Mujeres ex combatientes en abril de 1965 reclaman su espacio en la historia
NUEVA YORK._ Varias mujeres dominicanas que combatieron en la revolución del 24 de abril de 1965, incluso, una de ellas, líder de un comando integrado por 40 hombres, reclamaron su espacio en la historia y dijeron que se sienten discriminadas cuando se publican reseñas sobre la gesta patriótica que buscó restaurar el depuesto gobierno del profesor Juan Bosch y enfrentó la intervención militar estadounidense del 28 de abril del mismo año.
Brígida García, Obdulia Guzmán y Argentina Macario, narraron sus experiencias y participación en la revuelta armada que enfrentó a dos bandos civiles y militares de la República Dominicana en el foro "Abril en el corazón del pueblo", organizado anoche en Culturarte por la Fundación Caamaño.
"Pero no sólo fuimos nosotras, las mujeres de hogares, familia y hasta niñas, las que aportamos combates, servicios y sacrificios a favor de la patria, las más olvidadas son aquellas que procedentes de barrios marginados, de las masas populares como prostitutas, lesbianas y hasta mayores de edad, se fajaron al igual que todas en los comandos y a suministrar alimentos, agua y transportar armas de un lugar a otro", relató Macario en su exposición.
Dijeron que ignoran el porqué los llamados historiadores criollos y escritores, cuando reseñan esa parte de la historia, obvian la participación estelar de ellas en la guerra de abril.
Citaron que los homosexuales, algunos haitianos y otros extranjeros, se unieron también al pueblo en la defensa de la constitución de 1963 y de la patria.
Guzmán dijo que siendo una niña de cinco años, estaba parada frente a la emisora Radio Comercial a la una de la tarde del sábado 24 de abril de 1965, cuando vio que de la estación salían el fallecido líder del PRD doctor José Francisco Peña Gómez y otros dirigentes, los que lucían perturbados.
Les preguntó qué pasaba, pero no recibió respuesta.
Minutos después, estalló la revuelta. Narró que se trasladó del Ensanche (barrio) La Fe donde está la emisora a otro lugar de la capita y todo se iba convirtiendo en un caos en cuestión de minutos.
"Es un orgullo estar aquí, después de 42 años de esa guerra que nos elevó a todos el espíritu patriótico". Guzmán hizo una tediosa travesía a través de varios puntos de chequeo militar, hasta que llegó a enrolarse en el movimiento revolucionario, llegando desde Santo Domingo a San Francisco de Macorís, donde se planeaba un abortado asalto a la fortaleza del ejército nacional.
Fue enviada nuevamente a la capital con la misión de entregarle una comunicación escrita a Homero Hernández, uno de los comandantes constitucionalistas, pero el vehículo en el que era transportada fue interceptado.
Se salvó del arresto, porque un "contra revolucionario" que se prestó a acompañar al grupo, habló con los militares, uno de cuyos jefes lo conocía.
A su regreso a Santo Domingo, fue abordada nuevamente por militares en la avenida Máximo Gómez. La carta para el comandante la había guardado en el seno. La acusaron de "comunista", pero al verse acorralada, se tiró al suelo simulando un fuerte dolor de vientre.
Un comerciante que presenciaba la escena salió en su defensa y logró que los guardias, la dejaran entrar al sanitario del establecimiento.
"Allí, lo pensé dos veces, porque si me agarraban con la carta, me fusilaban ahí mismo, lo que hice fue que saqué el papel de los senos, lo rompí en muchos pedacitos, lo tiré al inodoro, pero como el orifico era muy pequeño, el agua no se lo llevó", narró Obdulia.
"Mi vide dependía de los próximos segundos, lo que me hizo pensar más rápido que de costumbre. Entonces, recogí nuevamente los pedacitos de la carta y me los tragué", agregó la señora Guzmán.
Cuando salió fue arrestada, llevada a una celda sucia, oscura y solitaria desde donde la trasladaron al Palacio de la Policía Nacional en la parte baja de la ciudad.
Cuando la conducían en un jeep militar a otra parte, el vehículo fue impactado por detrás y ella sufrió heridas de consideración. Internada en un hospital donde permaneció por 10 días, salió y se reintegró a los combates de nuevo en las calles.
Recordó con tristeza, el asesinato del doctor Frank Vázquez, quien fue ejecutado enarbolando la bandera dominicana.
