René Báez Robiou: "La investigación se ve bloqueada por el inmediatismo y el pluriempleo al que se ve obligado el médico en nuestro medio"
El actual presidente, Dr. René M. Báez Robiou, tiene como compromiso proyectar el campo de acción de la Academia entre la clase médica, elevar su espíritu, aumentar el número de miembros y acabar con el problema financiero al encontrar una subvención decente que sustente la actividad de esta institución. El futuro suena prometedor para esta institución -fundada el 12 de agosto de 1971- cuyo objetivo es el de divulgar el quehacer científico y fortalecer los lazos entre la clase médica dominicana y la investigación.
Como nuevo presidente de la Academia Dominicana de Medicina, ¿cuáles son sus preocupaciones?
Las metas básicas son las de dar a conocer en la clase médica el campo de acción de la Academia de Medicina, porque se tiene un poco de desconocimiento sobre ella. Se ve como algo etéreo, lejano y distante, como fuera de contexto, y realmente la Academia, como en otras partes del mundo, trabaja por la unidad científico-cultural, moral y ética del médico. No hay relación gremial ni política, abarca un nivel más global.
¿Y cómo pretende lograrlo?
La directiva se está reuniendo periódicamente para llevar a cabo esta meta a través de las diferentes sociedades médicas especializadas, engre ellas la de endocrinología, cardiología, dermatología, medicina interna, y ginecología y obstetricia. La idea es abarcar todas las áreas pero a un nivel superior, sin caer en el terreno gremial o político.
Uno de los requisitos de la Academia, es que para ser miembro, precisamente, hay que tener más de diez años de trabajo profesional, y preferiblemente de dos a tres años de docencia, eso te da un aval de que esa figura tiene un soporte previo para ser académico. Claro, el grupo de académicos es, en cierto modo, limitado –actualmente tiene 32 miembros activos-. Hubo un tiempo en que la Academia intentó masificarse y abrirse, y llegó casi a los 200 miembros, pero precisamente por esa razón se diluyó su esencia y terminó volviendo a sus raíces. En los últimos años hemos estado trabajando hacia dentro para poder abrirnos. La Academia trabaja presentando temas de conferencias, no sólo en el aspecto médico sino cultural, filosófico, social y ético. La idea es nutrirse de conocimientos en un sentido global y científico.
Esta es una institucion sin fines de lucro, ¿cómo se sustenta y se mantiene?
Ese es parte del problema que ha venido arrastrando la Academia en la última década, por ser una institución sin fines de lucro y una ONG, pero sin una subvención real y contundente por parte del Estado. Manejamos un presupuesto de menos de 50 mil pesos al año, una cifra ridícula para lo que la Academia significa; armar una sola actividad para una noche se lleva casi eso. Este es uno de los proyectos inmediatos, acercarnos a la Secretaría de Estado de Cultura, de Educación y Educación Superior para que sorporten el trabajo de la Academia. Ese es el proyecto inicial en el área financiera.
Por el lado más científico queremos seguir buscando nuevos miembros; pretendemos llegar a 50 miembros y seguir trabajando en conferencias y actividades científicas y sociales dentro de la Academia.
¿Existe en RD, como pasa en otros países de América Latina, una necesidad de mejorar y perfeccionar una verdadera solidaridad del gremio médico, y debería ser este el papel de la Academia?
Este es uno de los retos a los que la Academia se ve abocada. Porque por un lado tiene la parte gremial, el Colegio Médico Dominicano, que es eminentemente gremial, pero nosotros no tenemos esa función y le dejamos ese tipo de trabajo al Colegio. Nosotros nos encargamos de la otra parte, conjuntamente con las sociedades de medicina especializadas.
Habla bastante del caracter científico de la Academia. ¿Qué tan atrasada está RD en materia de investigación médica y qué haría falta a su entender para desarrollar más este campo?
La Academia cuenta con un Museo y una Bibilioteca, pero la idea no es tener el último volumen que salió al mercado sino, por el contrario, tener el primero del que se tiene noticia a nivel nacional. El último correspondería a las sociedades especializadas y las bibliotecas de las universidades. Y así pasa con el Museo. La idea es tener en su interior ese tipo de material que no se va a conseguir en ningún otro lugar.
