Ruddy González: “El periodismo imparcial no existe"

“Prensa vs. poder. De Bosch a Abinader 60 años de democracia” es el título, muy periodístico, de las memorias de Ruddy González

Ruddy González cumple el año que viene 60 años de profesión como periodista. (Diario Libre/Dania Acevedo)

No vamos a hacer spoiler (destripar diríamos antes) del contenido de estas memorias. Ahí pueden leer retazos de la vida profesional y personal de Ruddy: la protesta de Peña Gómez (¡una carta de 13 folios!), la emboscada que le tendió Balaguer o las vicisitudes de un reportero de calle en un tiempo del periodismo que ya no es el de hoy. 

El próximo año cumplirá 60 años de profesión. Experiencia más que sobrada para opinar sobre periodismo, periodistas y como titula sus memorias, sobre las relaciones de la prensa con el poder.

—¿Qué es el periodismo? ¿Oficio, profesión?

Es una forma de vida. Porque uno se acostumbra a eso, a poder relatar las cosas que uno vive en una forma entendible para la gente. Ameno, pero objetivo, preciso, directo.

Mi papá (le decían El Pollo) vivía en el periódico, era linotipista y a mí me gustó. El oficio es para ganar dinero, así que  hay que ligar las tres cosas: vocación, oficio y profesión.

—¿Objetivo o imparcial?

Objetivo. La imparcialidad no existe, la independencia no existe. Todos somos dependientes de algo. Del amigo, de la familia, del vecino, de tu perro. Además de eso, la imparcialidad no existe porque tienes también sentimientos, uno es humano. Hay que ser objetivo, eso no se negocia.

—Está cerca de los 60 años de ejercicio…

Sí, en 1967 comencé en El Caribe. Cuando salí de estudiar en la secundaria quería entrar a la universidad, pero no tenía los 18 años que se exigía y tuve que esperar. Cuchito Álvarez era amigo de mi casa y don Germán Ornes también. Ellos, junto a don Jaime Lockward fueron mis mentores, mis maestros, ¡entré por la puerta grande! Por obligación tenía que salir bueno. Si no salía bueno con esa escuela… no iba a ser nada.

—¿Qué es lo que más le ha gustado del periodismo?

Poder decir las cosas. Poder contar las cosas. Poder tener la influencia de poder poner en contexto las realidades del país. Porque a veces, y más ahora, se ven tantas distorsiones que a veces se tiene un descreimiento de lo que se ve, se  lee, se oye. Cuando yo me desarrollé como periodista había que ser veraz.

“La imparcialidad no existe porque tienes también sentimientos, uno es humano. Todos somos dependientes de algo. Hay que ser objetivo, eso no se negocia”

—¿Ese es el gran miedo del periodista, ser desmentido?

Nunca me han desmentido. Me han cuestionado, me han criticado... pero nunca me han desmentido una información y nunca me han llevado a un tribunal por difamación. Yo creo que esto es una profesión de pantalones largos y de responsabilidades. Y creo que hay que cumplirla como debe ser, al menos he tratado de hacerlo así.

—¿Existe la autocensura o es una excusa para no decir lo que en realidad no se quiere decir?

Las dos cosas. Hay autocensura en muchas ocasiones, incluso una autocensura inducida por situaciones personales, por intereses, pero también por prevención, por temor, por ser conservador. Pero también hay otra autocensura que es cuando tú no quieres decir algo porque no te conviene y lo callas expresamente. 

—Muchos piensan que los motivos para autocensurarse son siempre económicos…

No necesariamente. La autocensura existe aquí, existe en Estados Unidos, en Inglaterra, en España… existe en los mejores periódicos. Hay una autocensura incluso natural, porque hay afectos, hay situaciones, hay amistades, familiaridades, hay conceptos en los que uno cree y muchas veces uno se abstiene de publicarlos porque siente que le afecta en lo personal.

—¿La relación de la prensa y el poder es como creemos los periodistas que es?

