Obesidad: Lo que el tamaño de su cintura puede revelar sobre su salud
En la actualidad, el riesgo se mide por la distribución de la grasa corporal, especialmente en el abdomen
Durante décadas, la báscula fue la principal referencia para determinar si una persona tenía obesidad. Hoy, los médicos sostienen que existe un indicador que puede decir mucho más sobre el estado de salud de un paciente: el tamaño de su cintura.
Más que el número que refleja el peso corporal, la distribución de la grasa se ha convertido en una de las herramientas más importantes para identificar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión y daños en órganos como el hígado, el páncreas e incluso el corazón.
Así opinaron especialistas nacionales e internacionales durante el summit "Más allá de la obesidad", organizado por Adium Pharma y Cleveland Clinic, donde coincidieron en que el abordaje de esta enfermedad atraviesa un cambio de paradigma: el objetivo ya no es únicamente que el paciente pierda peso, sino prevenir las complicaciones asociadas a la grasa visceral y garantizar un tratamiento sostenible en el tiempo.
La endocrinóloga Maricela Ramírez explicó que el tejido adiposo acumulado alrededor de los órganos internos representa el mayor riesgo para la salud, debido a que favorece alteraciones metabólicas que pueden evolucionar silenciosamente durante años.
"Ya no estamos buscando cuánto pesa el paciente, sino cómo está distribuido, precisó.
La especialista indicó que, para la población latinoamericana, el perímetro de cintura recomendado es inferior a 80 centímetros en las mujeres y 90 centímetros en los hombres. Otro parámetro utilizado es que la cintura no sobrepase la mitad de la estatura.
"El mayor riesgo lo representa el cuerpo tipo manzana", afirmó, al señalar que la acumulación de grasa en la región abdominal incrementa considerablemente la posibilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Ramírez advirtió que muchas personas pueden encontrarse en una etapa preclínica de la obesidad, en la que todavía no presentan síntomas evidentes, pero ya existe daño metabólico que aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.
"El estadío va a determinar el riesgo de morbilidad de ese paciente", sostuvo.
Según comentó, conforme la enfermedad avanza, comienzan a aparecer alteraciones en los niveles de glucosa, hipertensión arterial y, posteriormente, enfermedades como diabetes, infertilidad, accidentes cerebrovasculares y daños irreversibles en órganos.
No es falta de voluntad
Uno de los puntos en los que coincidieron los especialistas fue la necesidad de eliminar el estigma que durante años ha acompañado a las personas con obesidad.
La directora del Departamento de Endocrinología del Hospital Marcelino Vélez Santana, Hilda Escaño, afirmó que todavía persiste la creencia de que las personas con obesidad simplemente "no tienen disciplina", cuando en realidad se trata de una enfermedad compleja que modifica múltiples mecanismos biológicos.
"La obesidad no es una cuestión de voluntad, no es una falla en el carácter del paciente”, destacó.
Relató que, cuando una persona pierde peso, el organismo responde aumentando la producción de grelina, la hormona relacionada con el hambre, y disminuyendo hormonas como la leptina y el GLP-1, responsables de producir sensación de saciedad.
Ese mecanismo hace que recuperar el peso perdido sea mucho más fácil que mantener los resultados alcanzados.
Por ello, insistió en que los tratamientos rápidos y las llamadas "dietas milagrosas" rara vez ofrecen resultados permanentes.
En lugar de ello, recomendó construir hábitos sostenibles mediante educación nutricional, actividad física, apoyo psicológico y seguimiento médico continuo.
Entre las recomendaciones mencionó realizar 150 minutos de actividad física por semana, incorporar ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana y evitar las dietas extremadamente restrictivas.
También sugirió estrategias sencillas como caminar diez minutos después de cada comida, registrar diariamente los alimentos consumidos y evitar acudir al supermercado con hambre para disminuir las compras impulsivas.
"La obesidad nunca se va a curar", afirmó.
Según dijo, el éxito del tratamiento depende de entender que se trata de una enfermedad crónica que requiere seguimiento indefinido y una red de apoyo integrada por familiares y profesionales de distintas áreas de la salud, incluyendo seguimiento a la salud mental del paciente.
El verdadero reto comienza después de adelgazar
Si perder peso representa un desafío, conservar esa pérdida resulta aún más difícil.
Así lo explicó el endocrinólogo de Cleveland Clinic Marcio Griebeler, quien aseguró que la mayoría de los pacientes experimenta una reducción importante del peso durante los primeros meses de tratamiento, pero luego enfrenta una etapa mucho más compleja.
"Hay una fase inicial que dura de tres a seis meses donde normalmente se evidencia mucha pérdida de peso, pero luego viene la fase de mantenimiento indefinido", sostuvo.
Griebeler resaltó que esa segunda etapa no tiene un tiempo determinado.
- "El reto es quedarse en ese bajo peso a lo largo de la vida del paciente”, agregó.
El doctor indicó que adelgazar también implica perder masa muscular, razón por la cual la alimentación debe ajustarse cuidadosamente para preservar la fuerza y evitar complicaciones.
Por ello, consideró indispensable que el tratamiento involucre endocrinólogos, nutricionistas, psicólogos, especialistas en sueño, hepatólogos y fisiatras.
El especialista destacó, además, que el tratamiento farmacológico de la obesidad ha experimentado una transformación significativa durante los últimos cinco años y estimó que en el próximo quinquenio podrían incorporarse alrededor de 15 nuevos medicamentos para combatir esta enfermedad.
Respecto a los medicamentos basados en GLP-1, señaló que presentan muy pocas contraindicaciones cuando son correctamente indicados, aunque insistió en que deben utilizarse bajo estricta supervisión médica.
El costo sigue siendo una barrera
A pesar de los avances terapéuticos, el acceso continúa siendo uno de los principales desafíos.
Ramírez resaltó que los tratamientos farmacológicos para la obesidad pueden oscilar entre RD$16,000 y RD$20,000 mensuales, dependiendo del medicamento indicado para cada paciente.
A esto se suma que muchas aseguradoras todavía no ofrecen cobertura para tratar la obesidad ni las enfermedades asociadas, como la apnea obstructiva del sueño, condición que afecta a una gran cantidad de pacientes provocando sensación de asfixia en las noches.
Griebeler coincidió en que precisamente quienes más necesitan estos tratamientos suelen ser quienes enfrentan mayores dificultades económicas para costearlos.
Un cambio de paradigma
Los especialistas llamaron a entender que el tratamiento de la obesidad ya no puede medirse únicamente por la cantidad de libras perdidas.
El éxito, señalaron, depende de reducir el riesgo cardiovascular, proteger órganos vitales, preservar la masa muscular y lograr que el paciente mantenga hábitos saludables durante toda la vida.
"El futuro no es solo tratar la obesidad. La meta es cambiar el sistema", concluyó Griebeler.