PRSC, ¿estrategia de poder o entrega al mejor postor?
La cúpula parece decidida a reeditar su esencia clientelar y rentista
SANTO DOMINGO. Sin análisis, de primera impresión, lo lógico sería que el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), recién salido de un proceso interno de reestructuración y de elección de nuevos cuadros dirigenciales, concentre sus fuerzas en el fortalecimiento de los organismos y en el afianzamiento de sus líderes medios.
Sin embargo, no bien anuncian con bombos y platillos que la convención interna parió un nuevo partido, y ya el principal empeño de la cúpula es ofertarse a quien le garantice una mayor cuota de candidaturas para las elecciones de mayo de 2006.
La ausencia de cohesión no se ha hecho esperar. Los pronunciamientos del ex candidato presidencial Eduardo Estrella, del síndico de Santiago José Enrique Sued, y de Sergia Elena Séliman, la secretaria de Organización, entre otras voces que rechazan la política de alianzas, muestran la existencia de "dos líneas" en el PRSC, lo que podría ser fatal para un conglomerado con signos evidentes de dispersión y estancamiento.
Lucen sólidos los argumentos de los dirigentes que objetan que tan temprano se enseñe el refajo, cual damita que se va a la cama ante el primer galanteo. Es válido el razonamiento de que la denominación de partido bisagra le resta personalidad y cierra el camino al liderazgo emergente, y más en un PRSC que, sin Balaguer, no tiene líderes establecidos ni a nadie con la autoridad suficiente para decidir a nombre de "todo" el partido.
Empero, no se puede olvidar que la tradición del PRSC es el poder. Es una organización asociada al control de una parte del aparato estatal. Es un partido clientelista, rentista, que se maneja en base al beneficio personal de la política, cuestión que une a la cúpula y a la base. Así las cosas, Quique Antún, Amable Aristy, Josecito Hazim y compartes podrían estar en lo cierto al abrir las puertas con agresividad, sin guardar las apariencias, a una posible alianza con el PRD o el PLD, o con ambos a la vez.
La principal premisa que explica el entusiasmo de la cúpula del PRSC para agarrarse de lo que sea con tal de conseguir una ración, es que las filas del reformismo son difíciles de compactar al margen del poder.
En apariencia, los dos puntos de vista (el que prioriza las alianzas y el que aboga por el fortalecimiento interno) tienen asidero lógico. Lo aconsejable sería --en la óptica del reformismo y para vadear el sendero de la parálisis y de otro desmembramiento-- que se combinen las dos posiciones.
Entonces, la pregunta obligada es: ¿son incompatibles la negociación y el fortalecimiento de los liderazgos internos?
Una jugada por partida doble
Para el reformismo ser opción a tomar en cuenta en el 2008 tiene que estar bien sembrado en el corazón de la población y mejor estructurado, que es lo que plantea la línea anti negociadora. Pero también necesita del ejercicio del poder en el congreso y los municipios, por lo que lograr una cuota importante en mayo de 2006 es fundamental. De ahí que un acuerdo político con otras fuerzas que posibilite apoyo a sus principales líderes provinciales en los sitios donde son fuertes, a la vez que respaldan a los candidatos de otros partidos que tengan reales posibilidades de ganar, no es un mal negocio. Esto es, cualquier acuerdo que haga el reformismo, para que sea bueno, debe tomar en cuenta las características de sus líderes locales y apuntalarlos. Además, debe ser una política de alianzas conscientemente trazada por "toda" la dirección (ese "toda" es vital, casi de vida o muerte), teniendo como norte el fortalecimiento del partido. Las dos cuestiones no son contradictorias; se pueden hacer, y más en un partido débil, que se ha ido desgastando y sin fuerzas para, por si solo, lograr una cuota considerable de poder.
Combinar esas dos líneas tiene un prerrequisito: que cada cacique no busque ventaja y posicionamiento, porque lo único que se lograría es que el PRSC siga en picada y, de paso, que le vayan preparando el réquiem.