MACARIO
Por su parte, la señora Macario, definió la revuelta de 1965, como uno de los acontecimientos más importantes del Siglo XX en la República Dominicana.
"Siendo una adolescente todavía, me enrolé en el Movimiento Popular Dominicano (MPD), porque comencé a acercarme a las ideas socialistas", relató la ex combatiente.
"La mayoría de las mujeres que lucharon al lado de los hombres en la revolución, no eran políticas, sino patriotas", enfatizó Macario. "Las mujeres tenemos el valor de hacer muchas cosas", dijo y recordó que vio cuando fragmentos de una granada impactaron el cuerpecito de una niña y ella corrió rauda al lado de la muchachita herida, tratando de salvarle la vida.
Macario participó estuvo envuelta en la planificación del asalto revolucionario a un comando oficial que tenía su base en el hotel Matum de la norteña ciudad de Santiago de los Caballeros.
"Las mujeres de la revolución, hemos sido mancilladas, el pueblo debe saber que las que lucharon por patriotismo, han querido ser olvidadas por los cronistas, muchas fuimos hacia la revolución, otras, tuvieron que esperar que la revolución fuera hacia sus casas", expresó.
"En mi caso, como militante de izquierda, nunca permití que me pusieran a cocinar, quería combatir", relató. Una de sus primeras misiones fue organizar un comando revolucionario en su propia casa con un grupo de soldados que buscaban ponerse al lado del pueblo.
"El Sargento Lantigua, comandaba aquel grupo al que algunos querían linchar, creyendo que se trataba de enemigos de la revolución, pero cuando hablé con ellos y constaté que no era así, de inmediato integramos el comando".
Macario, pidió que en el país se construyan bustos en homenaje a las mujeres combatientes, "porque sin ellas, los hombres constitucionalistas, era muy poco lo que podían hacer a favor de la patria".
Narró que muchas mujeres, se amarraban trapos en las piernas y las rodillas, donde escondían pequeñas armas y hasta llevaban "cotexs" manchados con salsa de tomate y otros colorantes rojos, simulando que estaban manchados de sangre de menstruación para burlar y evadir los registros y arrestos de las fuerzas de ocupación militar de los Estados Unidos.
"Somos entonces, las mujeres que combatimos", concluyó diciendo Macario.
Otra de las que narró su participación como comandante en la guerra fue la señora Brígida García que por su pequeña estatura y pocas libras, causó el asombro del coronel Caamaño.
En el foro sobre la revolución, participaron también el declamador Frank Adolfo, otro ex combatiente, el ex cónsul general en Nueva York Luis Eludis Pérez y su esposa Lucía, Gabriel Guzmán, el doctor Rafael Lantigua, el ex embajador alterno en la ONU Manny Feliz y otros.
Dijeron que ignoran el porqué los llamados historiadores criollos y escritores, cuando reseñan esa parte de la historia, obvian la participación estelar de ellas en la guerra de abril.
Citaron que los homosexuales, algunos haitianos y otros extranjeros, se unieron también al pueblo en la defensa de la constitución de 1963 y de la patria.
Guzmán dijo que siendo una niña de cinco años, estaba parada frente a la emisora Radio Comercial a la una de la tarde del sábado 24 de abril de 1965, cuando vio que de la estación salían el fallecido líder del PRD doctor José Francisco Peña Gómez y otros dirigentes, los que lucían perturbados.
Les preguntó qué pasaba, pero no recibió respuesta.
Minutos después, estalló la revuelta. Narró que se trasladó del Ensanche (barrio) La Fe donde está la emisora a otro lugar de la capita y todo se iba convirtiendo en un caos en cuestión de minutos.
"Es un orgullo estar aquí, después de 42 años de esa guerra que nos elevó a todos el espíritu patriótico". Guzmán hizo una tediosa travesía a través de varios puntos de chequeo militar, hasta que llegó a enrolarse en el movimiento revolucionario, llegando desde Santo Domingo a San Francisco de Macorís, donde se planeaba un abortado asalto a la fortaleza del ejército nacional.
Fue enviada nuevamente a la capital con la misión de entregarle una comunicación escrita a Homero Hernández, uno de los comandantes constitucionalistas, pero el vehículo en el que era transportada fue interceptado.
