Haitianos hacen su vida como si el COVID-19 no existiera

Para empezar, la incidencia de la enfermedad es realmente baja: desde el inicio de la pandemia Los ciudadanos del país más pobre de América se pasean sin mascarilla y no se privan de aglomeraciones

Con un año de pandemia a cuestas resulta imposible librarse del constante flujo de información sobre el COVID-19 y tener la enfermedad en mente casi de forma constante, pero si alguien quiere olvidar el coronavirus que visite Haití, es un lugar donde se puede lograrlo.

Para empezar, la incidencia de la enfermedad es realmente baja: desde el inicio de la pandemia se han confirmado 12.274 casos y 247 muertes, con una letalidad del 2,01 %, según las últimas cifras oficiales.

Eso en un país con una población de unos once millones de habitantes que desde hace meses hacen su vida como si el COVID-19 no existiera.

Vivir de espaldas a la pandemia

Desde que el Gobierno decretó la reapertura del país a finales de junio pasado, tras un confinamiento de tres meses, la enfermedad no ha vuelto a condicionar las rutinas de los haitianos, que se pasean sin mascarilla y no se privan de aglomeraciones.

Muestra de ello es el mercado de Pétion Ville, en la capital, donde son contadísimas las personas que van con mascarillas, a pesar un nivel de estrechez tal que cuando pasa un vehículo de cuatro ruedas algunos vendedores deben mover parte de la mercancía expuesta en el suelo, resultando entre los peatones un nivel de fricción poco deseable, al menos en plena pandemia.

¿Por qué hay pocos contagios?

La baja incidencia podría ser motivo de estudio para la comunidad científica, aunque para el infectólogo Jean William Pape, copresidente de la comisión multisectorial de gestión de la covid-19 en Haití, la explicación es que, 'probablemente, la mayoría de la gente ya se ha encontrado con la infección' y 'están protegidos'.

Por eso, 'los casos no están aumentando exponencialmente', indicó el médico a Efe, descartando que haya o vaya a haber una segunda ola de la enfermedad en el país, aunque señaló que recientemente sí 'ha habido un aumento de casos' procedente del sector de población que viaja.

'Sin duda, también hay transmisiones comunitarias. Pero lo que más hemos visto es gente que tiene la oportunidad de viajar y que tiene hijos que han regresado a Haití desde Estados Unidos y Europa. Son las personas que pertenecen a una clase más acomodada' y que no ha tomado precauciones.

La oficina de Naciones Unidas en Haití destacó en su último informe que el impacto de la pandemia en la salud de la población haitiana sigue siendo menor de lo esperado inicialmente.

No obstante, subraya el informe, esto no impide que los efectos de la covid-19 en la economía mundial empeoren la ya desesperada situación socioeconómica y humanitaria de Haití.

Un país entregado al carnaval

Por otra parte, la detección del virus no parece algo prioritario en el país, si se tiene en cuenta que los centros de atención sanitaria gratuita donde se realizan pruebas no atendieron a pacientes durante varios días en la última semana a cuenta del carnaval, según pudo comprobar Efe al visitar uno de ellos.

De hecho, el Carnaval se celebró en Haití por todo lo alto y varias ciudades del país gozaron del raro privilegio de organizar este año unas de las fiestas carnavalescas más multitudinarias del mundo.

Mientras Río de Janeiro, Venecia o las islas Canarias cerraron sus puertas a las fiestas de disfraces, las ciudades haitianas de Jacmel (sur) o Port-de-Paix (norte) vivían en ebullición, con aglomeraciones multitudinarias en las que participó y bailó hasta el presidente Jovenel Moise.

La crisis que empequeñece al COVID

El otro gran motivo para no oír hablar de la covid-19 en Puerto Príncipe es la grave crisis política y de seguridad que atraviesa el país, agravada desde que el pasado 7 de febrero el Gobierno denunció que la oposición estaba organizando un golpe de Estado.

Ante esta tesitura, y con la oposición dedicada a promover movilizaciones, las calles de Puerto Príncipe han acogido a diario protestas para exigir la salida del poder del presidente Moise, manifestaciones que algunos días pueden llegar a reunir a miles de personas y tornarse violentas.

Una cuestión, la de la violencia, que también desvía la atención del tema sanitario, sobre todo si se tiene en cuenta el exorbitante número de secuestros que se producen en el país.

Según estimaciones de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH) actualmente se producen más de cinco secuestros al día, indicó a Efe la directora de la organización, Mary Rosy Auguste Ducéna. Un panorama preocupante que favorece que la gente se olvide de la mera existencia de la covid-19. EFE/María Montecelos

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