Tras las rejas se forja un futuro de quienes apuestan por una segunda oportunidad

En Salcedo los internos han encontrado en los talleres penitenciarios una nueva forma de comenzar

Más de 2,000 privados de libertad en el país se forman en alguno de los 34 oficios disponibles y estudian desde la alfabetización hasta la universidad

Internos trabajan en la elaboración de una cama en el taller de ebanistería en la carcel de Salcedo. (Diario Libre/Luduis Tapia)

Cada mañana el olor a pan caliente que sale desde la cárcel de Salcedo despierta el pueblo. Atraídos, los vecinos y comerciantes llegan hasta la Fortaleza Juana Núñez por la frescura del producto elaborado por los privados de libertad, quienes entre hornos encendidos, madera cortada y chispas de soldadura, buscan convertir el encierro en una segunda oportunidad.

El centro, diseñado para albergar apenas 60 internos mantiene una población de 196, entre ellos 15 mujeres operando con una sobreocupación superior al 226 %. En medio de su hacinamiento, 33 reclusos entre 25 y 60 años han encontrado en el trabajo y los talleres penitenciarios una forma de reconstruir hábitos, adquirir oficios y mantenerse activos sirviendo de escuela para su libertad.

El sistema penitenciario es una especie de taller para reparar lo que se dañó y regresarlo en mejores condiciones. Si el Estado no logra eso, entonces ha fracasadoJosé Manuel AriasTitular de la Segunda Sala del Tribunal de Ejecución de la Pena del Departamento Judicial de San Cristóbal, con sede en Peravia“

El magistrado recuerda que en el país no existen la pena de muerte ni la cadena perpetua, por lo que toda persona condenada volverá algún día a la sociedad. De ahí la importancia de que el tiempo en prisión no se limite al cumplimiento de la sentencia, sino que también contribuya a prepararlas para la vida fuera.

Este propósito está contenido en el artículo 40, numeral 16, de la Constitución dominicana, que orienta las penas privativas de libertad hacia la reeducación y la reinserción social. En esa misma dirección, la Ley núm. 113-21, que regula el sistema penitenciario y correccional, establece estos objetivos como parte de su marco normativo.

Diecisiete años de levadura

"El taller ha sido mi refugio. Yo misma me sorprendí de lo que era capaz. He aprendido repostería, panadería y a valorar el trabajo diario", confiesa María Magdalena, quien ingresó al penal a los 46 años y hoy, con 17 años recluida es la encargada de panadería liderando la producción de más de 35 fundas diarias, equivalentes a 210 semanales. Cada pan lo venden a cinco pesos y la funda a 60 pesos.

Por su trabajo recibe un ingreso de 4,000 pesos mensuales que administra con rigurosidad. Le faltan tres años para cumplir su condena, pero su mente ya cruzó los muros.

El pan, para ella, fue el ingrediente que le devolvió la dignidad antes de que llegue el dictamen de esa libertad física con la que sueña fundar un negocio familiar junto a sus compañeros.

El abogado de la caoba

A varios metros de la panadería, entre el chirrido de las sierras y el polvo de las lijadoras, José Miguel, de 42 años, ensambla junto a sus compañeros un comedor.

Hace más de una década que cruzó por primera vez el portón de la cárcel de Salcedo, sin saber distinguir una madera de otra. Hoy, dirige uno de los talleres más activos del recinto, ebanistería.

José Miguel, encargado del taller de ebanistería de la Fortaleza Juana Núñez, habla sobre su proceso de transformación durante los años que ha permanecido en prisión y los conocimientos que ha adquirido en el oficio de la madera. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
Internos trabajan en la fabricación de una cama. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
Manuel trabaja en el taller de ebanistería junto a José Miguel. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)

Sin embargo, su obra más perfecta dice no es un mueble, camas y puertas sino poder costear su carrera de Derecho en la universidad, un objetivo que persigue debido a su transformación conductual, que le permitió obtener del Poder Judicial un permiso para estudiar y trabajar en libertad, sin custodia.

Este oficio lo aprendí y lo perfeccioné aquí a través de las capacitaciones. El saber que uno tiene la capacidad de crear algo con sus manos te cambia la perspectiva como ser humanoJose MiguelInterno de la Fortaleza Militar Juana Núñez“

Cuando salga, piensa seguir laborando en su taller, "pero también voy a ejercer en los tribunales como abogado", afirma al hablar con entusiasmo en sus planes a futuro.

