¿Tiene ideología el espacio urbano?

Malecón de Santo Domingo.

Si se lee sin mucha atención, la pregunta podría festinar respuestas o mal interpretarse y producir otras peores. Otras maneras de expresar la pregunta podrían generar otras interpretaciones porque por sí solo es muy difícil que lo tenga, heredado o conscientemente, concebido. Pero persistiendo en el tema, las formulaciones podrían variar y ésta podría ser una de ellas... ¿Puede ideologizarse el espacio urbano? Por supuesto que sí.

En la pasada campaña electoral se percibieron espacios graficados de tal manera que de alguna forma hacieron trascender una intención ideológica aunque en realidad se esté muy distante de cualquier balbuceo de carácter semiótico por la carencia de significado.

 

El recurso propagandístico del color y los grafismos alusivos a las tendencias preferidas por los votantes, pudieron inducir a crear fugaces sensaciones de comunicación que las más de las veces se ven, pero no se miran y si se miran no permean la psiquis hasta lograr hilar un lenguaje de significado simbólico por lo expresado.

Hubo, en el pasado (y las debe haber actualmente), gente que sin haber estudiado la fenomenología del comportamiento de masas lograron con sus trabajos escénicos hipnotizar a multitudes al extremo de crear con miles de personas, vastas extensiones de silencios, o corales de espanto casi fúnebre. Los nazis, copiando la férrea disciplina histórica de los romanos, conservaron esa hereditaria manera de manipular grandes concentraciones militares e impusieron un estilo del que no se han podido zafar las fuerzas armadas de ningún país del mundo, obviamente algunas haciendo el ridículo y caricaturizando la marcialidad.

Nuestro Malecón es el lugar apetecido por las multitudes y ofrecido por los organizadores de masivas concentraciones como el gran espacio de encuentro. Pero carece de ceremonialidad. No se logra enfatizar porque el mar lo diluye de un lado y su pobre arquitectura lo hace del otro lado. Y que conste. Tanto el obelisco como el Monumento a la Independencia Financiera pudieron haber jugado algún protagónico papel escenográfico en un tinglado que hubiera sido resultado de un estudio pormenorizado de masas que solo fue posible en la dictadura de Trujillo.

Luego hay en Santo Domingo grandes corrales. El redil de "La Feria Ganadera", desde 1955, y desde 1974, el Centro Olímpico, con algunas de sus instalaciones, principalmente el Estadio Olímpico, donde se pueden ofrecer oportunidades que fuera de Santo Domingo lo hace "La Arena" de Santiago o el anfiteatro de Altos de Chavón que inaugurara Frank Sinatra en 1982.

Pero seguimos quedándonos sin un gran espacio al aire libre, público, abierto, que magnifique la relación de las multitudes con un entorno lo suficientemente acogedor como simbólico, en donde se puedan hacer las concentraciones políticas y se jerarquice el espacio mediante una organización preestablecida sin pretender llegar a lo nazi, que estuvieron al cuidado de Albert Speer, como arquitecto jefe, y a Paul Ludwig Troost, como arquitecto asistente de los grandilocuentes caprichos de Hitler y Goebbels .

Obviamente que estas parafernalias fueron típicas de las dictaduras. Mussolini las uso e igual hizo Stalin. Transcurrido el tiempo regresaron dictadores como Saddam Hussein que apelaron al gran espacio para las concurrencias políticas.

Juscelino Kubitschek casi lo logra en Brasilia, después de ver aquí, en Santo Domingo, la "Feria de la Paz" que el dictador dominicano se había ordenado con doble intencionalidad. La conmemorativa y la discursiva, habiendo dejado la altisonancia del verbo a la uniformidad del diálogo que aportaron los edificios dispuestos con marcialidad uno frente a otros.

Ejemplos los hay por el mundo con sutileza democrática, pero todos persiguen el enaltecimiento momentáneo de una gloria terrena inalcanzable.