Manila cierra un mes con toque de queda por el coronavirus

Manila, 15 mar (EFE).- Unas 13 millones de personas quedaron confinadas desde anoche en el área metropolitana de Manila, al entrar en vigor la suspensión de desplazamientos domésticos impuesta durante un mes y con un toque de queda para evitar la propagación del COVID-19 por Filipinas.

Efectivos de la Policía, algunos portando armas, establecieron desde la madrugada controles al tráfico rodado en las principales vías de acceso y salida de la metrópoli, que amaneció este domingo con un inusual tráfico fluido.

Las autoridades además realizan controles de temperatura a los conductores y pasajeros, y en caso de que puedan tener fiebre se les pide que aparque el vehículo para proceder a más controles sanitarios.

Para facilitar la implementación del cierre de la capital, los alcaldes de las 16 ciudades que comprenden todo el área metropolitana de Manila acordaron imponer el toque de queda de 8 pm a 5 am, cuya aplicación comenzará hoy o mañana a la espera de que se aprueben las ordenanzas municipales pertinentes.

Los alcaldes también ordenaron el cierre de todos los centros comerciales, bares, restaurantes y tiendas de la capital, donde hoy solo abrieron supermercados y farmacias, que han vivido grandes colas en los últimos días ante el miedo al desabastecimiento.

Al entrar en supermercados, urbanizaciones y condominios -donde se han clausurado las zonas comunes-, es obligatorio tomarse la temperatura y desinfectarse las manos, como pudo comprobar Efe.

El presidente filipino, Rodrigo Duterte, anunció el jueves la orden de cierre de la capital que permanecerá vigente hasta el 14 de abril, aunque precisó que seguirán operativos los vuelos internacionales.

Duterte, quien instó a la población a no entrar 'en pánico', explicó entonces que el objetivo de esta medidas de contención es evitar tener que tomar decisiones más drásticas en el futuro.

Las autoridades sanitarias locales han confirmado hasta el momento 111 pacientes infectados por el coronavirus en el país y 8 muertes relacionadas con la enfermedad, la gran mayoría en Manila.

Las celebraciones por la Semana Santa en la nación asiática con mayor número de católicos quedaron suspendidas, así como las misas, espectáculos o conciertos durante un mes para evitar aglomeraciones, además de las clases en todos los niveles educativos y el trabajo en edificios gubernamentales.

El ministro de Interior, Eduardo Año, solicitó a la población 'permanecer en sus casas' para evitar que Filipinas siga los pasos de países como Italia, donde ya se han detectado más de 21.000 infectados y más de 1.400 decesos por el COVID-19.

Existen algunas excepciones que permiten a las personas ir a trabajar y sigue vigente la circulación dentro del área metropolitana de autobuses y trenes del servicio de transporte público, aunque exige mantener al menos un metro de distancia.

No obstante, miles filipinos aprovecharon los dos días entre el anuncio de la medida y el cierre efectivo de la capital para salir de la ciudad, una fuga que ha servido como centro de las críticas a Duterte vertidas por la oposición política. EFE

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