Se salvó del arresto, porque un "contra revolucionario" que se prestó a acompañar al grupo, habló con los militares, uno de cuyos jefes lo conocía.
A su regreso a Santo Domingo, fue abordada nuevamente por militares en la avenida Máximo Gómez. La carta para el comandante la había guardado en el seno. La acusaron de "comunista", pero al verse acorralada, se tiró al suelo simulando un fuerte dolor de vientre.
Un comerciante que presenciaba la escena salió en su defensa y logró que los guardias, la dejaran entrar al sanitario del establecimiento.
"Allí, lo pensé dos veces, porque si me agarraban con la carta, me fusilaban ahí mismo, lo que hice fue que saqué el papel de los senos, lo rompí en muchos pedacitos, lo tiré al inodoro, pero como el orifico era muy pequeño, el agua no se lo llevó", narró Obdulia.
"Mi vide dependía de los próximos segundos, lo que me hizo pensar más rápido que de costumbre. Entonces, recogí nuevamente los pedacitos de la carta y me los tragué", agregó la señora Guzmán.
Cuando salió fue arrestada, llevada a una celda sucia, oscura y solitaria desde donde la trasladaron al Palacio de la Policía Nacional en la parte baja de la ciudad.
Cuando la conducían en un jeep militar a otra parte, el vehículo fue impactado por detrás y ella sufrió heridas de consideración. Internada en un hospital donde permaneció por 10 días, salió y se reintegró a los combates de nuevo en las calles.
Recordó con tristeza, el asesinato del doctor Frank Vázquez, quien fue ejecutado enarbolando la bandera dominicana.
MACARIO
Por su parte, la señora Macario, definió la revuelta de 1965, como uno de los acontecimientos más importantes del Siglo XX en la República Dominicana.
"Siendo una adolescente todavía, me enrolé en el Movimiento Popular Dominicano (MPD), porque comencé a acercarme a las ideas socialistas", relató la ex combatiente.
"La mayoría de las mujeres que lucharon al lado de los hombres en la revolución, no eran políticas, sino patriotas", enfatizó Macario. "Las mujeres tenemos el valor de hacer muchas cosas", dijo y recordó que vio cuando fragmentos de una granada impactaron el cuerpecito de una niña y ella corrió rauda al lado de la muchachita herida, tratando de salvarle la vida.
Macario participó estuvo envuelta en la planificación del asalto revolucionario a un comando oficial que tenía su base en el hotel Matum de la norteña ciudad de Santiago de los Caballeros.
"Las mujeres de la revolución, hemos sido mancilladas, el pueblo debe saber que las que lucharon por patriotismo, han querido ser olvidadas por los cronistas, muchas fuimos hacia la revolución, otras, tuvieron que esperar que la revolución fuera hacia sus casas", expresó.
"En mi caso, como militante de izquierda, nunca permití que me pusieran a cocinar, quería combatir", relató. Una de sus primeras misiones fue organizar un comando revolucionario en su propia casa con un grupo de soldados que buscaban ponerse al lado del pueblo.
"El Sargento Lantigua, comandaba aquel grupo al que algunos querían linchar, creyendo que se trataba de enemigos de la revolución, pero cuando hablé con ellos y constaté que no era así, de inmediato integramos el comando".
Macario, pidió que en el país se construyan bustos en homenaje a las mujeres combatientes, "porque sin ellas, los hombres constitucionalistas, era muy poco lo que podían hacer a favor de la patria".
Narró que muchas mujeres, se amarraban trapos en las piernas y las rodillas, donde escondían pequeñas armas y hasta llevaban "cotexs" manchados con salsa de tomate y otros colorantes rojos, simulando que estaban manchados de sangre de menstruación para burlar y evadir los registros y arrestos de las fuerzas de ocupación militar de los Estados Unidos.
"Somos entonces, las mujeres que combatimos", concluyó diciendo Macario.
Otra de las que narró su participación como comandante en la guerra fue la señora Brígida García que por su pequeña estatura y pocas libras, causó el asombro del coronel Caamaño.
En el foro sobre la revolución, participaron también el declamador Frank Adolfo, otro ex combatiente, el ex cónsul general en Nueva York Luis Eludis Pérez y su esposa Lucía, Gabriel Guzmán, el doctor Rafael Lantigua, el ex embajador alterno en la ONU Manny Feliz y otros.