No, para nada... Eso de que los periodistas ponemos gobiernos y tumbamos gobiernos es mentira. Nosotros le podemos dar un empujoncito, sí. O le ponemos una cascarita de guineo. Nosotros tenemos que saber bien cuál es el rol que jugamos y ser críticos.

Con  el poder yo he tenido presiones y las relato en mi libro. Presiones como que un presidente llama para insultarte porque salió una información y yo tengo que quedarme callado porque no voy a entrar en una discusión con el presidente. O en el caso de Balaguer, que me mandó a buscar un día que  yo había escrito un titular muy fuerte en Última Hora: El gobierno a la deriva. Y él me habla de todo y yo preguntándome, ¿de dónde viene este hombre? Hasta que me dijo, “¿cómo es el asunto ese del papel periódico que llega? Nosotros le ayudamos mucho a la libertad de prensa porque  los apoyamos y no cobramos impuestos”.

—¿Hay en RD una prensa controlada por el poder?

El poder y la prensa nunca van a andar de la mano. Cuando andan de la mano hay problemas. La independencia con que creemos que trabajamos los periodistas tiene límites. Y tiene límites lógicos porque pertenecemos a una empresa, porque pertenecemos a una sociedad y a una realidad. Pero siempre  va a haber un choque entre los dos. Por más amigo que tú seas del presidente, por más bien que te lleves, siempre va a haber un choque. Y eso es bueno, lo que debe haber es respeto.

—¿Cree que a los periodistas, como gremio, nos falta autocrítica?

Muchísima. Nosotros a veces nos endiosamos y creemos que nos estamos llevando el mundo por delante. La autocrítica siempre será buena en todo lo que pasa en la vida. Y en el periodismo, uno tiene que pensar que no es lo que tú piensas, lo que tú crees o lo que tú quieres. Es lo que es. Y eso es lo que hay que lograr contar.

—¿Cree que se están perdiendo los géneros del periodismo?

Le pongo un ejemplo. El  Nacional trabajaba la noticia en una forma sensacionalista. Y Última Hora entró en la noticia, pero entró también en buscar una buena crónica, un buen reportaje, muchos análisis de la situación. Los periódicos aquí tenían cierto temor en hacer análisis. Ahora eso se ha perdido. 

—¿Hay un exceso de opinadores?

Sí, sí. Incluso porque para mucha gente de muchas otras profesiones - y gente que no tiene profesión ninguna también-  es muy fácil conseguir dos anuncios y montar un programa de radio. Conseguir 100 mil pesos y pagarle 40 mil pesos o 50 mil pesos a la emisora o ir a negocios con ellos, ganarse 60 y decir lo que le da la gana y lo otro lo consigue por chantaje. No dije nada.

“El poder y la prensa nunca van a andar de la mano. Cuando andan de la mano hay problemas. Y eso es bueno, lo que debe haber es respeto”

—Lo dijo, lo dijo...

Pero es la realidad, esa es la pena. Hay gente que yo no conozco ni tengo la menor idea de quién es, de dónde vino y está hablando de energía atómica o de los problemas del hígado graso. O de los piratas de Somalia.

—Ha hecho prensa escrita, radio, televisión, digitales, corresponsalía de agencia… ¿Cuál es más difícil?

La que más me ha gustado y puede ser la más difícil: ser reportero. El que no es reportero, todavía siendo un ejecutivo y habiendo pasado por todos los departamentos, no es periodista. El reportero será siempre reportero. Hacer una entrevista, describir una situación que pasó... para mí ese es el periodismo. Escribir un editorial, eso es lo que yo pienso. Pero lo otro es decir lo que tengo que decir, lo que tengo que investigar, lo que el público tiene derecho a saber.

—¿Todo periodista debe aspirar a dirigir?

Ser director tiene sus pros porque te da una visión más amplia del ejercicio del periodismo. Te coloca en una posición, en un país como este, de poder porque te lleva a los centros del poder. Y tú aprendes más y conoces mejor la sociedad. Pero te sustrae mucho del ejercicio cotidiano del periodismo. Tú estás recibiendo gente, estás más involucrado en la parte burocrática que en la parte diaria. Por eso cuando yo era director en Última Hora, incluso tuve una crítica de mi exjefe y amigo, Aníbal de Castro, por eso. Porque él decía que yo no había aprendido a ser director cuando yo le sustituí en la dirección. Que yo seguía siendo reportero. Para mí eso fue un halago.

