximo 13 de junio, fecha en la que está previsto el fin del confinamiento por el coronavirus, para reclamar la disolución del Parlamento e, incluso, modificar el régimen político.

Una iniciativa que ha sido acusada por los medios cercanos a Ankara como un intento de golpe de Estado auspiciado por los Emiratos Árabes Unidos (EAU) para utilizar al país como retaguardia del conflicto libio.

La guerra propagandística entre Turquía y Qatar por un lado y, EAU y Arabia Saudí por el otro, busca presionar al país para que abandone su posición neutral y se mueva hacia un lado u otro de la balanza.

A comienzos de año, Ghannouchi se reunió con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en Estambul- la segunda cita en apenas tres meses-, lo que provocó las críticas de la oposición al considerar que es una prerrogativa constitucional del presidente de la República.

El líder histórico, que vivió en el exilio durante las dos décadas del régimen de Zine El Abidine Ben Ali, justificó la visita como un encuentro entre responsables de los dos partidos islamistas.

Para muchos analistas, la discreción de Kaïes Said en el escenario internacional es aprovechado por Ghannouchi para obtener visibilidad internacional. En su último discurso a la nación, con motivo del fin del mes sagrado de ramadán, el mandatario lanzó una llamada de atención: ?'Túnez es un sólo Estado, representado por un único presidente, en el interior y el exterior'.

Ghannouchi se enfrenta, además, a críticas en su propio partido. En los últimos meses, varias figuras destacadas, como su vicepresidente y miembro fundador, Abdelhamid Jelassi, han abandonado el partido dejando al descubierto una fractura en la dirección histórica.

Un pulso que comenzó durante la preparación de los últimos comicios, cuando el dirigente decidió cambiar a última hora a 30 de las 33 cabezas de listas designadas por las instancias regionales con el objetivo de aislar a sus oponentes y de crear un grupo parlamentario afín.

Mientras tanto, el 11º congreso del partido, previsto inicialmente para el mes de mayo con el objetivo de elegir a su sucesor, continúa en el aire. La pasada semana, un grupo de militantes publicó un comunicado para pedir su celebración antes de finales de año ante el temor a que Ghannouchi se lance a un tercer mandato, prohibido por el reglamento interior del partido. EFE

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