Katir: la medalla del otro lado del Estrecho tendrá que esperar
José Antonio Diego
Tokio, 7 ago (EFE).- Mohamed Katir, murciano de 23 años, de padre marroquí y madre egipcia, pudo haber sido este viernes el primer medallista olímpico español que vino del otro lado del Estrecho, pero la final de 5.000 le devolvió a la dura realidad: los grandes campeonatos no son como los mítines.
Nacido en Alcazarquivir (Marruecos) el 17 de febrero de 1998 y residente en Mula desde que contaba cinco, Katir pagó la novatada de su debut en unos Juegos, la más grande competición en cualquier disciplina fuera del fútbol, que provoca efectos imprevisibles.
Las asombrosas marcas que Mohamed venía arrojando este año parecían tenerle reservada la que hubiera sido la decimoquinta medalla del atletismo español en Juegos Olímpicos.
Las exageradas expectativas sobre sus opciones en los Juegos de Tokio provocaron que un resultado sobresaliente para cualquier joven debutante (octavo en una final), tuviera cierto sabor a decepción.
Katir procede de una familia de inmigrantes cuya mezcla de genes y procedencias cuajó en un atleta de rango internacional, a juzgar por sus marcas, que habrá de ratificar en campeonatos globales para ganarse el derecho a ser nombrado entre los grandes.
'El sueño no ha hecho más que empezar', subraya su entrenador, Gabi Lorente. Y el atleta no es menos ambicioso: 'Cuando coja experiencia, no tendré rival'.
Nunca tuvo dudas respecto a sí mismo, ni sobre sus opciones en Tokio ni sobre su nacionalidad: 'Me siento cien por cien español. He crecido y estudiado aquí, he pasado toda mi vida aquí, mi carrera como atleta se ha forjado aquí. Quiero competir como español y sólo como español', declaró en la web de la Federación Española.
Su padre llegó en patera a España a finales de la década de los 90, unos años antes de que él naciera, en busca de trabajo, mientras su madre esperaba en Larache el momento de reunirse con su marido. Lo hizo cuando Mohamed tenía cinco años.
Se instalaron al principio en Huesca, donde Katir empezó a jugar al fútbol. Era muy rápido, pero no demasiado bueno técnicamente, según confesión propia.
Unos años después la familia se trasladó a Mula (Murcia). Allí un entrenador, Cristóbal Carlos, que lo vio ganar una carrera en el colegio, invitó a sus padres a que lo apuntaran al club de atletismo UCAM Cartagena. Se inició como atleta en un pueblo sin pista, corriendo por caminos de tierra alrededor del lago.
Competía en campeonatos de España en categorías menores pero sus éxitos no contaban a efectos oficiales. Seguía siendo marroquí, hasta que obtuvo la española en noviembre de 2019. Ese mismo año había ganado el campeonato de España de 3.000 en pista cubierta, pero no pudo recibir su medalla por ser extranjero.
Como casi todos los atletas del mundo, Mo Katir perdió el año 2020 por la pandemia, pero no el tiempo. Siguió adiestrándose bajo la dirección de Lorente y en 2021, trabajando la pretemporada en Sierra Nevada, junto al noruego Jakob Ingebrigtsen y otros grandes atletas mundiales, ha dado el gran salto, convirtiéndose en la sensación del mediofondo y el fondo mundial.
Este año ha batido, en el breve lapso de 33 días, tres récords nacionales a cual más impresionante: 3:28.76 en 1.500 (borrando de las listas a Fermín Cacho), 7:27.64 en 3.000 (a Isaac Viciosa) y 12:50.79 en 5.000 (a Alemayehu Bezabeh).
Katir había demostrado su competencia en las carreras limpias, lanzadas por liebres, de la Diamond League, en la que obtuvo tres victorias antes de llegar a Tokio. Permanecía, no obstante, la incógnita sobre si sabría arreglárselas en una carrera táctica, pues en el campeonato de España le batió Carlos Mayo en el esprint.
El murciano, amante del boxeo, del fútbol (admira a los italianos Pirlo y Buffon) y de la poesía (escribe versos, pero no los comparte), estaba convencido de que podía 'hacer algo grande' en Tokio y sus marcas le autorizaban a ser ambicioso. Dentro de tres años tendrá una nueva oportunidad en los Juegos de París. EFE
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