Puro sofisma
Lo que dice el secretario general Gómez Casanova, que lo concertado con el PRD y el PLD será sometido a la sanción de las bases, es puro sofisma. Está hablando a nombre de los grandes caciques provinciales del reformismo, esas figuras "presidenciables" que nunca negociarían sus plazas, lo que limita cualquier tipo de acuerdo, principalmente con el PRD, que tiene menos que dar que el PLD. Eso de que las bases refrendarán lo que decidan los dueños del partido es un eufemismo.
Nrodriguez@diariolibre.com
Lucen sólidos los argumentos de los dirigentes que objetan que tan temprano se enseñe el refajo, cual damita que se va a la cama ante el primer galanteo. Es válido el razonamiento de que la denominación de partido bisagra le resta personalidad y cierra el camino al liderazgo emergente, y más en un PRSC que, sin Balaguer, no tiene líderes establecidos ni a nadie con la autoridad suficiente para decidir a nombre de "todo" el partido.
Empero, no se puede olvidar que la tradición del PRSC es el poder. Es una organización asociada al control de una parte del aparato estatal. Es un partido clientelista, rentista, que se maneja en base al beneficio personal de la política, cuestión que une a la cúpula y a la base. Así las cosas, Quique Antún, Amable Aristy, Josecito Hazim y compartes podrían estar en lo cierto al abrir las puertas con agresividad, sin guardar las apariencias, a una posible alianza con el PRD o el PLD, o con ambos a la vez.
La principal premisa que explica el entusiasmo de la cúpula del PRSC para agarrarse de lo que sea con tal de conseguir una ración, es que las filas del reformismo son difíciles de compactar al margen del poder.
En apariencia, los dos puntos de vista (el que prioriza las alianzas y el que aboga por el fortalecimiento interno) tienen asidero lógico. Lo aconsejable sería --en la óptica del reformismo y para vadear el sendero de la parálisis y de otro desmembramiento-- que se combinen las dos posiciones.
Entonces, la pregunta obligada es: ¿son incompatibles la negociación y el fortalecimiento de los liderazgos internos?
Una jugada por partida doble
Para el reformismo ser opción a tomar en cuenta en el 2008 tiene que estar bien sembrado en el corazón de la población y mejor estructurado, que es lo que plantea la línea anti negociadora. Pero también necesita del ejercicio del poder en el congreso y los municipios, por lo que lograr una cuota importante en mayo de 2006 es fundamental. De ahí que un acuerdo político con otras fuerzas que posibilite apoyo a sus principales líderes provinciales en los sitios donde son fuertes, a la vez que respaldan a los candidatos de otros partidos que tengan reales posibilidades de ganar, no es un mal negocio. Esto es, cualquier acuerdo que haga el reformismo, para que sea bueno, debe tomar en cuenta las características de sus líderes locales y apuntalarlos. Además, debe ser una política de alianzas conscientemente trazada por "toda" la dirección (ese "toda" es vital, casi de vida o muerte), teniendo como norte el fortalecimiento del partido. Las dos cuestiones no son contradictorias; se pueden hacer, y más en un partido débil, que se ha ido desgastando y sin fuerzas para, por si solo, lograr una cuota considerable de poder.
Combinar esas dos líneas tiene un prerrequisito: que cada cacique no busque ventaja y posicionamiento, porque lo único que se lograría es que el PRSC siga en picada y, de paso, que le vayan preparando el réquiem.
Puro sofisma
Lo que dice el secretario general Gómez Casanova, que lo concertado con el PRD y el PLD será sometido a la sanción de las bases, es puro sofisma. Está hablando a nombre de los grandes caciques provinciales del reformismo, esas figuras "presidenciables" que nunca negociarían sus plazas, lo que limita cualquier tipo de acuerdo, principalmente con el PRD, que tiene menos que dar que el PLD. Eso de que las bases refrendarán lo que decidan los dueños del partido es un eufemismo.
Nrodriguez@diariolibre.com
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