Policía chilena desvincula a dos oficiales por caso de mujer que quedó ciega
Santiago de Chile, 14 ago (EFE).- El cuerpo policial de Carabineros de Chile informó este viernes que desvinculó a dos oficiales subalternos en el marco de una investigación interna relativa a los acontecimientos que durante las protestas sociales de finales de 2019 dejaron ciega a una mujer.
En concreto, se trata de dos capitanes del estamento, a uno de los cuales se le atribuye 'no haber realizado indagaciones para verificar el estado de salud y prestar auxilio' a la víctima y 'omitir el procedimiento legal correspondiente'.
Respecto al otro involucrado, 'se acreditó que, pese a que tomó conocimiento de que existía una lesionada, no desplegó iniciativa alguna, además de declarar hechos contradictorios sobre lo ocurrido'.
'El auxilio oportuno a una víctima, sea cual sea la circunstancia en que resulte herida, es una obligación para todo carabinero cuando las condiciones lo permiten. El incumplimiento de este principio resulta inaceptable y es causal de expulsión de la institución', reza el comunicado del cuerpo policial.
Carabineros dijo además que toman esta 'decisión administrativa' sin perjuicio de la investigación penal iniciada por el Ministerio Público sobre el caso.
La víctima, Fabiola Campillai, de 36 años, recibió el impacto de la bomba de gas lacrimógeno a finales de noviembre de 2019 cuando esperaba el autobús para dirigirse al turno de noche de su trabajo, en Santiago de Chile, de acuerdo a lo denunciado por su hermana en aquel momento.
Campillai perdió de inmediato el ojo izquierdo y fue intervenida quirúrgicamente para intentar salvar la visión del derecho, lo que no fue posible.
Según los médicos que la atendieron, la bomba lacrimógena le astilló huesos del frontal, nariz y órbita.
Su caso, junto el del joven Gustavo Gatica, es de los más significados de entre los cientos de heridos oculares que produjeron las protestas sociales, en su mayoría, presuntamente, debido a los disparos de perdigones que efectuaban los agentes de policía para contener las manifestaciones.
El pasado 18 de octubre estalló en Chile la ola de protestas más graves desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), que se mantienen suspendidas por la pandemia y que dejaron una treintena de heridos y miles de heridos, además de episodios de violencia extrema con saqueos, incendios y destrucción de mobiliario público.
Las imágenes de jóvenes con los ojos sangrando tras recibir disparos de perdigones y bombas lacrimógenas en el rostro dieron la vuelta al mundo y provocaron críticas de organismos internacionales como ONU o Human Rights Watch (HRW), que acusaron a las fuerzas de seguridad de graves violaciones a los derechos humanos.
Según el independiente Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), 460 personas resultaron con lesiones oculares, de las cuales dos se quedaron ciegas y 35 sufrieron pérdida total de uno de los ojos. EFE
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