GNA arrebata a Hafter la base de Al Watiya, clave en el asedio a Trípoli
Mohamad Abdel Kader
Trípoli, 18 abr (EFE).- Milicias vinculadas al llamado Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en Trípoli anunciaron hoy la reconquista de la base aérea de Al Watiya, uno de los puntos claves del asedio que las fuerzas bajo en el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor del Ejecutivo no reconocido en el este de Libia y hombre fuerte del país, mantiene desde hace un año a la capital.
En un vídeo enviado por las milicias a Efe, se observa como varios de sus vehículos circulan libremente, y entre carros de combate destruidos, por la instalación, una de las que las fuerzas del mariscal utilizaban para acumular municiones, circular hombres, abastecer unidas y lanzar diversos ataque con drones.
'La base está ahora en nuestro poder. Los terroristas de Hafter han huido. Esto es solo el principio', dijo a Efe uno de los jefes de la milicia, vinculada al señor de la guerra Osama al Juweili.
Fotografías publicadas por medios de comunicación afines al GNA mostraron también un sistema antiaéreo clase 'Pantsir', de fabricación rusa, al parecer incautado en el interior de la base, situada a unos 125 kilómetros al suroeste de Trípoli.
La veracidad de las imágenes, sin embargo, no ha podido ser sido confirmada por fuentes independientes mientras que las fuerzas afines a Hafter (LNA) han negado en los últimos días poseer ese tipo de armamento.
UN GOLPE MORAL
El LNA no ha confirmado ni desmentido hasta el momento la pérdida de la base, que de confirmarse supondría un golpe muy duro para la estrategia del mariscal.
“Anunciamos con orgullo la liberación de la base militar de Al Watiya de las manos de las milicias criminales', señala un comunicado del presidente del GNA, Fayed al Sarraj.
'La victoria de hoy no constituye el final de la guerra, pero nos acerca un poco más que antes a la gran victoria: la liberación de todas las ciudades, poblaciones y bases', agregó el presidente, quien ha visto cambiar el curso de los enfrentamientos en su favor desde la intervención de Turquía y la llegada de las tropas mercenarias sirias.
UNA GUERRA PRIVATIZADA
Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera militarmente a la victoria de los diversos grupos rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.
Desde que en abril de 2019 Hafter pusiera cerco a la capital para arrebatársela al GNA, impuesto tres años antes por la ONU tras su fallido plan de paz- el enfrentamiento fratricida se ha tornado en un conflicto multinacional privatizado sin Ejércitos, librado por milicias locales y mercenarios extranjeros contratado por ambas partes.
Hafter, un antiguo miembro de la cúpula golpista que alzó al poder a Al Gadafi -y que años después, reclutado por la CIA se convirtió en su principal opositor en el exilio- cuenta con el apoyo de Jordania, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos -que le proporcionan apoyo financiero y militar- y de Rusia y Sudán, que le proporcionan mercenarios.
El GNA cuenta, por su parte, con el respaldo político y económico de Catar e Italia, y el militar de Turquía, único país que ha enviado tropas al país y que le facilita la llegada de mercenarios sirios.
Solo en el último año de combates han muerto más de 1.700 personas -en torno a 350 civiles-, cerca de 17.000 han resultado heridas y alrededor de 200.000 se han visto obligadas a huir de sus hogares y convertirse en desplazados internos.
De acuerdo con el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, desde que en diciembre desembarcaran los primeros mercenarios sirios y ayudarán a cambiar el curso de los combates, más de 250 de ellos han muerto en combate en Libia. EFE