El resurgir de la violencia tribal amenaza el proceso político en Sudán
Al Nur al Zaki
Jartum, 21 may (EFE).- Durante el mes de mayo decenas de personas han muerto y cientos se han visto desplazadas en medio de un resurgir de la tradicional violencia tribal en varias partes de Sudán que agrega dificultades al proceso de transición democrática en el país.
En un momento en que el Gobierno trata de llegar a acuerdos con grupos armados en diferentes mesas de negociación, la violencia tribal vuelve a surgir en lo que algunos ven una mano oscura del régimen del expresidente Omar al Bashir y otros la dura realidad de un Estado débil y golpeado en mil frentes.
La semana pasada, más de 30 personas murieron y decenas de ellas resultaron heridas en una disputa entre la tribu árabe Rozeigat y la africana Falata en el estado de Darfur del Sur (oeste) que comenzó, como suele ser frecuente, entre acusaciones de robo de ganado.
El día 8 un enfrentamiento del clan árabe Beni Amer y los africanos de la tribu Nuba en el estado de Kassala (este) dejó una veintena de muertos y otra veintena de heridos. La pelea tuvo su origen en un mercado local.
Cuatro días después, en el estado de Kordofán del Sur, las autoridades tuvieron que imponer el toque de queda después de que la violencia entre los Nuba y los árabes Al Huazma en la ciudad de Kadugli dejara más de 40 civiles muertos y 60 heridos, y nueve bajas entre los efectivos de las fuerzas de seguridad sudanesas.
Estos incidentes son los primeros de envergadura después del derrocamiento en abril de 2019 de Al Bashir, que durante sus tres décadas en el poder fue acusado de explotar a su favor las rivalidades tribales, en concreto en la región de Darfur, escenario de un brutal conflicto étnico entre 2003 y 2008.
PASADO Y PRESENTE
El conflicto entre los Beni Amer y la tribu Nuba se remonta a la década de los años 80 del siglo pasado, explica a Efe un investigador y experto de la zona occidental de Sudán, Ozman Faqray. Entonces el presidente Yaafar al Nimeiri aplicó la ley islámica en Sudán y grupos e individuos de determinadas tribus se sumaron a una campaña 'contra el alcohol y el vicio'.
En 1986 se produjeron enfrentamientos con 'un gran número de muertos en ambos bandos' y eso afectó a la relación entre las tribus aunque, a pesar de ello, han podido convivir en zonas vecinas, según Faqray.
Detrás del actual estallido de la violencia hay otros factores más recientes, según apunta a Efe el investigador Ismail Hamdin, del Centro para la Resolución de Conflictos.
En su opinión hay un 'intento de actores afiliados al régimen de Al Bashir de volver atrás en el tiempo y de hacer tambalear la confianza en el cambio que ha tenido lugar' en el país.
Las autoridades están tratando de solucionar conflictos con tribus y grupos armados dentro del proceso de transición político, que contempla incluso representación parlamentaria para estas minorías.
Darfur y las regiones del oeste de Sudán han sido tradicionalmente las más golpeadas por la violencia tribal por factores como la marginación y la falta de desarrollo, el incremento de armas en manos de las tribus y la inestabilidad en los países fronterizos.
Sobre todo después de 2011, el flujo de armas desde Libia y la desestabilización del trifinio entre los dos países y Chad ha afectado a Sudán, que desde su propia revuelta popular el año pasado tampoco puede controlar todo su territorio.
UN NUEVO PLANTEAMIENTO
Un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Al Neelain, Hassan al Taher, considera que la violencia tribal debe abordarse de forma muy diferente a como lo hacía el régimen de Al Bashir, que creó 'el caldo de cultivo político y de seguridad' para que surgiera esa violencia.
Según Al Taher es necesario que el problema pase 'de político a legal' y 'alejarse de los métodos tradicionales de reconciliación' entre las tribus, que 'no han tenido éxito en los pasados años y no lo van a tener ahora'.
También señala que uno de los factores detrás de la violencia son las milicias creadas por el régimen de Al Bashir para luchar contra las rebeliones regionales en Sudán, que a día de hoy siguen sin estar bajo control y tienen en sus manos grandes cantidades de armamento, incluso pesado.
El expresidente está acusado por la Corte Penal Internacional de La Haya de crímenes de lesa humanidad por la represión de la rebelión en Darfur, donde perecieron más de 300.000 personas y más de 2,5 millones se vieron desplazadas, según datos de la ONU.
De momento, después de los incidentes tribales de la semana pasada, el Consejo de Ministros sudanés afirmó su voluntad de 'no proteger a los criminales' y 'hacer rendir cuentas a los que no cumplen con su deber'.
Además el Ejecutivo quiere reactivar los comités de seguridad (integrados por el gobernador de cada estado, los jefes de la Policía, el Ejército y la Inteligencia) para controlar la situación sobre el terreno, mientras continúa la mediación entre las tribus en disputa y la iniciativa para desarmarlas que heredó de Al Bashir. EFE
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