PL. - La teoría y las leyes del caos
En esta columna continuamos con la respuesta a la pregunta de la lectora Amanda García, de Santiago, sobre la teoría y las leyes del caos. ¿Existen realmente?, ¿qué significa eso? Amanda García, Santiago.
La quinta ley del Caos es la de los fractales, que implica observar el arte de la naturaleza. Se refiere a los modelos recurrentes e incesantes de la naturaleza. Por ejemplo, las formas de las hojas del helecho, la lava endurecida después de una erupción de un volcán, las formas que generan la fluorescencia de las olas del mar, las terminales nerviosas del cuerpo humano o los inefables diseños de un copo de nieve. Estos modelos de la naturaleza son los modelos del caos y los científicos los llaman fractales. Éstos nos permiten relacionarnos desde lo matemático, lo caótico y lo estético, con las formas no lineales, con formas como la orilla de un acantilado, la copa de un árbol para calcular su dimensión y apreciar el misterioso e impredecible movimiento que lo ha creado y lo mantiene cohesionado. Las computadoras, por ejemplo, pueden crear fractales muy hermosos, sin embargo los naturales tienen individualidad, espontaneidad, profundidad y capacidad de misterio.
La sexta ley del Caos es la de los rizos fractales de duración, y se refiere a la dificultad de utilizar adecuadamente el tiempo en el mundo "moderno". Se cuestiona la desaparición de las cualidades del tiempo, e invita a reconectarnos con él, a vivir el tiempo de manera creativa y no con el tic-tac del reloj. Para lograrlo, tenemos de dejar atrás la creencia de que el tiempo es una línea recta y reconocerla como una línea fractal, con giros, curvas y arabescos. Cada elemento del universo lleva un reloj interior que mide su paso individual. Cada sistema se autoorganiza. Esto lo logra contemplando y armonizando el tiempo de cada uno de los elementos que lo componen.
Finalmente, la séptima ley del Caos es la ley de la corriente de una nueva percepción, que reconoce que cada partícula del universo tiene su propia historia, trabaja a partir de ella y tiene una evolución autónoma. Sin embargo, de manera "mágica", todo se unifica para formar una entidad global interdependiente. El ser humano que la habita es quien la ha fraccionado marcando fronteras, arrasando con las selvas, agotando el agua, exterminando especies. Es necesario un sutil cambio que nos regrese a la percepción real del mundo como algo orgánico, completo, holístico, al mundo que instintivamente pertenecemos como un elemento más en armonía con el resto, en la caótica armonía autoorganizada que permite un sistema dentro de otro sistema. Los procesos de la tierra son indivisibles y constituyen un holismo que hay que mantenerlo y alimentarlo para que no se "rompa". El mundo no es una máquina, las sociedades no funcionan mecánicamente, ni las personas tampoco, todos somos una unidad caótica autoorganizada.
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