Por otro lado, tenemos el terreno de la investigación que, lamentablemente, en nuestro medio se ve bloqueada por el inmediatismo y el pluriempleo al que se ve obligado el médico en nuestro medio. Un médico que no puede contar, a nivel institucional o privado, con facilidades para investigación se ve abocado a trabajar para mantenerse y seguir adelante, entonces su superación se ven limitada por este tipo de trabajo.
Usted como académico y profesor que ha sido de universidad, ¿cree que tenemos una buena docencia en RD y comparte los actuales planes de estudios universitarios en el área de medicina?
Nuestras universidades están bien actualizadas y podríamos dar todavía más, pero el área de investigación se encuentra limitada por lo citado anteriomente. A nivel teórico y práctico las universidades que tenemos –Unibe Intec y UASD- están bien actualizadas en sus planes de estudios y trabajan bien en ese sentido. Claro, necesitamos más del apoyo de la investigación para sobresalir en otros campos.
¿Qué ha supuesto para usted ese nombramiento?
Una gran reponsabilidad y un reto que debo encarar por lo que significa, ya que es un tiempo adicional que hay que sacar a todas las demás actividades, pero como médico y profesional requiere de mi tiempo adicional.
Trayectoria profesional
El Dr. René Miguel Báez Robiou, especializado en el área de Endocrinología General y Ginecológica, y un doctorado en Endocrinología Infantil, se graduó de Medicina por la Universidad Autómona de Santo Domingo, con honores, Cum Laude, en 1977. En 1979 ingresó a la especialidad de Endocrinología en el Instituto de Medicina de Lvov, en Ucrania, y en 1982 pasó a hacer el doctorado en Medicina en el Instituto de Investigación Clínica de Endocrinología y metabolismo de Kiev, en Ucrania. Regresó al país en 1985 y, desde entonces, ha ejercido su especialidad a nivel privado. Docente hasta 1992 en las universidades de UTESA y UNIREMOS, en materias básicas de Medicina y Endocrinología, tanto en español como en inglés. Su mandato como presidente de la Academia Dominicana de Medicina será de dos años.
El actual presidente, Dr. René M. Báez Robiou, tiene como compromiso proyectar el campo de acción de la Academia entre la clase médica, elevar su espíritu, aumentar el número de miembros y acabar con el problema financiero al encontrar una subvención decente que sustente la actividad de esta institución. El futuro suena prometedor para esta institución -fundada el 12 de agosto de 1971- cuyo objetivo es el de divulgar el quehacer científico y fortalecer los lazos entre la clase médica dominicana y la investigación.
Como nuevo presidente de la Academia Dominicana de Medicina, ¿cuáles son sus preocupaciones?
Las metas básicas son las de dar a conocer en la clase médica el campo de acción de la Academia de Medicina, porque se tiene un poco de desconocimiento sobre ella. Se ve como algo etéreo, lejano y distante, como fuera de contexto, y realmente la Academia, como en otras partes del mundo, trabaja por la unidad científico-cultural, moral y ética del médico. No hay relación gremial ni política, abarca un nivel más global.
¿Y cómo pretende lograrlo?
La directiva se está reuniendo periódicamente para llevar a cabo esta meta a través de las diferentes sociedades médicas especializadas, engre ellas la de endocrinología, cardiología, dermatología, medicina interna, y ginecología y obstetricia. La idea es abarcar todas las áreas pero a un nivel superior, sin caer en el terreno gremial o político.
Uno de los requisitos de la Academia, es que para ser miembro, precisamente, hay que tener más de diez años de trabajo profesional, y preferiblemente de dos a tres años de docencia, eso te da un aval de que esa figura tiene un soporte previo para ser académico. Claro, el grupo de académicos es, en cierto modo, limitado –actualmente tiene 32 miembros activos-. Hubo un tiempo en que la Academia intentó masificarse y abrirse, y llegó casi a los 200 miembros, pero precisamente por esa razón se diluyó su esencia y terminó volviendo a sus raíces. En los últimos años hemos estado trabajando hacia dentro para poder abrirnos. La Academia trabaja presentando temas de conferencias, no sólo en el aspecto médico sino cultural, filosófico, social y ético. La idea es nutrirse de conocimientos en un sentido global y científico.
Esta es una institucion sin fines de lucro, ¿cómo se sustenta y se mantiene?