Perfiles como el de José Miguel son los que un juez de ejecución de la pena evalúa cuando un interno solicita una medida que le permita avanzar hacia su reinserción social.

Los cursos realizados, el trabajo en los talleres y la conducta durante el encierro figuran entre los elementos que un magistrado toma en cuenta para valorar la solicitud. Aunque, la capacitación no garantiza una decisión favorable, puede distinguir el expediente de quien aprovechó el tiempo en prisión y los que no se involucraron en actividades formativas.

“No es lo mismo para mí otorgar un permiso laboral o una libertad condicional a un interno que no tenga ningún tipo de oferta académica que a un interno con un buen perfil, que haya aprovechado el tiempo ligado a su conducta”, afirma el juez Arias.

Privados de libertad reciben formación académica de secundaria y bachillerato en cárcel de Salcedo. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
Consejo de la Reforma Penitenciaria realiza seguimiento de perfiles entre los internos para evaluar su salud mental y su ubicación en los talleres. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)

El titular de la pena cita dos casos de personas condenadas a 30 años de prisión. Una, que ha cumplido 28 años, ha recibido cuatro negativas a su solicitud de libertad condicional y, según Arias, nunca realizó cursos ni se integró a las actividades del centro. La otra obtuvo un permiso laboral tras cumplir 14 años de reclusión luego de completar decenas de capacitaciones y acumular salidas sin intentar fugarse.

Aunque la ley establece un tercio de la condena para penas de hasta cinco años y un cuarto para las superiores, su concesión requiere valorar las circunstancias de cada caso.

El magistrado Arias reconoce que el temor a la reacción pública puede influir en la disposición de algunos jueces a otorgar beneficios, sin embargo advierte que negarlo a quien se ha preparado también puede enviar una señal desfavorable a los demás internos. “Tambien dejas un mensaje, los demás dirían: ¿de qué sirve prepararse?”.

Economía entre muros

Más allá de servir como entretenimiento, los talleres penitenciarios han creado una dinámica económica, donde los ingresos generados en estos espacios permiten a los reclusos ahorrar para cuando recuperen su libertad y contribuir a sus gastos personales y familiares.

Los 33 internos de Salcedo participan en estas actividades distribuidos entre los huertos (siete), las labores agrícolas en una finca (siete), la ebanistería (cinco), la panadería (cuatro), la granja avícola (tres), la herrería (tres), la peluquería (tres) y la zapatería (uno).

Los reclusos elaboran productos, reciben encargos, cotizan materiales y mantienen contacto directo con clientes del municipio que buscan pan, muebles, trabajos de soldadura o productos agrícolas, e incluso llegando a ser los capataces y encargados. Este modelo busca que la reinserción social no sea una utopía jurídica de escritorio ni un frío párrafo constitucional.

Lo que producen tiene mercado, según datos suministrados por el recinto, un juego de comedor llegó a venderse en RD$ 20,000 y uno de sofás en RD$10,000.

El dinero generado por los trabajos el centro los dividen bajo un esquema de un 90% para el interno en el cual 50 %  se destina para su libertad; un 40 % queda disponible a gastos personales, el apoyo a su familia o compra de materiales, y el 10 % se entrega a la cárcel.

Ese ahorro se deposita en una cuenta individual en una cooperativa, explica Linabel González, miembro del Consejo Provincial de Reforma Carcelaria y directora de la Oficina Provincial para el Desarrollo de la Mujer. Con ese dinero, algunos exreclusos han iniciado un negocio propio y otros han contado con un respaldo mientras buscaban empleo.

Este mecanismo se enmarca a los propósitos de la distribución prevista en el artículo 21 de la Ley núm. 113-21, aunque con variaciones respecto a la norma.

 La ley establece un 50 % para la manutención de familiares o personas designadas por el interno, un 20 % para un fondo de reserva que se entrega al momento de salir, otro 20 % para el sistema correccional y el mantenimiento del centro, y un 10 % para uso personal.

Si no hay familiares a quienes apoyar, la parte correspondiente se suma al fondo de reserva.

