La lista de mujeres asesinadas sigue creciendo ante la indiferencia social
En buena medida, la justificación del feminicidio y la de las ejecuciones extrajudiciales se interceptan. La vida vale cada vez menos en el país
«Eso pasa seguirá pasando en aumento porque la ley le de demasiado poder a la mujer y el único escape que el hombre ve es terminar con la vida de la mujer porque el sabe que cono quiera se va a joder, si no hay salida pues yo haré lo que entienda que yo gano y esa es el pensamiento de un hombre acorralado».
Respeté la sintaxis y la ortografía del comentario a la información sobre uno de los feminicidios ocurridos en este último trimestre escrita, como es costumbre, en lenguaje policial. No es el único. Comentarios como este inundan las redes. La inmensa mayoría están hechos por hombres, aunque no falta una buena cantidad de mujeres.
Podríamos analizar lo que subyace a cada palabra, porque cada una de ellas significa. Como un todo, expresa lo que la cultura masculina inocula en los individuos: los derechos concedidos por la ley a las mujeres han ido demasiado lejos. La lectura es, por tanto, política. El régimen patriarcal pervierte las nociones de derecho y de poder, no solo respecto a las mujeres, sino en general. En buena medida, la justificación del feminicidio y la de las ejecuciones extrajudiciales se interceptan. La vida vale cada vez menos en el país. Los derechos, cualquier derecho, son una abstracción.
Erradicar el pensamiento que justifica la muerte violenta obliga a dinamitar el andamiaje que sostiene la ideología patriarcal y el autoritarismo, dos caras de una misma moneda. Pero lejos de darse a la tarea, el Estado refuerza la cultura del desprecio por la vida y enaltece el poder absoluto. Lo escribe el comentarista: el único escape del hombre es matar a la mujer, es decir, anular el poder concedido por la ley haciendo prevalecer el suprapoder masculino sobre su vida. Lo dice el presidente Abinader a los delincuentes: la disyuntiva es entregarse o morir. El derecho constitucional a la vida no cuenta.
Un tío de Loyca Alvarado Adames unió en una frase ambas expresiones de la violencia masculina: «Para matar sí hay hora, pero para recibir una querella, no».
- Ella se llamaba María Salmo Pierre
Tenía 29 años. Era madre de tres hijos. La mató de un disparo su pareja, quien se suicidó. La víctima advirtió mediante una nota de voz a su madre que estaba siendo amenazada de muerte por él, por lo que acudiría al día siguiente a la policía a poner una denuncia. No tuvo tiempo de hacerlo. Durante el velatorio, los familiares consultados repitieron que el feminicida no era un hombre violento. Sin embargo, admitieron que la pareja tenía conflictos por los celos del hombre. Ocurrió el 4 de julio en el sector Los Casabes, en Los Guaricanos, municipio Santo Domingo Norte.
- Ella se llamaba Felicia Ramírez Capellán
Tenía 46 años. Era trabajadora doméstica. Su feminicidio fue un acto de violencia vicaria cometido por encargo de la expareja de una de sus hijas. El hombre había amenazado a esta con «darle por donde más doliera». Su cuerpo presentaba signos de tortura, golpes en la cabeza y varias puñaladas. La policía determinó que el feminicida alquiló un vehículo para el secuestro de la víctima y pagó diez mil pesos a un tercero para que le diera muerte. Ocurrió el 7 de julio en el sector Yabanal, provincia La Vega.
- Ella se llamaba Catherine Rosario Gutiérrez
Tenía 35 años. Trabajaba como secretaria en un dealer propiedad del feminicida, padre de su hijo de siete años. El hombre utilizó un arma de fuego para quitarle la vida. Residentes en Santo Domingo, donde estaba ubicado el negocio, habían viajado a Nagua para visitar a familiares de ella. El feminicida se entregó a la policía. Ocurrió el 12 de julio en Las Gordas, Nagua, provincia María Trinidad Sánchez.
- Ella se llamaba Dahiana Paulino Santos
Tenía 24 años. La mató de un balazo su expareja, padre de sus tres hijos, con quien convivió durante 11 años. Un caso más de unión temprana entre una menor y un adulto, considerado violación por las leyes dominicanas. El feminicida se disparó a la cabeza y murió días después. De acuerdo con familiares de la víctima, la separación sobrevino a causa de los malos tratos que recibía. Sintiéndose amenazada, horas antes de su asesinato solicitó una orden de alejamiento. Frente a la evidencia de que la mataría, la joven intentó vanamente huir de su agresor. Ocurrió el 27 de julio en el sector Aguas Vivas, en el municipio de Las Guáranas, provincia Duarte.
- Ella se llamaba Alicia (Francisca) Antonio Pierre.