Ese es parte del problema que ha venido arrastrando la Academia en la última década, por ser una institución sin fines de lucro y una ONG, pero sin una subvención real y contundente por parte del Estado. Manejamos un presupuesto de menos de 50 mil pesos al año, una cifra ridícula para lo que la Academia significa; armar una sola actividad para una noche se lleva casi eso. Este es uno de los proyectos inmediatos, acercarnos a la Secretaría de Estado de Cultura, de Educación y Educación Superior para que sorporten el trabajo de la Academia. Ese es el proyecto inicial en el área financiera.
Por el lado más científico queremos seguir buscando nuevos miembros; pretendemos llegar a 50 miembros y seguir trabajando en conferencias y actividades científicas y sociales dentro de la Academia.
¿Existe en RD, como pasa en otros países de América Latina, una necesidad de mejorar y perfeccionar una verdadera solidaridad del gremio médico, y debería ser este el papel de la Academia?
Este es uno de los retos a los que la Academia se ve abocada. Porque por un lado tiene la parte gremial, el Colegio Médico Dominicano, que es eminentemente gremial, pero nosotros no tenemos esa función y le dejamos ese tipo de trabajo al Colegio. Nosotros nos encargamos de la otra parte, conjuntamente con las sociedades de medicina especializadas.
Habla bastante del caracter científico de la Academia. ¿Qué tan atrasada está RD en materia de investigación médica y qué haría falta a su entender para desarrollar más este campo?
La Academia cuenta con un Museo y una Bibilioteca, pero la idea no es tener el último volumen que salió al mercado sino, por el contrario, tener el primero del que se tiene noticia a nivel nacional. El último correspondería a las sociedades especializadas y las bibliotecas de las universidades. Y así pasa con el Museo. La idea es tener en su interior ese tipo de material que no se va a conseguir en ningún otro lugar.
Por otro lado, tenemos el terreno de la investigación que, lamentablemente, en nuestro medio se ve bloqueada por el inmediatismo y el pluriempleo al que se ve obligado el médico en nuestro medio. Un médico que no puede contar, a nivel institucional o privado, con facilidades para investigación se ve abocado a trabajar para mantenerse y seguir adelante, entonces su superación se ven limitada por este tipo de trabajo.
Usted como académico y profesor que ha sido de universidad, ¿cree que tenemos una buena docencia en RD y comparte los actuales planes de estudios universitarios en el área de medicina?
Nuestras universidades están bien actualizadas y podríamos dar todavía más, pero el área de investigación se encuentra limitada por lo citado anteriomente. A nivel teórico y práctico las universidades que tenemos –Unibe Intec y UASD- están bien actualizadas en sus planes de estudios y trabajan bien en ese sentido. Claro, necesitamos más del apoyo de la investigación para sobresalir en otros campos.
¿Qué ha supuesto para usted ese nombramiento?
Una gran reponsabilidad y un reto que debo encarar por lo que significa, ya que es un tiempo adicional que hay que sacar a todas las demás actividades, pero como médico y profesional requiere de mi tiempo adicional.
¿Y cómo pretende lograrlo?
La directiva se está reuniendo periódicamente para llevar a cabo esta meta a través de las diferentes sociedades médicas especializadas, engre ellas la de endocrinología, cardiología, dermatología, medicina interna, y ginecología y obstetricia. La idea es abarcar todas las áreas pero a un nivel superior, sin caer en el terreno gremial o político.
Uno de los requisitos de la Academia, es que para ser miembro, precisamente, hay que tener más de diez años de trabajo profesional, y preferiblemente de dos a tres años de docencia, eso te da un aval de que esa figura tiene un soporte previo para ser académico. Claro, el grupo de académicos es, en cierto modo, limitado –actualmente tiene 32 miembros activos-. Hubo un tiempo en que la Academia intentó masificarse y abrirse, y llegó casi a los 200 miembros, pero precisamente por esa razón se diluyó su esencia y terminó volviendo a sus raíces. En los últimos años hemos estado trabajando hacia dentro para poder abrirnos. La Academia trabaja presentando temas de conferencias, no sólo en el aspecto médico sino cultural, filosófico, social y ético. La idea es nutrirse de conocimientos en un sentido global y científico.
Esta es una institucion sin fines de lucro, ¿cómo se sustenta y se mantiene?
Ese es parte del problema que ha venido arrastrando la Academia en la última década, por ser una institución sin fines de lucro y una ONG, pero sin una subvención real y contundente por parte del Estado. Manejamos un presupuesto de menos de 50 mil pesos al año, una cifra ridícula para lo que la Academia significa; armar una sola actividad para una noche se lleva casi eso. Este es uno de los proyectos inmediatos, acercarnos a la Secretaría de Estado de Cultura, de Educación y Educación Superior para que sorporten el trabajo de la Academia. Ese es el proyecto inicial en el área financiera.
