Una ola de 'arrestos étnicos' sacude Adís Abeba por la guerra de Tigray
Desalegn Sisay
Adís Abeba, 15 nov (EFE).- Hace algo más de una semana, una voz temblorosa al otro lado del teléfono alarmó a Webit, una residente de Adís Abeba: la Policía etíope había entrado en la casa de su vecina y la había detenido sin dar explicaciones.
'Mi vecina parecía aterrorizada. Estaba llorando y al principio no pude entender qué decía. Entre gemidos, me contó que la Policía estaba llevándosela y me pidió que cuidase de sus hijos', dice a Efe Webit (quien oculta su segundo nombre por motivos de seguridad).
'Entonces, de repente, la comunicación se cortó', añade.
No era la primera vez que la Policía irrumpía en esa casa. El arresto se produjo dos días después de que las Fuerzas de Seguridad también detuviesen al marido de su vecina.
'Sus hijos tienen menos de diez años. Para mí, cuidar de ellos no es complicado. Lo más difícil es ocultarles la verdad: no sé cómo explicarles qué ha pasado a sus padres. Simplemente sigo diciéndoles que ellos volverán pronto', explica Webit.
Ciudadanos de la capital etíope y organizaciones pro derechos humanos como Amnistía Internacional (AI) denuncian una oleada de detenciones arbitrarias por parte de las fuerzas de seguridad dirigidas contra un grupo étnico procedente de la región norteña de Tigray, en guerra con el Gobierno central desde hace más de un año.
Los arrestos se producen en medio de un escenario volátil en Etiopía, con los rebeldes del Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT), partido que gobernaba la región antes del inicio de la contienda, y otros grupos armados anunciando su intención de marchar sobre Adís Abeba, que también es la sede de la Unión Africana (UA).
El 2 de noviembre, poco después de que los rebeldes tomasen varias ciudades a menos de 400 kilómetros de la capital, el Gobierno federal declaró el estado de emergencia, una medida que permite a las Fuerzas de Seguridad arrestar, sin órdenes judiciales, a cualquier persona sospechosa de colaborar con grupos terroristas.
Aelamawit Amanueal, nacida en Tigray y criada en Adís Abeba, no lo duda: 'Las Fuerzas de Seguridad tienen en su punto de mira a los trigiños y esto no es ningún secreto', comenta a Efe.
Hace más de una semana, la Policía también arrestó al padre de Aelamawit, que tiene más de 70 años, así como a dos de sus tíos.
Otra residente tigriña en la capital, Hewan (también oculta su segundo nombre por seguridad), de 34 años, relata que su marido y su hermano fueron detenidos en el este y el centro de la ciudad.
'No pude encontrarlo (a su marido) en ninguna comisaría de policía durante tres días', alega Hewan.
'CAMPOS DE CONCENTRACIÓN'
En vez de mandar a estos detenidos a cárceles, el Gobierno ha confinado a más de 8.000 tigriños en 'campos de concentración' sin acceso a abogados ni a un juicio justo, asegura a Efe una fuente de la Comisión de Derechos Humanos de Etiopía (EHRC).
'Después de visitar esos campamentos, creemos que las Fuerzas de Seguridad están arrestando a civiles simplemente por ser tigriños, aunque el Gobierno no quiere admitir esto', explica esa fuente.
En un comunicado emitido el 7 de noviembre, la EHCR -organismo que opera de manera autónoma pero es designado por el Parlamento etíope-ya expresó su preocupación por una presunta oleada de detenciones en Adís Abeba por motivos étnicos.
Las voces de alarma llegaron también a organizaciones internacionales como la Unión Africana y a la Asesora Especial del Secretario General de la ONU para la Prevención de Genocidios, Alice Wairimu Nderitu, que condenaron una presunta polarización del conflicto etíope basada en líneas étnicas.
Sin embargo, el Gobierno etíope niega estas acusaciones.
'El estado de emergencia no está dirigido a un único grupo étnico. Asimismo, cualquier violación de los derechos humanos será estudiada por una junta de investigación', dice a Efe uno de los portavoces del Gobierno etíope, Legasse Tulu.
En este sentido, el portavoz de la Policía de Adís Abeba, Fasika Fanta, asegura a Efe que los agentes arrestan a 'personas pagadas y entrenadas por el FPLT para llevar a cabo misiones terroristas en esta ciudad'.
'Estamos trabajando para evitar que los rebeldes del FPLT ataquen Adís Abeba ocultos bajo la apariencia de civiles', insiste FasiKa.
La guerra de Tigray estalló el 4 de noviembre de 2020, cuando el Gobierno federal ordenó una ofensiva contra el FPLT en represalia por un ataque contra una base militar federal y después de una escalada de tensiones políticas.
Desde entonces, miles de personas han muerto, unos dos millones se han visto desplazadas internamente en Tigray y al menos 75.000 etíopes han huido al vecino Sudán, según datos oficiales. EFE
ya/pm/pa/rml
(Recursos de archivo en www.lafototeca.com cód: 12944795, 13880662)
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