Túnez guarda silencio en el pulso con Dinamarca por los migrantes del Maersk

Túnez, 11 sep (EFE).- Las autoridades tunecinas guardan silencio sobre la posibilidad de acoger en su territorio a los 27 migrantes rescatados el 4 de agosto en aguas del Mediterráneo por el buque danés Maersk Etienne, al que ningún estado europeo ha dado aún permiso para desembarcarlos pese a que los víveres se agotan y la situación en el barco se deteriora día a día.

El lunes, el ministro de Inmigración interino danés, Kaare Dybvad Bek, reveló que está en conversaciones con Túnez y varios países de la UE para buscar una solución al barco, de 186 metros de eslora, que se mantiene varado en aguas internacionales a unos 27 kilómetros de la isla de Malta.

Tanto el Gobierno de La Veleta como el de Copenhague consideran que la responsabilidad corresponde al país norteafricano porque entienden que el rescate de la embarcación precaria, en la que viajaban una mujer embarazada y un menor, se produjo en aguas internacionales.

Una fuente próxima al nuevo Ejecutivo tunecino explicó a Efe, a condición de que no se revelara su identidad al no estar autorizada, que Túnez cree que la solución no le compete ya que los migrantes salieron desde las playas de la ciudad occidental libia de Zawara, fueron recogidos por un buque danés y el salvamento se produjo cerca de la costa de Malta.

'La evaluación del gobierno danés es que Túnez debe asumir la responsabilidad de recibir a las 27 personas... esta es una evaluación jurídica general que, entre otras cosas, se basa en el hecho de que el destino planificado del barco era Túnez y que los migrantes fueron rescatados cerca de Túnez', dijo esta semana un portavoz de inmigración danés al diario 'Times of Malta'.

Pese a los requerimientos, el nuevo gobierno tunecino ha eludido hasta la fecha pronunciarse oficialmente al respecto de la situación del Maersk Ettienne y las negociaciones con Dinamarca y Malta.

SE ACABAN LOS VÍVERES

En medio del pulso político, la naviera propietaria del carguero ha advertido que tras casi 40 días a bordo, los víveres para la tripulación y para los migrantes comienzan a escasear, así como los recursos médicos para atender a las personas recogidas.

Mientras que el portavoz de la organización humanitaria Human Rights Watch (HRW), Kenneth Roth, se preguntó esta semana en un largo artículo si 'el hecho de que un mes después, la UE todavía no haya permitido que [las 27 personas] desembarquen sugiere vergonzosamente que preferiría que los barcos comerciales dejaran que los migrantes se ahogaran en el mar'.

'Las demoras parecen ser también parte de una estrategia más amplia para inmovilizar los barcos de rescate y señalar a los transportistas comerciales que pagarán un alto precio si cumplen con su deber de rescatar a las personas en peligro en el mar', agregó Roth, quien recordó que la ruta central del Mediterráneo es la más mortífera del mundo y que Libia no es un puerto seguro.

'El hecho de que los países de la UE no encuentren una manera de compartir la responsabilidad con las personas que buscan seguridad y oportunidades en Europa es la raíz de las políticas que permiten que las personas se ahoguen en el mar y que retrasan la llegada a tierra de las personas rescatadas', subrayó.

'Los gobiernos de la UE saben que es ilegal devolver a personas a los centros de detención de pesadilla en Libia, donde corren peligro de tortura, violación y otros abusos. Pero eso no ha impedido que la UE pague a la Guardia Costera libia para que haga el trabajo sucio. Las fuerzas libias interceptaron a más de 7.000 mujeres, hombres y niños en los primeros ocho meses de 2020', concluyó. EFE

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