Rumanía elige presidente entre la convulsión y la expectativa de estabilidad
Marcel Gascón
Bucarest, 8 nov (EFE).- Pese a que el jefe del Estado tiene en Rumanía más atribuciones protocolarias que poder real, las elecciones presidenciales que comienzan este domingo pueden marcar el futuro político de un país que desde 2017 se ha alejado de la UE, al menos en lo referido a la lucha contra la endémica corrupción.
Rumanía llega a la primera vuelta de las elecciones cuando apenas queda un año de legislatura, tras tres de permanente convulsión, masivas protestas populares, unas elecciones europeas que dieron la vuelta al reparto de poder, la reciente caída de un gobierno socialdemócrata y la llegada de uno liberal-conservador.
El actual jefe del Estado, el conservador Klaus Iohannis, se presenta a la reelección como gran favorito y una expectativa de voto de hasta el 45 %, aunque por debajo del 50 % que evitaría una segunda vuelta en dos semanas.
CHOQUES CON SOCIALDEMÓCRATAS
Valorado muy positivamente por Bruselas, por la mayoría de socios europeos de Rumanía y por Estados Unidos, su primer mandato ha estado marcado por el enfrentamiento con el gobierno socialdemócrata que salió de las elecciones generales de diciembre de 2016.
El plan de Iohannis para Rumanía se resume en su lema de campaña: 'Por una Rumanía normal', un país en el que el mérito y no las conexiones políticas y familiares sean criterios de contratación en el sector público, y en el que se respete el Estado de Derecho y vuelva a combatirse la corrupción.
Para el presidente, esta normalidad contrasta con la forma de hacer política impuesta por el gobierno del Partido Social Demócrata (PSD) hasta su caída en una moción de censura el pasado octubre.
Desde que arrancó la legislatura a principios de 2017, el Gobierno ha impulsado polémicas reformas que desde la Unión Europea (UE) fueron criticadas como una vuelta atrás en la lucha contra la corrupción y un ataque a la independencia de la Justicia.
Reformas que en las calles fueron contestadas con las mayores manifestaciones desde la caída de la dictadura en 1989 y en los despachos con la frontal oposición de Iohannis.
NUEVO GOBIERNO
El presidente pide el voto para dejar atrás el lastre que, a su juicio, supone el PSD para la historia reciente de Rumanía, y avanzar hacia la modernización del país y su homologación al resto de la Unión Europea.
Para esa misión el jefe del Estado tiene a su favor la investidura este lunes del gobierno en minoría del Partido Nacional Liberal (PNL), al que él mismo perteneció, liderado por su aliado y nuevo primer ministro Ludovic Orban.
Orban fue designado primer ministro por Iohannis tras caer en moción de censura el gobierno del PSD de la anterior primera ministra, Viorica Dancila.
El apoyo cosechado por Orban en un Parlamento dividido, donde el PSD sigue siendo el partido mayoritario, fue una importante victoria política para Iohannis y el PNL.
'Es un golpe de imagen para el presidente', explica a Efe el analista Mihai Isac.
Si Iohannis revalida el cargo, Presidencia y Gobierno estarían en sintonía y terminaría la guerra abierta que el jefe del Estado y el Ejecutivo han protagonizado desde 2017.
'Aunque el gobierno de Orban tendrá un mandato de máximo un año, si Klaus Iohannis gana, utilizará este período para apoyar al PNL en su esfuerzo de ganar las parlamentarias de 2020 para formar gobierno después', explica Isac.
El PNL, que en las legislativas de 2016 tuvo el 19,9 %, ganó las europeas del pasado mayo con el 28 %, mientras que el PSD se desplomó desde el 45 al 25 %.
LOS RIVALES DE IOHANNIS
Tras el actual presidente, las encuestas sitúan, con un máximo del 23 % de los votos, a Viorica Dancila, que espera hacer valer el peso de su partido para disputarle el triunfo a Iohannis en la segunda vuelta.
Dancila pide el voto apelando a las subidas de salarios y pensiones aprobadas por su gobierno y al crecimiento económico que el país ha experimentado durante su mandato.
En contra tiene la caída de su gabinete, la mala imagen entre muchos rumanos, las acusaciones de haber vaciado las arcas públicas para subir sueldos y pensiones y el haber mancillado el nombre de Rumanía en Europa con reformas judiciales muy criticadas por Bruselas.
Menos opciones, hasta el 18 % de los votos, dan los sondeos a Dan Barna, que concurre por la alianza USR PLUS, integrada en el Parlamento Europeo en el grupo Renew Europe, al que pertenece también La République En Marche!, del presidente francés, Emmanuel Macron, o el español Ciudadanos.
Esta joven formación, con raíces en el activismo cívico, es especialmente popular entre los jóvenes educados de las ciudades, y ha estado al lado de Iohannis en su enfrentamiento con el gobierno socialdemócrata.
El discurso de Barna es similar al de Iohannis, pero pone más énfasis en el cambio generacional. Barna ha sido criticado por ser incapaz de conectar con la Rumanía más popular.
Según Isac, una segunda vuelta con Barna es el escenario que menos conviene a Iohannis, ya que se le podría sumar el electorado del PSD, 'que vota tradicionalmente contra los candidatos de la derecha'.
Además, continúa el experto, Barna podría quitarle votos con su imagen más juvenil y alejada de una vieja guardia política a la que, por edad y trayectoria, está más vinculado el actual presidente.
UN ACTOR COMO CUARTO EN DISCORDIA
El cuarto aspirante, de los 14 que hay, con opciones mínimas de pasar a la segunda vuelta es el carismático Mircea Diaconu, que protagonizó clásicos del cine rumano como Filantrópica (2002) y presenta su falta de filiación política como una garantía de independencia.
Con un discurso patriótico y conciliador, trufado de referencias a los valores tradicionales y al campesinado rumano, Diaconu apuesta por dignificar las instituciones.
Una de sus propuestas estrella es prohibir por completo durante diez años la tala de árboles para salvar los bosques rumanos. EFE
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