Tenía 31 años. Trabajaba en una empresa productora de aceite de palma. La mató a machetazos su expareja, padre de dos de sus tres hijos, quien se entregó a la policía varios días después del crimen. Aunque separados, compartían la casa: ella en la parte delantera y él, en la trasera. Vecinos de la víctima relataron que el feminicida la acosaba y amenazaba constantemente. La conducta agresiva se intensificó cuando la joven comenzó a trabajar, a lo que él se oponía. Ocurrió el 4 de agosto en el paraje La Plumita, municipio Los Llanos, provincia San Pedro de Macorís.
- Ella se llamaba Aurelina Valdez
Tenía 30 años. Tenía tres hijos. Se ganaba la vida vendiendo víveres y verduras en un pequeño puesto, y desayuno a transeúntes. Soñaba con ser enfermera. La mató a balazos su expareja, de quien estaba separada desde hacía dos semanas. Descrito como enfermizamente posesivo, el feminicida esperó que ella fuera a la casa de su madre, a quien llevaba a la iglesia todos los jueves, para dispararle. Ya herida, ella logró hacer una llamada telefónica para pedir auxilio, pero él la remató. El feminicida también hirió en un brazo a la madre de su víctima. Ocurrió el 20 de agosto en la comunidad La Cuesta del Jobo, en Yamasá, provincia Monte Plata.
- Ella se llamaba Yenny Altagracia Rodríguez
Tenía 32 años. Murió a golpes y presuntamente violada por un primo. La mujer, residente en una apartada comunidad rural, habría salido al colmado a comprar alimentos para la cena; el asalto ocurrió al regreso. En principio se acusó del feminicidio a dos haitianos, lo que originó una fuerte reacción contra los inmigrantes. Dos días después, la policía mató al feminicida. Aunque las notas periodísticas no lo recogen, uno de los vecinos menciona por lo menos a una hija. Ocurrió el 29 de agosto en La Jagua Abajo, Jánico, provincia de Santiago.
- Ella se llamaba Esther Salomón
Tenía 26 años. Trabajaba como agente penitenciaria en la cárcel de Najayo. La mató de trece puñaladas su expareja, padre del más pequeño de sus cuatro hijos. De acuerdo con la versión de allegados, el feminicida se presentó al lugar donde su víctima compartía con amigos y la atacó. Ocurrió el 30 de agosto en Los Bajos de Haina, provincia San Cristóbal.
- Ella se llamaba Yanely Yohanna Soto
Tenía 42 años. Trabajaba en una banca de apuestas. Tenía dos hijos. Su pareja esperó a que terminara su jornada, entró al local y la golpeó repetidas veces en la cabeza con un martillo. Moriría seis días después. Ella había comentado su intención de separarse debido a los malos tratos. La joven fue encontrada al día siguiente por una compañera de trabajo que acudió al local al notar que no había hecho el reporte habitual. El ataque ocurrió el 6 de septiembre en el sector San Carlos, Distrito Nacional.
- Ella se llamaba Mardalisa Lebrón Vicioso
Tenía 54 años. Trabajaba como conserje en una empresa consultora. La mató a puñaladas su pareja. Los medios se limitaron a publicar la nota de la policía en la que se decía que el feminicida estaba bajo los efectos del alcohol cuando cometió el crimen. No apareció ningún otro dato sobre ella. Ocurrió el 20 de septiembre en el sector Campechito Segundo, en Santo Domingo Norte.
- Ella se llamaba Jaline Sylverin
Tenía 35 años. Era madre de una niña. Se encontraba preparando la cena cuando su pareja la golpeó y le oprimió fuertemente el cuello. Ella logró escapar y, posteriormente, regresó a su casa. En la madrugada tuvo serias dificultades para respirar y falleció. El informe médico preliminar atribuyó la muerte a estrangulación. Ocurrió el 24 de septiembre en Villa La Ñoña, en el distrito municipal de Chirino, provincia Monte Plata.
- Ella se llamaba Loyca Alvarado Adames
Tenía 37 años. Era contadora. Tenía una hija. La mató de un balazo su expareja, contra la cual había intentado conseguir una orden de protección. La joven acudió temprano al salón de belleza, donde habría recibido una llamada del feminicida, quien estaba estacionado frente al negocio. Cámaras de vigilancia captaron el momento en que ella sube al vehículo, presuntamente para recibir un celular nuevo en sustitución del que le había roto. Fue la última imagen de ella con vida. Denunciada como desaparecida por su familia, la policía les dijo que debían esperar las 24 horas reglamentarias para iniciar la búsqueda. Lo que encontraron al día siguiente fue su cadáver. Ocurrió el 27 de septiembre entre Santo Domingo y San Cristóbal.