Una prueba de fuego para el 'islam político moderno' que promueve Ennahda
Javier Martín
Túnez, 5 oct (EFE).- Situada en la costa norte de Túnez, a apenas una veintena de kilómetros del corazón de la capital, la localidad de Raoued es un territorio indefinido, ni rural, ni turístico, ni capitalino, inclinado a la pobreza pese a que sus playas y sus campos son una fuente de riqueza.
A media mañana de un día de diario cualquiera, el mercado instalado en una de sus rotondas bulle: vendedores ambulantes de verduras, viejos buhoneros y comerciantes de ropa usada ofrecen sus productos en la rotonda principal a mujeres atareadas y jóvenes desocupados, en medio del habitual barullo de vehículos y viandantes.
Desde hace apenas un mes, a esta barahúnda se han unido como extraños compañeros grupos de hombres y mujeres jóvenes con camisetas y gorras de diversos colores armados con folletos electorales que reparten con una sonrisa al tiempo que invitan a los que parecen interesados a acercarse a la mesa del partido.
Proclive, como la mayoría de las urbes menos favorecidas de Túnez, a la dialéctica puritana del partido islamista conservador Ennahda -durante décadas el principal grupo de la oposición tunecina-, Raoued es hoy también una ciudad indefinida y atomizada en lo político, con un amplio número de habitantes que confiesan no tener decidido su voto.
'En mi familia siempre hemos votado a Ennahda. Pero ahora no sé que hacer. Han apoyado al gobierno de (Yusef) Chahed pese a que ha robado como el resto. No es ético', asegura Omar Zaituni, dueño de un restaurante de comida popular.
'Quizá es el momento de dar paso a otros. Yo no veo que hayamos cambiado mucho en estos años', agrega el pequeño empresario, quien admite que en las presidenciales optó por el multimillonario encarcelado Nabil Karoui en vez del presidente del Parlamento y uno de los fundadores de Ennahda, Abdel Fatah Mouro.
Algunos metros más allá, sentado en uno de los cafés que flanquean la calle principal, Salah -que se identifica únicamente como 'un funcionario público'- asegura que el partido liderado por Rachid Ghannouchi, uno de los padres del llamado 'nuevo islam político', ha perdido su esencia.
'Yo voté al doctor Kaïes Said', asegura en alusión al jurista independiente, bregado en los plató de televisión, que dio la sorpresa al ganar el pasado 15 de septiembre la primera vuelta de las elecciones legislativas. 'El sí es un hombre honesto y que ama su país y respeta la religión y las tradiciones. Ennahda antes se preocupaba del islam, ahora se preocupan solamente de la política', critica con determinación.
El partido islamista ha perdido apoyo de forma paulatina desde los primeros comicios celebrados tras la caída de la dictadura, y en particular desde las legislativas de 2014, las primeras tras la reforma de la Constitución, en la que entró ne el Parlamento como segunda fuerza tras la plataforma del presidente, Beji Caïd Essebsi, fallecido el pasado julio cinco meses antes de expirar su mandato.
En 2018, ganó las elecciones municipales, pero por un estrecho margen frente a los candidatos independentistas, perdiendo muchos votos en sus bastiones tradicionales.
Los expertos coinciden que el punto de inflexión fue el multitudinario congreso celebrado en mayo de 2015, en el que Ghannouchi y Mouro decidieron separar la acción política de la predicación religiosa, en una maniobra pionera que pretendía modernizar la formación y acercarla a las estructuras de los partidos conservadores europeos, en particular a una interpretación islámica de la democracia cristiana.
'Fue un giro valiente. Por una parte, corría el riesgo de perder a sus votantes más religiosos, más beligerantes, que ven en el giro una especie de traición a los principios, y por otra el de no lograr atraer a las clases medias y a los votantes laicos. El fracaso del Gobierno de Chahed, al que han apoyado, les ha hecho daño', explica un analista diplomático europeo.
'Mantienen la capacidad de movilización y la solidez de sus estructuras, sobre todo en las áreas rurales, pero han aparecido nuevos rivales, como Karoui, que pescan en los mismos caladeros, en las zonas más desfavorecidas, con un lenguaje más directo y populista, y el poder de la televisión, y eso ha supuesto un problema añadido', agrega.
Es precisamente la capacidad de movilización, pero también la decisión que tomen los votantes de Kaïes Said, huérfanos de partido, los que influyan en el resultado de la formación islamista, para la que las encuestas privadas prevén un descenso de un tercio en el número de escaños.
Ennahda ha expresado ya públicamente su respaldo al jurista frente a Karoui en la segunda vuelta de las presidenciales y confía en que esta maniobra, sumada a la presencia de a su líder histórico como cabeza de lista en la circunscripción de Túnez, sirva para detener la sangría.
Ya octogenario, Ghannouchi se ha puesto el traje de faena y ha bajado a calles como las de Raoued para buscar el voto, en particular de los jóvenes que le ven como una figura del ayer.
El resultado no solo definirá el camino futuro de Ennahda, también probablemente el del norte de África y Oriente Medio, donde la tendencia en la actualidad es el regreso a los autoritarismos.
Una victoria de Ennahda, sumada a una probable elección del Kaïes Said frente al populismo de Karoui, introduciría un nuevo modelo social, democrático en la forma y ultraconservador en el fondo, en paralelo al auge de la derecha y sus extremismos en otros rincones del planeta. EFE