—¿Cómo manejó, si la hubo, la presión de los propietarios de los medios en los que trabajó? 

Yo he tenido la suerte, hasta cuando trabajaba como empleado, de que nunca, nunca, ni lo hizo Eduardo Pellerano, ni lo hizo Ramoncito Báez, me pidieron escribir o no escribir de esto o aquello. Claro, yo sabía cuáles eran las líneas amarillas que no debía tocar y las líneas rojas que no debía cruzar. Tan sencillo como eso. Incluso ahora mismo, yo tengo mi programa de radio en RCC Media. Pasó una crisis en RCC Media con el problema de Jet Set. Nadie me ha dicho nunca en RCC Media “Tú no debes mencionar que Antonio Espaillat es responsable o no es responsable, que pasó esto o no pasó aquello”. Yo he manejado el tema noticiosamente. Pasó esto, pasó aquello. Este es el proceso, sin emitir juicios de valor. Porque sería una falta de respeto mía. Es asunto de sentido común. 

—¿Hay alguna entrevista que le haya marcado?

Una entrevista que a mí me gustó hacer porque era un desafío para mí, y creo que la hice como yo quería: Raoul Cédras, presidente dictador de Haití. Nos concedió una entrevista a mí y a Ricardo Rojas cuando no había hablado todavía con nadie. Nos dedicó casi tres horas, un hombre que acababa de tomar el poder en un país tan conflictivo. Y era un hombre vestido de militar, sin armas, solamente con sus cigarrillos, sentado. No despachaba en el Palacio, sino enfrente en una casa de madera. Y fue una entrevista fuerte. De un dictador. “Yo no soy un dictador. Yo soy un hombre del pueblo”, nos dijo.

“El reportero será siempre reportero. Hacer una entrevista, describir una situación que pasó... para mí ese es el periodismo”

—Habla con mucho cariño de la redacción de Última Hora…

Es que se juntaron muchos grandes periodistas, experimentados unos, jóvenes promesas otros. Te puedo hablar de Arismendy Calderón, Ricardo Rojas, Mildred Minaya, Josefina Navarro, José Alduey Sierra, Sara Savarín, Cándida Acosta… Muchos. Mi trabajo como director era dar salida a tanto talento.

—Muchos de los que nombra desertaron de las redacciones. ¿Qué tiene nuestra profesión que expulsa esos talentos?

Lo que pasa es que los tiempos han cambiado porque el periodismo en República Dominicana desgraciadamente no paga. Y si tú ya eres un profesional y estás trabajando y quieres aumentar tus ingresos, o sea, tener una mayor perspectiva, desde el periodismo puedes conseguir una oportunidad. Si has hecho un nombre se aprovecha esa oportunidad para irte. Todas esas personas están muy bien colocadas trabajando.

Josefina Navarro y Mildred Minaya son dos vicepresidentas de bancos. Ricardo Rojas, incluso, yo le digo que él es el desertor del periodismo, es un abogado constitucionalista de primera línea. Manuel Quiroz siempre ha sido un ejecutivo de medios.

—¿Entiende o acepta que se trabaje en un medio y en el Gobierno?

Eso siempre ha sido un problema. Por ejemplo, cuando yo trabajé en El Caribe, que fue mi formación, se impedía que si uno trabajaba en el periódico trabajara en unas relaciones públicas del gobierno. Yo creo que es un choque ético. Creo que un periodista puede hacer cualquier otro tipo de trabajo, pero es que es una línea muy, muy, muy delgada en la que tú puedes perder esa objetividad que tienes que tener cuando te toca en un momento determinado trabajar sobre ese tema.

—¿Está satisfecho con la nueva ley sobre la Libertad de Expresión?