Para nosotros es vital lograr en cada una de las personas privadas de libertad una reinserción social efectiva. Que el tiempo en prisión sea beneficioso, que aprendan un oficio o puedan estudiar. Muchos ingresan al centro iletrados y, dependiendo del tiempo de reclusión, logran hasta cursar una carrera universitariaAnyari GómezDirectora del centro.“

Oficios tras las rejas: el alcance nacional

La experiencia de Salcedo forma parte de una oferta productiva más amplia, aunque las cifras nacionales muestran diferencias entre los tipos de actividades disponibles.

De acuerdo con datos de la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC) suministrados a Diario Libre, el sistema registra 2,106 participaciones en 34 actividades productivas.

Las actividades de artesanía y textiles reúnen 906 participaciones, el 43 % del total, encabezadas por las manualidades (324), la costura y sastrería (115) y la elaboración de pulseras (115). El segundo gran bloque es la belleza que acumula 454 beneficiarios.

La peluquería, la barbería y los salones de belleza suman 376, ubicándose entre los de mayor participación dentro de las áreas productivas, mientras la tierra ocupa a 231 internos, el 11 %, casi todos en huertos (212), como los que se cultivan en Salcedo.

En cambio, los oficios técnicos que requieren talleres equipados y maquinaria, como tapicería, mecánica, ebanistería, herrería y refrigeración, reúnen apenas 173 participaciones, el 8.2 % del total.

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Las aulas del sistema 

La DGSPC reporta 13,519 participaciones en programas educativos en 40 recintos, donde 21 centros son del nuevo modelo de gestión (CCR) y concentran 8,353, el 61.8 %, mientras 19 cárceles pertenecen al modelo tradicional (CPL) y suman 5,166, el 38.2 %.

El Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) encabeza la oferta con 4,042 inscripciones, seguido de la primaria (3,134), la secundaria a través del programa Prepara (2,698), la alfabetización (984), los círculos de lectura (806), la escuela vocacional (797), la escuela laboral (585) y la educación superior (473).

Cada certificado que hoy reciben representa mucho más que un oficio, es la evidencia de que la formación técnica profesional puede transformar vidas, fortalecer la confianza en las capacidades de cada persona y abrir nuevas oportunidades de reinserciónMaira Margarita Morla PinedaDirectora de Infotep“

Internos forman internos ante déficit

La falta de instructores especializados ha llevado a que algunos internos asuman la formación de sus compañeros.  

En la granja avícola de Salcedo, Luis Fernando Figueroa y Manuel Villar aplican conocimientos veterinarios adquiridos antes de su reclusión y capacitan a quienes deberán continuar las labores.

 “Aquí estamos capacitando a otros internos, les enseñamos lo que ya aprendimos para que ellos también se preparen. Al momento de retirarnos de acá, tiene que quedar alguien haciendo este trabajo para que esto siga evolucionando y creciendo. Esa es la idea principal”, explica Figueroa.

Dos internos trabajan en la granja avícola de la Fortaleza Juana Núñez, donde desarrollan técnicas de producción animal como parte de su proceso de capacitación y reinserción social. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
Granja avícola de la Fortaleza Juana Núñez, en Salcedo. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
Gallinas en la granja de la Fortaleza Juana Núñez. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)

No todos los talleres, sin embargo, han logrado mantenerse activos, entre ellos barbería y belleza operan con equipos limitados, mientras que la fabricación de ataúdes y muebles escolares quedó paralizada tras la pandemia, en medio de la pérdida de apoyo estatal y de clientes.

El Consejo Provincial de Reforma Carcelaria y Reinserción Sociolaboral propone recuperar los encargos de reparación de pupitres del Ministerio de Educación y explorar acuerdos para que la panadería abastezca productos destinados a la merienda escolar.

También enfrenta dificultades para organizar las actividades agrícolas y pecuarias, debido a los permisos para trabajar fuera del recinto, la sobrepoblación y la llegada de internos de otras provincias.

Luciano Bertozzo, coordinador de la Oficina Técnica del Consejo, atribuye parte de estos obstáculos a la centralización de las decisiones y al debilitamiento de los vínculos con las organizaciones locales, cuya participación ha sido importante para sostener los programas desde la creación del organismo en 2008, precedida por iniciativas provinciales iniciadas en 1991.

El acceso también está condicionado por la capacidad de identificar las habilidades de cada interno y adecuar la oferta formativa. En los centros del modelo tradicional (CPL), este proceso apenas comienza con la implementación de un protocolo para evaluar los perfiles y las destrezas de la población penitenciaria, mientras que los centros de corrección y rehabilitación (CCR) cuentan con equipos destinados a esa tarea.

