Líderes europeos evalúan daños en territorios del Caribe

En esta foto distribuida por el ministerio de Defensa de Holanda, un soldado habla con habitantes de la parte holandesa de San Martín, una isla del Caribe que comparte con Francia, tras el paso del huracán Irma. (Gerben Van Es/Dutch Defense Ministry via AP)

PHILIPSBURG. El presidente de Francia y el rey de Holanda visitaron el martes sus territorios en el Caribe que fueron afectados por el huracán Irma, llevando consigo alimentos, agua y medicamentos para los damnificados, en medio de acusaciones por parte de los habitantes de que los gobiernos europeos no estaban preparados, reaccionaron con lentitud e incluso fueron racistas al responder a la devastación.

Las visitas se presentan en un momento en el que los habitantes intentan recuperar una sensación de normalidad en medio del caos y la destrucción que dejó a su paso el huracán de categoría 5, con pequeños gestos como compartir su radio y rescatar perros.

La Cruz Roja de Holanda dijo que aún había más de 200 personas reportadas como desaparecidas en San Martín, pero dadas las deficiencias en las redes de comunicación a una semana del paso de la tormenta, aún no está claro cuántas de ellas se encuentran simplemente sin servicio eléctrico o de telefonía celular y no pudieron comunicarles a sus amigos y familiares que habían sobrevivido. El organismo dijo que el 90% de los edificios en la parte holandesa de la isla resultaron dañados, y una tercera parte de ellos quedaron destruidos.

Yogesh Bodha, un empleado de una joyería de 37 años de edad, dijo que durante dos días no hubo respuesta de las autoridades europeas, y que no ha visto muchos cambios desde que las autoridades holandesas llegaron al territorio.

“Debieron estar más organizados de lo que estuvieron”, declaró. “No hemos recibido agua o comida. Dicen que la ayuda viene en camino, ya veremos”.

Para Liseth Echevarría, quien trabaja como cantinera en San Martín, dijo que ofrecer lo que podía a familiares, extraños y mascotas abandonadas le ayudaba a afrontar la tragedia, y sus allegados hacían lo mismo.

El administrador de una marina vecina les arrojó una manguera para que Echevarría y su esposo pudieran tener algo parecido a una regadera al aire libre. También les ofreció una conexión temporal de electricidad desde su generador para que pudieran cargar sus teléfonos celulares y escuchar la única estación que permanece al aire.

“Es la única forma de comunicación que tiene San Martín con el mundo en este momento”, dijo la joven de 27 años.

Fue gracias a esa radiodifusora que se enteró de un vuelo para todos los latinoamericanos varados en San Martín. Se apresuró con su hermano al aeropuerto, quien evacuaba de regreso a Colombia. Al momento de dejarlo en el aeropuerto, vio a un yorkshire atado a una barricada de metal, abandonado por un pasajero que huyó de la isla y que no podía llevar mascotas en el avión.

Echevarría recogió al perro de nombre Oliver, lo llevó consigo a casa para que conociera a sus otros tres perros, incluyendo a uno que rescató de la propiedad de un vecino, que huyó junto con su hijo después de que el huracán destruyó su casa. No quedó nada de ella, solo pedazos de madera y la cortina de baño cubierta de coloridas mariposas, enredada en la cima de un árbol.

El esposo de Echevarría, Lex Kools, un ingeniero civil de 26 años, todos los días cruza la barda para alimentar a los dos perros en la propiedad.

“Se estaban atacando entre sí, tenían mucha hambre”, comentó.

Por DÁNICA COTO, NICOLAS GARRIGA y SYLVIE CORBET, Associated Press