Por el lado más científico queremos seguir buscando nuevos miembros; pretendemos llegar a 50 miembros y seguir trabajando en conferencias y actividades científicas y sociales dentro de la Academia.
¿Existe en RD, como pasa en otros países de América Latina, una necesidad de mejorar y perfeccionar una verdadera solidaridad del gremio médico, y debería ser este el papel de la Academia?
Este es uno de los retos a los que la Academia se ve abocada. Porque por un lado tiene la parte gremial, el Colegio Médico Dominicano, que es eminentemente gremial, pero nosotros no tenemos esa función y le dejamos ese tipo de trabajo al Colegio. Nosotros nos encargamos de la otra parte, conjuntamente con las sociedades de medicina especializadas.
Habla bastante del caracter científico de la Academia. ¿Qué tan atrasada está RD en materia de investigación médica y qué haría falta a su entender para desarrollar más este campo?
La Academia cuenta con un Museo y una Bibilioteca, pero la idea no es tener el último volumen que salió al mercado sino, por el contrario, tener el primero del que se tiene noticia a nivel nacional. El último correspondería a las sociedades especializadas y las bibliotecas de las universidades. Y así pasa con el Museo. La idea es tener en su interior ese tipo de material que no se va a conseguir en ningún otro lugar.
Por otro lado, tenemos el terreno de la investigación que, lamentablemente, en nuestro medio se ve bloqueada por el inmediatismo y el pluriempleo al que se ve obligado el médico en nuestro medio. Un médico que no puede contar, a nivel institucional o privado, con facilidades para investigación se ve abocado a trabajar para mantenerse y seguir adelante, entonces su superación se ven limitada por este tipo de trabajo.
Usted como académico y profesor que ha sido de universidad, ¿cree que tenemos una buena docencia en RD y comparte los actuales planes de estudios universitarios en el área de medicina?
Nuestras universidades están bien actualizadas y podríamos dar todavía más, pero el área de investigación se encuentra limitada por lo citado anteriomente. A nivel teórico y práctico las universidades que tenemos –Unibe Intec y UASD- están bien actualizadas en sus planes de estudios y trabajan bien en ese sentido. Claro, necesitamos más del apoyo de la investigación para sobresalir en otros campos.
¿Qué ha supuesto para usted ese nombramiento?
Una gran reponsabilidad y un reto que debo encarar por lo que significa, ya que es un tiempo adicional que hay que sacar a todas las demás actividades, pero como médico y profesional requiere de mi tiempo adicional.
Trayectoria profesional
El Dr. René Miguel Báez Robiou, especializado en el área de Endocrinología General y Ginecológica, y un doctorado en Endocrinología Infantil, se graduó de Medicina por la Universidad Autómona de Santo Domingo, con honores, Cum Laude, en 1977. En 1979 ingresó a la especialidad de Endocrinología en el Instituto de Medicina de Lvov, en Ucrania, y en 1982 pasó a hacer el doctorado en Medicina en el Instituto de Investigación Clínica de Endocrinología y metabolismo de Kiev, en Ucrania. Regresó al país en 1985 y, desde entonces, ha ejercido su especialidad a nivel privado. Docente hasta 1992 en las universidades de UTESA y UNIREMOS, en materias básicas de Medicina y Endocrinología, tanto en español como en inglés. Su mandato como presidente de la Academia Dominicana de Medicina será de dos años.
El actual presidente, Dr. René M. Báez Robiou, tiene como compromiso proyectar el campo de acción de la Academia entre la clase médica, elevar su espíritu, aumentar el número de miembros y acabar con el problema financiero al encontrar una subvención decente que sustente la actividad de esta institución. El futuro suena prometedor para esta institución -fundada el 12 de agosto de 1971- cuyo objetivo es el de divulgar el quehacer científico y fortalecer los lazos entre la clase médica dominicana y la investigación.
Como nuevo presidente de la Academia Dominicana de Medicina, ¿cuáles son sus preocupaciones?
Las metas básicas son las de dar a conocer en la clase médica el campo de acción de la Academia de Medicina, porque se tiene un poco de desconocimiento sobre ella. Se ve como algo etéreo, lejano y distante, como fuera de contexto, y realmente la Academia, como en otras partes del mundo, trabaja por la unidad científico-cultural, moral y ética del médico. No hay relación gremial ni política, abarca un nivel más global.
