Notables piezas se exhiben en el Museo de las Casas Reales
En el Museo de las Casas Reales se exhiben interesantes piezas provenientes de la colección Osorio, un lote de armas antiguas comprado por Trujillo a un coleccionista mexicano.
Entre las piezas exhibidas se destacan las ballestas, que fue el arma medieval por excelencia, capaz de perforar una armadura a 250 pies de distancia.
Esta arma fue un invento de los naturales de la isla de Mallorca. La cureña por lo general estaba tallada con complicados motivos vegetales y animales, cuando no estaba recubierta de marfil o hueso, trabajado con intrincados dibujos florales o geométricos al estilo árabe.
La verga o arco del arma, estaba fabricada con lámina de acero templado. Las ballestas mas finas usaban acero toledano, templado en las aguas del Tajo. Los extremos del arco se unían por medio de cuerdas retorcidas que casi siempre eran de tripa pues era el material más fuerte y resistente. El arco en tensión se sujetaba a una llave que se soltaba bruscamente en el acto del disparo. La cureña se colocaba sobre el hombro. Las saetas disparadas tenían tal potencia que además de atravesar las armaduras, llegaban a las torres de los castillos y las almenas de las murallas con más certeza que las flechas o los arcabuces.
Resultó un arma tan formidable cuando se generalizó su uso después del siglo X, que la iglesia prohibió su uso contra los cristianos por considerar que la mortífera arma solo era apropiada para matar infieles. Como arma de caza deportiva, la ballesta ha sobrevivido hasta nuestros días.
Las espadas, constante compañera de soldados y caballeros, tiene su sitio en la exhibición del museo. La espada se fabrica moldeándola en la forja, al comienzo se hicieron de bronce, tenían el inconveniente de que se rompían con frecuencia, luego se fabricaron de hierro, luego se utilizo una aleación de hierro y acero hasta que finalmente se fabrico de acero solamente, dando por resultado una hoja ligera, filosa e inalterable al medio ambiente. Para obtener el temple de la hoja se sumerge en agua, bajando la temperatura de esta en sucesivas inmersiones. Luego se cincela y pule para a seguidas ajustar la empuñadura a la hoja. Fueron famosas las espadas forjadas en Toledo, en Milán y en Solingen, Alemania. En la empuñadura y en la vaina se lograron verdaderas obras maestras de las artes decorativas.
Las espadas fueron las que abrieron trocha en la enmarañada vegetación tropical de Nuevo mundo. Fueron también las que dieron muerte a los indígenas, quienes contra el filoso acero opusieron la resistencia de sus hachas de piedra y sus flechas con puntas a veces envenenadas con zumos de plantas silvestres. Hoy la hoja de la espada es un pobre instrumento inerme ante el horrible poderío de las armas de fuego. Ya solo es un romántico recuerdo de la época en que el hombre luchaba cuerpo a cuerpo con el enemigo.
La más bella pieza del Museo es sin duda un magnifico colmillo de elefante convertido en un cuerno de caza.
El cuerno recuerda el legendario episodio de Rolando empuñando el instrumento para advertir con su sonido a las tropas de Carlomagno, del peligro que corrían en el paso de Roncesvalles, mientras su espada mantenía a raya a las hordas de moros invasores.
El marfil presenta en su superficie seis escenas talladas, separadas entre si por franjas decorativas vegetales y geométricas. Las escenas talladas en la tersa y suave superficie, son de indudable factura renacentista, bien pudo haber sido obra de los artistas que en el siglo XVI, hicieron de Dieppe, el centro de la talla del bello material en Europa.
Existen dos bustos en el cuerno: uno de Francisco I, aquel rey francés que combatió contra Carlos V, rey de España y emperador de Alemania. El otro busto tallado en el cuerno, es el de Enrique II, hijo y sucesor de Francisco, quien continúo las guerras de su padre contra el imperio español. Las escenas de caza, representan los maravillosos bosques de Fontainebleu. También hay representaciones legendarias, una de ellas es el milagro de san Humberto quien cazando en un viernes santo descubrió la santa cruz en los cuernos de un ciervo que iba a matar y oyó una voz que le reprochaba esa persecución en vez de alabar al Señor.
El legendario San Jorge combatiendo al dragón, también está representado en otra escena. Dos fechas sirven de hilo conductor: 1421 y 1552. En la primera, Juana de Arco logró vencer a los ingleses y en la segunda, Enrique II logró desalojarlos de Calais, último reducto inglés en tierra francesa. Otra escena presenta una armadura con la flor de lis, una ballesta, una espada y el escudo real.
El remate del extremo más delgado del cuerno, es un canto triunfal, un trompetista cuyo grácil cuerpo se adapta a la delgada curva, sopla el instrumento para anunciar la gloriosa gesta: La patria de Rolando, Juana de Arco, Francisco, san Humberto y Enrique, ¡es libre al fin de la humillante invasión inglesa!
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