Peligro de fusión nuclear

La planta nuclear de electricidad de Japón en Fukushima.
Ayer iba a recomendar el artículo de William Saletan en Slate acerca de la reacción ante la situación de la planta nuclear en Fukushima Daiichi en Japón.

El periodista se pronunció en contra de las peticiones de congelar el desarrollo de energía nuclear en los Estados Unidos. Sin embargo, algunos piensan que el artículo parece inoportuno - la situación en Japón desde entonces se ha tornado más peligrosa, ya que los niveles de radiación se han incrementado, los trabajadores han sido evacuados y a los que viven en las áreas circundantes se les pidió permanecer en sus casas. Pero creo que su punto de vista es válido, aunque su descripción de la situación ya no es correcta.

Saletan argumenta que Estados Unidos debe aprender de las lecciones correctas del incidente en Japón, tomar en cuenta los costos relativos de la energía nuclear y no reaccionar de forma exagerada en una crisis específica ocasionada por dos horrendos desastres naturales inusuales.

Si Japón, los Estados Unidos o Europa deciden no utilizar la energía nuclear a consecuencia del pánico actual, la más probable fuente de energía alternativa serán los combustibles fósiles. Y los combustibles fósiles son mucho más peligrosos. El único accidente de energía nuclear fatal en los últimos 40 años fue Chernobyl, donde por causa directa murieron 31 personas. En comparación, el Instituto Paul Scherrer de Suiza calcula que desde 1969 al 2000, más de 20,000 personas murieron en accidentes severos en la cadena de suministro del petróleo.

Más de 15,000 personas murieron en accidentes graves en la cadena de suministro de carbón - 11,000 solo en China. La tasa de muertes directas por unidad de producción de energía es 18 veces peor para el petróleo que para la energía nuclear.

Aun si se calculan todas las muertes que podrían estar relacionadas a Chernobyl - 9,000 a 33,000 en un período de 70 años - ese número es muy pequeño comparado con la tasa de mortandad de los combustibles fósiles. La Perspectiva Ambiental del OECD del 2008 calcula que la contaminación del aire con partículas finas ocasionó cerca de un millón de muertes prematuras en el año 2000, y 30 por ciento de estas están relacionadas a la energía. Se necesitarían 500 Chernobyls para equiparar ese nivel anual de carnicería. Pero fuera de Chernobyl, las fatalidades por accidentes de energía nuclear son cero.

He tratado de pensar en una buena analogía para una fusión nuclear. Primero pensé en la caída de un avión o un ataque terrorista, porque no ocurren con frecuencia, pero tienen un efecto sobredimensionado en la opinión pública. Pero la comparación con la energía nuclear no es justa, porque la caída de un avión y los ataques terroristas es muy probable que resulten en la muerte de civiles, mientras que en la fusión nuclear no. La excepción obvia es Chernobyl, pero esa planta no satisfacía los estándares de seguridad ni siquiera de los años de 1980, y se culpa del accidente a errores graves en su operación. Las otras dos fusiones significativas en plantas nucleares civiles - en Three Mile Island en Pennsylvania y los reactores Lucens en Suiza - resultaron en cero muertes y no tuvieron efectos negativos de salud. Desde esos incidentes las plantas son mucho más seguras. Como señala Ssaletan, según un análisis, "las plantas que se están construyendo hoy día tienen estándares 1,600 veces más seguros que las primeras plantas nucleares, en términos de la frecuencia prevista de un escape de radiación grande".

El incidente en la planta Fujushima Daiichi de Japón podría cambiar la historia, pero no debería cambiar demasiado nuestros cálculos sobre la energía nuclear. Mientras es probable que obtengamos conocimientos valiosos para mejorar la seguridad de la energía nuclear de la experiencia en Japón, la lección principal parecería ser que no deberíamos construir plantas nucleares en áreas de considerable actividad sísmica. En Estados Unidos esto aplica a solo un pequeño número de plantas. Por ejemplo, hay cuatro reactores en dos plantas en California, en San Clemente y cerca de San Luis Obispo. La planta nuclear en San Clemente fue construida para soportar un terremoto de 7.0, y aparentemente soportó un temblor de 7.2 el año pasado. Pero esto no suena muy prometedor ante el terremoto de 8.8 del viernes.

Hasta ahora, los políticos en los Estados Unidos reaccionaron con una admirable compostura ante los sucesos en Japón. Como reporta David Weigel, "nadie en Washington está rechazando su apoyo a la energía nuclear", ni siquiera el presidente. Las declaraciones públicas reflexionan sobre el costo potencial de la energía nuclear contra el muy real, pero mucho menos espectacular costo de sus alternativas. Eso es bueno. Una gran cosa sería si estos políticos también se esforzaran en encontrar mejores alternativas.



© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.

De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com