'Muerte a los intelectuales': cuando Bucarest fue tomada por los mineros

Marcel Gascón

Bucarest, 12 jun (EFE).- El 14 de junio de 1990, menos de medio año después de que los rumanos derrocaran al dictador comunista Nicolae Ceausescu, Rumanía volvió a abrir los noticieros internacionales, esta vez por motivos menos esperanzadores.

Miles de mineros armados con palos y mangueras que utilizaban como látigos tomaban el control de Bucarest para sofocar el movimiento opositor al Gobierno autoritario del nuevo presidente, Ion Iliescu.

'Fueron utilizados por el poder como una guardia pretoriana', recuerda a Efe el antiguo director del diario Romania Libera, Petre Mihai Bacanu, una de las figuras clave del movimiento democrático que se enfrentó a Iliescu durante la convulsa transición de Rumanía del comunismo a la democracia.

Más de 10.000 mineros llegados a Bucarest de todo el país a acudían a la llamada para 'neutralizar', según el lenguaje del Gobierno, un movimiento opositor calificado por Iliescu como 'vandálico' y 'fascista'.

'En un discurso, que puede verse en YouTube, el propio Iliescu les dio la bienvenida y pidió a un grupo de mineros que 'reocuparan' la Plaza de la Universidad, donde la oposición se había manifestado durante semanas', recuerda a Efe Viorel Ene, que fue brutalmente apaleado entonces y dirige hoy una asociación de víctimas.

Según el discutido recuento oficial, seis personas murieron en episodios de represión ocurridos entre el 13 y 15 de junio, mientras que cientos resultaron heridos, algunos de gravedad, y miles decidieron emigrar tras el ocurrido.

EL CAMINO A LA 'MINERIADA'

Los hechos que desembocaron en la llamada 'mineriada' de junio de 1990 tienen su origen en el 22 de abril de aquel mismo año, cuando la incipiente sociedad civil rumana salió a la calle para protestar contra los planes de Iliescu de presentarse a las elecciones.

En el poder desde que una rebelión popular tumbara al régimen comunista en diciembre de 1989, Iliescu y su Frente de Salvación Nacional (FSN) habían roto su promesa inicial de limitarse a ejercer de órgano apolítico de transición y retirarse tras la convocatoria de los comicios.

Decenas de miles de personas empezaron a salir a las calles convirtiendo la Plaza de la Universidad del centro de Bucarest en una manifestación permanente por la libertad y la democracia y contra el 'neocomunismo' representado por Iliescu.

Militante histórico del Partido Comunista y antiguo 'aparatchik' del régimen de Ceaucescu, Iliescu era visto por los manifestantes como un factor de involución incompatible con la democracia.

Pero el líder del FSN contaba con gran apoyo popular en una sociedad temerosa de la democracia y economía de mercado. Y en las elecciones del 20 de mayo del mismo año, el FSN consiguió una aplastante victoria con el 86 % de los votos.

La derrota opositora apagó el fuego de las protestas, de la que quedaron unas pocas brasas en la Plaza de la Universidad.

TRES DÍAS DE SANGRE Y FUEGO

El esfuerzo definitivo del Gobierno por extinguirlas comenzó el 13 de junio, cuando las fuerzas de seguridad del Estado detuvieron, agredieron y dispararon a los pocos manifestantes que seguían acampados en la plaza o acudían a protestar.

Un día después, en la mañana del 14 de junio, miles de mineros procedentes en su mayoría de las minas de carbón del Valle del Jiu (Rumanía central), llegaron en trenes a Bucarest para aplastar los últimos conatos de disidencia.

Habían sido movilizados a través de sus líderes sindicales y de las terminales locales del FSN en que se habían reciclado las antiguas estructuras del todopoderoso Partido Comunista.

Los trabajadores venían espoleados también por las apelaciones a la 'solidaridad trabajadora' de un FSN en cuyos mítines se cantaba entonces: 'nosotros trabajamos, no pensamos'.

La misión encomendada a los mineros tenía como objetivo declarado salvar el país de los burgueses decadentes y reaccionarios a los que la narrativa oficialista acusaba de querer cerrar las minas y vender Rumanía al capitalismo extranjero.

''¡Muerte a los intelectuales!'', recuerda Viorel Ene que gritaban los mineros en las calles de la capital.

'Llevar gafas, pelo largo, barba o cualquier otro signo de apertura y civilización te convertía en una víctima segura', cuenta.

SORPRENDENTE PRECISIÓN

Los mineros actuaron con una precisión sorprendente a la hora de identificar sus objetivos, pese a que la mayoría de ellos nunca había estado antes en la ciudad.

Los trabajadores con linternas en sus cascos llegaron rápidamente a las sedes de los partidos y los periódicos de oposición y a las casas de los políticos y periodistas que los dirigían.

'Iban directos a las direcciones exactas, todo estaba organizado', asegura Bacanu, que entonces se encontraba de viaje y supo desde el extranjero que los mineros le buscaron en su casa y atacaron la redacción de su periódico.

PRIMERA GRAN OLA DE EMIGRACIÓN

La llamada 'mineriada de junio' -los mineros volverían a marchar por distintos motivos sobre Bucarest a lo largo de la década- fue un duro golpe para la Rumanía que quería progreso y una vida en libertad como en los países de Occidente.

'Fue la primera gran ola de emigración tras la revolución de 1989', explica Viorel Ene, al destacar la pérdida que supuso para el país la salida de miles de estudiantes, intelectuales y profesionales jóvenes decepcionados con el rumbo de la transición.

'Lo vendí todo y me fui a Suecia', cuenta a Efe un técnico de fotografía que entonces estudiaba Arquitectura y que fue apaleado dentro de su facultad de la Plaza de la Universidad.

'Me fui con la idea de no volver nunca; ese era el estado de espíritu', agrega este hombre que volvió a Rumanía hace años y pide el anonimato.

SIN SOLUCIÓN EN LOS TRIBUNALES

Treinta años después, el llamado 'caso de la mineriada de junio' sigue empantanado en los tribunales de Rumanía y ningún responsable ha pagado por lo que hizo.

'Está claro que se debe a órdenes políticas', asegura el técnico de fotografía que encontró refugio en Suecia.

Atribuye los retrasos a los factores de influencia del Partido Social Demócrata (PSD) en que se transformó el FSN de Iliescu.

'Es probable que esperen a que muera Iliescu para después decir que era culpable, pero ya no se puede hacer nada', concluye.

A sus 90 años, Iliescu sigue negando su responsabilidad en los hechos de hace 30 años, que serán conmemorados este sábado por las víctimas y la sociedad civil en la cruz que honra a los muertos en la Plaza de la Universidad de la capital rumana. EFE

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