La Guerra de la Restauración y la Independencia Nacional

Cuando la bandera de Duarte fue desplegada en el cerro de Capotillo, todo el pueblo se lanzó a la lucha por esos ideales.

La Guerra de la Restauración de la Independencia fue uno de los más importantes acontecimientos de la historia del país. Fue todo un pueblo que hizo suya esa lucha por sus derechos conculcados, por su tierra, su familia, sus propiedades, sus costumbres, por su Patria toda. Por eso cuando la bandera de Duarte fue desplegada en el cerro de Capotillo todo el país se lanzó a la lucha por esos ideales de Patria libre que ya habían saboreado durante diecisiete años la Independencia. Los ideales que Duarte y los trinitarios habían sembrado, habían germinado profusamente en el alma de cada dominicano y estos eran ya invencibles.

El pueblo se convenció de la realidad de los hechos, pues las acciones y argumentos de los traidores, además de negativos y sucios no tenían ninguna justificación, pues todo el bello panorama de supuestas ventajas económicas, sociales, organizativas etc., que ellos pregonaban con la anexión a España eran puro espejismo. Ninguno se materializó, sino todo lo contrario, el dominicano recibió discriminación y maltrato en todas las actividades y a todos los niveles y hasta los mismos traidores fueron desplazados para favorecer a los personeros de los invasores.

Esa es una lección que deben aprender todos los pueblos, y no olvidarla nunca, pues las fuerzas invasoras siempre buscan sus ventajas e intereses.

Ahora bien, todas esas jornadas gloriosas no opacan para nada la epopeya de la Independencia y los esfuerzos para mantenerla. Todos sabemos el trabajo de concienciación y organización metódica y genial de Duarte y sus trinitarios, para lograr al fin el glorioso 27 de febrero y el rápido respaldo de todos los pueblos, lo cual hizo posible la exitosa defensa de nuestras libertades.

Si bien la proclamación de la República fue incruenta, no es menos cierto que fue imprescindible el triunfo de nuestras armas a costa de la sangre del pueblo en Azua el 19 de marzo de 1844, frenando la poderosa invasión haitiana, obra que fue completada con la aplastante victoria de Santiago el 30 de marzo y mas luego un rosario de triunfos sobre las tercas y constantes invasiones que inventaban todos los gobernantes del vecino país, devastando nuestros campos y ciudades durante doce largos años, hasta la victoria definitiva de nuestra Nación en el 1856.

Pero además, Juan Pablo Duarte tuvo que enfrentar las conspiraciones anexionistas de Bobadilla, Santana y su camarilla impidiendo la anexión a Francia y la perdida de por vida de la importante Península y Bahía de Samaná.

Esta Patria todavía necesita dedicación, derrotando ahora la delincuencia, la corrupción y las drogas.

Los hechos y la historia son claros, ambas gestas heroicas se complementan pues, sin la gesta de la Independencia no era posible la restauración de la Independencia. Ambas fueron necesarias para tener esta Patria que todavía necesita nuestra dedicación para una mejor educación y formación de nuestro país, derrotando ahora la delincuencia, corrupción y drogas y preservando todo nuestros valores, cultura y tradiciones, anulando los esfuerzos negativos y peligrosos de los que nunca han creído ni querido a este hermoso y mayoritariamente bueno pueblo dominicano.