Los que no volvieron

La verdadera prueba de la efectividad de cualquier programa no ocurre dentro de las celdas, sino fuera de ellas, en la capacidad de los exinternos para reintegrarse en la comunidad y mantenerse alejados de la reincidencia.

Según datos del recinto durante la visita de Diario Libre, en los últimos diez años al menos 23 internos egresaron con formación técnica en ebanistería, panadería, soldadura entre otros.

El personal lo atribuye al seguimiento del Consejo Provincial de Reforma Carcelaria y al apoyo comunitario, que han permitido a los expresidiarios encontrar oportunidades laborales tras recuperar su libertad, donde el centro señala una reincidencia del 2%.

Un ejemplo vivo de este puente invisible es José Adelso Camilo, de 34 años, quien a los 22 años ingresó a la cárcel para cumplir una condena de 12 años.Se desempeñó como capataz de medioambiente, estudió electricidad y refrigeración con el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) y otros centros aliados como Go-ministre y Vocacional de Moca.

Hoy, José levanta la careta de soldar en el taller de herrería de Jeury Tejada, otro exrecluso, que cumplió siete años de cárcel, abrió un negocio con lo aprendido en los talleres penitenciarios y contrató a antiguos compañeros como empleados.

“Para mí el centro fue lo mejor que me pudo pasar. Si hubiese seguido en la calle quizás estuviese muerto, pero hoy tengo 18 cursos técnicos de los que puedo seguir viviendo, otra mentalidad, mi taller de herrería, mi familia, y estoy demostrando que se puede cambiar y decidir hacer las cosas diferentes”, dice Jeury.

José, exinterno de la cárcel de Salcedo levanta un hierro en el taller de Jeury, el propietario y tambien antiguo recluso. Ambos aprendieron electricidad y herrería. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
Jeury creó su propio negocio tras los conocimientos adquiridos en el taller de herrería de la cárcel de Salcedo y otras capacitaciones técnicas. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
José y Jeury hablan de cómo ha sido su reinserción tras cumplir condenas de siete y 12 años en prisión. Por (Diario Libre/Luduis Tapia)
Salí siendo otra persona mentalmente -reflexiona José- gracias a lo vivido y aprendido ahí dentro. En la cárcel le ponen a uno otro énfasis que afuera uno no valora. Aprendí a controlar las emociones y los impulsos. Hoy sé que hay dos caminos, y soy el único responsable de mantenerme en el camino positivo “

Instan crear puentes laborales para exreclusos

Para Rodolfo Valentín, titular de la Defensa Pública, la formación penitenciaria debe responder a las oportunidades reales del mercado laboral y contar con materiales, equipos y certificaciones que acrediten las competencias adquiridas.

A su juicio, la reinserción no puede depender exclusivamente de la administración de los recintos, sino de la coordinación entre el Poder Judicial, las instituciones públicas, las empresas privadas, los centros educativos y las comunidades, por lo que llama a las autoridades judiciales a mantener el acompañamiento después de la excarcelación mediante orientación laboral, vínculos con empleadores y asesoría para emprender.

La documentación de los cursos y la formación aprendida también resulta relevante para que los avances de cada persona puedan comprobarse durante la ejecución de la pena. En ese sentido, plantea la necesidad de actualizar la oferta formativa, dar continuidad a los programas interrumpidos y reincorporar aquellos que han quedado rezagados, a fin de ampliar las oportunidades de capacitación y garantizar que toda la población penitenciaria pueda incorporarse y evitar el ocio.

El verdadero reto es conectar la formación que recibe durante la privación de libertad con oportunidades reales al recuperar su libertad»Rodolfo ValentíTitular de la Defensa Pública“
Atrapados en el hacinamiento

Con una inversión proyectada de 65 millones de pesos, el centro penitenciario espera concluir antes de finalizar el año una remodelación que elevaría su capacidad a 220 internos y contribuiría a reducir el hacinamiento.Sin embargo, la ampliación de los espacios físicos no resuelve por sí sola uno de los mayores desafíos del sistema que consiste garantizar que la reinserción social deje de ser una oportunidad para unos pocos y alcance a una mayor parte de la población penitenciaria.

Egresada de la Universidad Católica Santo Domingo. Apasionada por el periodismo humano, con experiencia destacada en temas políticos, culturales y de moda.