Yo aprendí en El Caribe, que fue mi escuela, una frase que repetía don Germán Ornes: La mejor ley de prensa es la que no existe. La libertad de prensa, el ejercicio de la prensa, es un derecho inherente de la gente. La libertad de expresión es un derecho inherente de la gente. Sin embargo, hay que entender lo que está pasando ahora con personas que no son periodistas, pero que son comunicadores y hacen una labor que ellos dicen que es de prensa, amparándose en ese ejercicio de libertad de prensa. Debe haber algunos controles. No para que tú no digas lo que debes decir, sino para que tú respetes a los demás. El hecho de que yo sea periodista no me da el derecho de insultarte. 

—¿Cree que un medio es una buena inversión?

Es una buena inversión en lo personal, en el desarrollo de uno como profesional. Pero como negocio es fatal. Eso de que de que “yo tengo poder porque estoy o tengo  un periódico”, eso es muy relativo. Ese mismo poder te puede destruir. El poder hay que saber administrarlo. No tienes poder porque tú tengas contratado un buen periodista. Un buen periodista te puede salvar de una situación o te puede ayudar a resolver un problema. Yo trabajo mucho como asesor para sectores privados para solucionar una crisis y puedes ayudar a atenuar una situación, a explicar una situación, a viabilizar que las cosas se canalicen de una forma correcta para los medios, pero tú no puedes torcer la verdad. Y aquí hay quienes creen que tener un medio es  tener poder… Te va a costar todo, dinero, salud, todo.

—Usted también compró un canal...

Yo compré un canal y lo vendí también. Me di cuenta que yo no sirvo para eso, yo soy el hombre más torpe del mundo para pedir un anuncio. 

—¿Han tratado alguna vez de sobornarle?

Yo tengo la suerte, y lo puedo decir a boca llena, de que nunca me han intentado sobornar. ¿Pero sabe por qué no me lo han hecho? Porque saben cuál va a ser mi respuesta. Yo prefiero ganarme mi dinero con mi trabajo. Mis hijos me dicen a veces “todo el mundo te conoce y todo el mundo te quiere”. Digo, “a veces sí, a veces no” pero yo creo que no le he hecho daño a nadie.

—¿Qué político de los que ha tratado le ha impresionado más?

Antonio Guzmán. Yo creo que era un hombre que tenía un sentido de la sociedad, que conocía a la gente. Yo le sentía… una calidad humana. Porque los presidentes también tienen que ser fuertes en muchas posiciones, en muchas decisiones. Para mí fue si no el mejor, uno de los mejores presidentes que ha tenido, del proceso democrático que comenzó en el 66 y que sigue hasta ahora.

—¿Hay más corrupción ahora que antes?

No, es igual. Lo que pasa es que ahora todo se publica. Balaguer una vez dijo que había 300 ricos nuevos en su gobierno. Quizá no se atrevían tampoco a denunciarlo porque había otro sistema de educación.

—¿Cree que la educación dominicana ahora es peor que la que tuvo su generación? ¿Por qué?

Sí, y es peor porque tenemos las oportunidades de ser mejores y no lo somos. Con toda esta tecnología, con todo esto que hay, con todas las facilidades que le da una buena educación a la gente, los maestros no sirven. Desgraciadamente solo pasaron el 62 % de los maestros que cogieron las pruebas para reengancharse, para reclasificarse. ¡No pasaron las pruebas, los maestros! Entonces, ¿qué puedes esperar?

—¿Terminará la IA con el periodismo como lo conocemos?

La inteligencia artificial es una herramienta fabulosa que se le ha puesto a la humanidad en las manos. Hay un grupo de gente que la usa para la perversidad, para distorsionar la realidad de la vida, pero es una herramienta fabulosa. Yo tenía que ir a la biblioteca frente al Convento de los Dominicos, a fajarme con unas enciclopedias de este tamaño y tener que copiar a mano las cosas. Si yo hubiese estudiado inteligencia artificial, ¡yo fuera un genio!

Inés Aizpún es una periodista dominicana y española. Ha recibido el premio Caonabo de Oro, el Premio de la Fundación Corripio de Comunicación por su trayectoria, y el premio Teobaldo de la Asociación de Periodistas de Navarra.