¿Y cómo pretende lograrlo?
La directiva se está reuniendo periódicamente para llevar a cabo esta meta a través de las diferentes sociedades médicas especializadas, engre ellas la de endocrinología, cardiología, dermatología, medicina interna, y ginecología y obstetricia. La idea es abarcar todas las áreas pero a un nivel superior, sin caer en el terreno gremial o político.
Uno de los requisitos de la Academia, es que para ser miembro, precisamente, hay que tener más de diez años de trabajo profesional, y preferiblemente de dos a tres años de docencia, eso te da un aval de que esa figura tiene un soporte previo para ser académico. Claro, el grupo de académicos es, en cierto modo, limitado –actualmente tiene 32 miembros activos-. Hubo un tiempo en que la Academia intentó masificarse y abrirse, y llegó casi a los 200 miembros, pero precisamente por esa razón se diluyó su esencia y terminó volviendo a sus raíces. En los últimos años hemos estado trabajando hacia dentro para poder abrirnos. La Academia trabaja presentando temas de conferencias, no sólo en el aspecto médico sino cultural, filosófico, social y ético. La idea es nutrirse de conocimientos en un sentido global y científico.
Esta es una institucion sin fines de lucro, ¿cómo se sustenta y se mantiene?
Ese es parte del problema que ha venido arrastrando la Academia en la última década, por ser una institución sin fines de lucro y una ONG, pero sin una subvención real y contundente por parte del Estado. Manejamos un presupuesto de menos de 50 mil pesos al año, una cifra ridícula para lo que la Academia significa; armar una sola actividad para una noche se lleva casi eso. Este es uno de los proyectos inmediatos, acercarnos a la Secretaría de Estado de Cultura, de Educación y Educación Superior para que sorporten el trabajo de la Academia. Ese es el proyecto inicial en el área financiera.
Por el lado más científico queremos seguir buscando nuevos miembros; pretendemos llegar a 50 miembros y seguir trabajando en conferencias y actividades científicas y sociales dentro de la Academia.
¿Existe en RD, como pasa en otros países de América Latina, una necesidad de mejorar y perfeccionar una verdadera solidaridad del gremio médico, y debería ser este el papel de la Academia?
Este es uno de los retos a los que la Academia se ve abocada. Porque por un lado tiene la parte gremial, el Colegio Médico Dominicano, que es eminentemente gremial, pero nosotros no tenemos esa función y le dejamos ese tipo de trabajo al Colegio. Nosotros nos encargamos de la otra parte, conjuntamente con las sociedades de medicina especializadas.
Habla bastante del caracter científico de la Academia. ¿Qué tan atrasada está RD en materia de investigación médica y qué haría falta a su entender para desarrollar más este campo?
La Academia cuenta con un Museo y una Bibilioteca, pero la idea no es tener el último volumen que salió al mercado sino, por el contrario, tener el primero del que se tiene noticia a nivel nacional. El último correspondería a las sociedades especializadas y las bibliotecas de las universidades. Y así pasa con el Museo. La idea es tener en su interior ese tipo de material que no se va a conseguir en ningún otro lugar.
Por otro lado, tenemos el terreno de la investigación que, lamentablemente, en nuestro medio se ve bloqueada por el inmediatismo y el pluriempleo al que se ve obligado el médico en nuestro medio. Un médico que no puede contar, a nivel institucional o privado, con facilidades para investigación se ve abocado a trabajar para mantenerse y seguir adelante, entonces su superación se ven limitada por este tipo de trabajo.
Usted como académico y profesor que ha sido de universidad, ¿cree que tenemos una buena docencia en RD y comparte los actuales planes de estudios universitarios en el área de medicina?
Nuestras universidades están bien actualizadas y podríamos dar todavía más, pero el área de investigación se encuentra limitada por lo citado anteriomente. A nivel teórico y práctico las universidades que tenemos –Unibe Intec y UASD- están bien actualizadas en sus planes de estudios y trabajan bien en ese sentido. Claro, necesitamos más del apoyo de la investigación para sobresalir en otros campos.
¿Qué ha supuesto para usted ese nombramiento?
Una gran reponsabilidad y un reto que debo encarar por lo que significa, ya que es un tiempo adicional que hay que sacar a todas las demás actividades, pero como médico y profesional requiere de mi tiempo adicional.