Kitzbühel: el legendario descenso alpino convertido en imán turístico

Jordi Kuhs

Kitzbühel (Austria), 24 ene (EFE).- La localidad austríaca de Kitzbühel acoge este fin de semana la 80 edición de las míticas carreras del Hahnenkamm de esquí alpino, todo un ejemplo de cómo combinar deportes, turismo y negocio.

La pintoresca localidad alpina, con siete siglos de historia y unos 8.000 habitantes, atrae esta semana a más 100.000 visitantes que llegan de toda Europa para presenciar tres carreras que puntúan para la Copa del Mundo: el Súper-G de este viernes, el descenso del sábado y el eslalon del domingo.

Mirjam Hummel-Ortner, directora ejecutiva de la agencia de relaciones públicas WWP, que comercializa las carreras del Hahnenkamm, destaca que la singularidad de esta localidad se debe a la 'unión de varios factores', como la calidad del espectáculo deportivo ofrecido una vez por año, el paisaje y la naturaleza, la infraestructura hotelera y la cercanía a grandes centros urbanos como Múnich o Innsbruck.

'Existe incluso una vía de tren que llega directamente hasta la meta de las carreras', destaca en declaraciones a Efe durante una visita a la estación de esquí.

'Esta combinación de factores ha sido decisiva para la evolución de Kitzbühel', asegura Hummel-Ortner, cuya agencia comercializa las carreras desde hace más de 20 años.

Desde hace décadas este evento es cita obligada para la alta sociedad austríaca y europea, fanática del esquí alpino, un popular pero también exclusivo deporte, que está luchando contra los cada vez más visibles efectos del cambio climático.

Este año, una vez más, la tecnología mantiene a flote la 'Streif', la legendaria y temida pista del descenso de Kitzbühel, preparada desde hace semanas con la ayuda de cañones de nieve artificial ante la falta de suficientes precipitaciones.

Sus 3.312 metros, con un desnivel de 860 metros, son superados por los esquiadores en menos de dos minutos, tras abordar una pendiente con una inclinación de hasta el 85 %.

Se trata, pues, de un gran espectáculo deportivo, seguido por decenas de millones de personas a través de la televisión en una treintena de países.

Eso explica el gran impacto económico que tienen las carreras del Hahnenkamm -el nombre de la montaña a cuyos pies se encuentra Kitzbühel- para toda la región.

Sólo el fin de semana de las carreras crea un valor económico y comercial de unos 50 millones de euros, según datos oficiales del ayuntamiento de Kitzbühel.

Unos 600 puestos de trabajo dependen durante todo el año de las carreras, celebradas por primera vez en 1931 y desde 1967 parte de la Copa del Mundo de Esquí Alpino.

La lista de ganadores de las pruebas incluye a todos los grandes nombres del esquí, como Franz Klammer, Hermann Maier, Marc Girardelli, Ingemar Stenmark, Alberto Tomba o el recientemente retirado Marcel Hirscher.

Medio centenar de estaciones de televisión y decenas de emisoras de radio informan cada año desde Kitzbühel, con el descenso del sábado, considerado como el más peligroso y espectacular del mundo, como el momento más esperado.

En los años sin Juegos Olímpicos de Invierno o Mundiales de Esquí, como el actual, la cita del Hahnenkamm es el momento clave de la competición y una victoria aquí puede salvar la temporada para cualquier deportista, más aún si es austríaco.

De hecho, muchos esquiadores de descenso cambiarían incluso un título mundial por ganar una vez en la Streif, dicen los expertos.

Las carreras son organizadas por el 'Kitzbühel Ski Club' (K.S.C.), el club local de esquí, con casi 120 años de tradición.

De sus filas salieron ganadores de medio centenar de medallas olímpicas y mundiales, como el mítico Toni Sailer o Hansi Hinterseer, convertido hoy en un famoso cantante de música popular.

Con el paso de los años, el negocio para el club ha crecido de forma exponencial, sobre todo gracias a los derechos internacionales de imágenes y a los millonarios contratos de patrocinio.

Eso ha permitido aumentar este año los premios económicos para los deportistas a un nivel récord, con un total de 725.000 euros para los treinta primeros clasificados en las tres carreras, un 31 % más que el año pasado.

Los ganadores de las dos disciplinas clásicas -el descenso y el eslalon- recibirán 100.000 euros (110.000 dólares) cada uno; el ganador del Súper-G se lleva 68.500 euros (75.600 dólares).

Pero ¿cuál es la magia y el secreto de este lugar, considerado por muchos como la 'meca del esquí alpino'?

A diferencia de muchas otras localidades alpinas, que durante siglos vivían en la pobreza, Kitzbühel siempre tuvo una buena posición gracias a su privilegiada situación geográfica, a medio camino entre lo que hoy son Alemania e Italia.

Hasta los años 1920 el pueblo vivía sobre todo de la minería, una actividad que fue abandonada definitivamente en 1926, coincidiendo con la apertura del primer teleférico hasta la cima Hahnenkamm.

Se dio así paso al turismo, que había empezado a llegar con más frecuencia a partir de la inauguración de la primera conexión ferroviaria en 1875, aún durante el Imperio Austro-Húngaro.

Se fueron inaugurando un hotel de lujo tras otro, a lo que, con el paso de las décadas, se unieron cientos de chalets de alta categoría, lo que ha convertido Kitzbühel en la localidad con los precios inmobiliarios más elevados de Austria, con una media superior a los 12.600 euros por metro cuadrado en 2019.

Hoy el encanto de Kitzbühel, y de su competición, va más allá de lo deportivo: la vida nocturna de 'Kitz' -como llaman los lugareños a su pueblo- es legendaria y no tiene comparación en la región.

Decenas de restaurantes, bares y discotecas de alta categoría llenan el casco histórico de la ciudad, con precios que, ante la enorme demanda, se multiplican durante la semana de las carreras.

Visitantes de toda Europa, sobre todo austríacos, alemanes, suizos, franceses y británicos, inundan las pequeñas calles de la localidad y convierten 'Kitz' en una fiesta.

'Kitzbühel es único en el mundo. En Suiza, Francia o Italia el ambiente antes y después de las carreras no llega ni de cerca a lo que se vive aquí', cuenta Leo, un vienés que sigue de cerca el circuito de la Copa del Mundo desde hace 20 años.

Pero este lugar no vive sólo del turismo de invierno. También en verano es un codiciado lugar para los amantes del deporte, de la gastronomía y del ocio en general.

De hecho, la ciudad rodeada por los Alpes acoge desde hace medio siglo cada verano el Abierto de Austria de tenis, del circuito profesional mundial ATP. EFE

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