Montecristi y su enigmático Morro

¿Cuál sería el rol del Morro en los proyectos turísticos?
Las cadenas españolas plantaron sus reales en grandes hoteles de playa cerca de Puerto Plata, pero no se han abocado a hacer lo mismo en las magníficas playas de Montecristi.

Cuando Cristóbal Colón lo vio se lo encontró muy parecido al Monte Calvario, y por eso le puso "Monte de Cristo". Pero nunca se imaginó que ese imponente promontorio de naturaleza inerte podría, según cualquier jocoso, estar marcando la suerte de lo que hoy se llaman provincia y ciudad de Montecristi. Puesto que en ellas no se ha logrado un desarrollo turístico importante a pesar de sus grandes atractivos, el Morro mismo estaría detrás de tan inefable situación.

Con Valverde, Santiago Rodríguez y Dajabón, Montecristi es una de las cuatro provincias que conforman el noroeste del país. Por su excepcional dotación de recursos naturales, la provincia fue declarada zona turística por una ley de 1984, pero ya decretos anteriores habían establecido un parque nacional en El Morro y sus áreas aledañas. Un decreto del 1993 declara el quinto polo turístico ampliado a las cuatro provincias del noroeste, pero desde entonces el desarrollo turístico ha sido escaso. ¿Por qué no ha despegado el turismo en Montecristi, a pesar de que en el 2010 la USAID le hizo su "plan estratégico de desarrollo turístico"?

En la provincia existen playas y numerosos otros recursos naturales de destacado atractivo, además de una hospitalaria actitud de los habitantes. De hecho esos atractivos son un magneto para un pequeño flujo de visitantes, tanto nacionales como extranjeros, que van a a ver los Cayos Siete Hermanos y sus bubíes o las cercanas playas de Punta Rusia y La Ensenada. Hay también un aeródromo en la ciudad que acoge aviones pequeños y dos hoteles pequeños de excelente calidad. Las cadenas españolas plantaron sus reales en grandes hoteles de playa cerca de Puerto Plata, pero no se han abocado a hacer lo mismo en las magníficas playas de Montecristi. ¿Sería que El Morro les metió miedo?

Lo que sí ha logrado despertar Montecristi son grandiosos sueños. En 1968 Ángel Miolán concibió un ambicioso proyecto turístico ("Ciudad Turística Bahía de Manzanillo") para aprovechar las mansas bahías y los enormes manglares de la zona con una oferta hotelera e inmobiliaria. (Para Manzanillo se han concebido un megapuerto y una ciclopea zona franca ligada a Dubai que no han materializado.) A inversionistas israelíes se atribuye un más reciente proyecto turístico ("Columbus Bay"), mientras se rumora que también unos belgas quieren hacer en Playa Popa algo similar. ¿Por qué no cuajan los proyectos?

Una versión local da cuenta de que "la lucha de intereses manejada por los sectores de poder es la mayor retranca que mantiene anquilosado el desarrollo". Pero eso habría que descartarlo porque cuando existe un mercado vigoroso los intereses particulares buscan la forma de dirimir sus conflictos y acomodarse para poder explotarlo. ¿Será que El Morro interfiere? Ahora hay en pie un proyecto copatrocinado por el Grupo Vicini (el cual compró el Hostal San Fernando) y un prominente médico de Santiago, aunque sus detalles son todavía inéditos. Se rumora que será un "airpark" similar a los muchos de ese tipo que existen en la Florida (https://www.floridaairporthomes.com/) y en otros lugares. Sería un proyecto de bienes raíces que usaría el aeródromo y las playas y canales navegables aledaños al Morro para atraer clientes que quieran parquear sus pequeños aviones en el garaje de una segunda casa, algo bastante innovador para fines del producto turístico dominicano. ¿Podría El Morro hacer que el proyecto colapse?

Parecería que Montecristi tiene un futuro turístico promisorio. A la dotación de recursos se le agrega su cercanía con Haití. Si ahora mismo hay autobuses que llevan turistas de Puerto Plata a La Citadelle, el flujo de extranjeros visitantes será mucho mayor cuando el Gobierno construya la carretera que está supuesta a unir a Puerto Plata con Montecristi. Eso crearía un "corredor norte" entre los dos países que sería un poderoso propulsor del desarrollo turístico.

¿Y cuál sería el rol del Morro? Obviamente es una vista que llama mucho la atención y, sin duda, un complemento paisajístico de primer orden. Pero aún con su extraña forma de impertérrito trapezoide y su rebelde independencia de la Cordillera Septentrional, este soberbio monigote no tiene suficiente poder de atracción como para, por só solo, generar visitas de extranjeros a contemplarlo. Lo que es lo mismo: no será por él que los proyectos turísticos se materialicen, aunque podría ser por él que no lo hagan.

Habrá algunos que señalen la falta de un aeropuerto de amplia capacidad como el factor principal de la parálisis actual. El hecho de que los inversionisas españoles establecieran sus gigantes hoteles en las cercanías de Puerto Plata sugiere que su aeropuerto actuó de magneto. Un gran hotel en Montecristi, en cambio, tendría que esperar sus huéspedes en el aeropuerto de Puerto Plata y trasladarlos en un viaje de casi dos horas, un tiempo inaceptable para esos fines. ¿Interferiría el Morro con la ampliación del aeródromo actual?

Si un gran aeropuerto no fuera el ingrediente clave para detonar el desarrollo turístico, entonces la explicación del subdesarrollo habría que buscarla en otros factores. El "chivo liniero" no podría ser culpable, en vista de que sus platos representan un gran atractivo culinario. Tampoco podría culparse al cambrón, un árbol de escasa belleza y rebosante de espinas en su piel, porque ese árbol no abruma las playas. Y no sería los más de 30 naufragios de barcos coloniales del área que la Universidad de Indiana y el Clúster Turístico quieren convertir en atractivos submarinos.

Habrá que ver entonces si es que el espíritu de Juan Bolaños, el fundador del pueblo, no gusta de fragancias extranjeras y urde tramas invisibles para alejarlas. Pero el mismo Bolaños era turista cuando por primera vez contempló el "prodigio oculto de la naturaleza" que era y hoy es la comarca. A él habría que asumirle una actitud más bien favorable y pensar que está, mientras disfruta la paz de su tumba fría, interesado en el desarrollo de su pueblo.

Entonces el jocoso tiene derecho a pensar que en El Morro está la respuesta a la interrogante de por qué Montecristi no ha despegado turísticamente. Ese monumento a la inercia provoca enorme curiosidad y cualquier bípido implume querrá oradarlo para ver qué contiene su interior. Tal vez la manera de tornarlo favorable al desarrollo turístico sea excavando una enorme cavidad en su interior, similar a la del Valle de los Caídos en Españaa o la Catedral de Sal de Zapaquirá en Colombia, para convertirla en el Gran Palacio de la Bachata. Así de seguro que atraería mucho más turistas.

¿Por qué no ha despegado el turismo en Montecristi, a pesar de que en el 2010 la USAID le hizo su "plan estratégico de desarrollo turístico?