Atlanta mira a octubre: los Bravos tienen equipo, pero necesitan brazos
Los Bravos de Atlanta se posicionan como favoritos en la Liga Nacional
A mediados de agosto, cuando el calendario de las Grandes Ligas empieza a desprenderse de sus engaños y los buenos equipos ya no pueden esconder sus defectos ni los malos vivir de una racha, los Bravos de Atlanta han llegado al punto en que ya no se trata de saber si estarán en octubre, sino de averiguar qué clase de equipo llevarán hasta allí.
Atlanta está metido en la pelea por la supremacía de la Liga Nacional y tiene una ventaja confortable en el Este. Milwaukee aparece ligeramente por delante, mientras los Dodgers siguen respirándole en la nuca. Pero los récords, cuando llega la postemporada, sirven apenas para determinar quién juega contra quién y dónde.
Después comienza otro campeonato: series cortas, cuatro victorias, tres buenos abridores, un bullpen sin grietas y la capacidad de producir una carrera cuando el bateo desaparece.
La victoria 4-0 del martes sobre los Mets ofreció una pequeña representación de lo que Atlanta quisiera ser en octubre. Martín Pérez lanzó seis entradas sin carreras, permitió cuatro hits y extendió a 18 innings su cadena sin permitir anotación. Después llegaron Didier Fuentes, Dylan Lee y Raisel Iglesias y retiraron, entre los tres, las últimas nueve outs sin permitir que nadie alcanzara una base.
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Desafíos de la rotación
Nueve entradas, cero carreras. Pero más que la blanqueada importa quién la construyó. Pérez tiene 35 años y no pertenece a esa estirpe moderna de pitchers que suben al montículo para lanzar cada pelota a 100 millas.
Ha sobrevivido durante más de una década aprendiendo otra ciencia: mover la bola, cambiar velocidades, inducir contacto, alterar el equilibrio del bateador. En un equipo cuya rotación ha sido castigada por las lesiones, su inesperada estabilidad empieza a adquirir una importancia que nadie habría imaginado al comenzar la temporada.
Atlanta no consiguió en la fecha límite el abridor de categoría de postemporada que necesitaba. Mientras sus competidores reforzaban sus arsenales, los Bravos llegaban a agosto con Spencer Strider, Spencer Schwellenbach y Reynaldo López entre los brazos afectados por lesiones.
Esa sigue siendo la vulnerabilidad principal de un equipo construido, por lo demás, para jugar hasta finales de octubre.
- Del otro lado del continente, los Dodgers recibieron el martes una noticia que puede alterar la lucha de la Liga Nacional. Blake Snell regresó y lanzó seis entradas de una carrera con diez ponches contra Kansas City. Los Ángeles terminó ganando 5-4 en diez entradas.
Ese es precisamente el problema para Atlanta. En una serie de siete juegos, los Dodgers pueden colocar sobre el terreno una maquinaria ofensiva formidable y, si consiguen mantener saludables sus brazos, acompañarla con una rotación capaz de reducir una serie a seis o siete carreras decisivas.
Snell saludable modifica cualquier comparación. En octubre no hace falta disponer de cinco buenos abridores. Hacen falta tres capaces de dominar una alineación dos veces en una semana.
Milwaukee presenta otro desafío. Los Brewers han sido, hasta ahora, el equipo más consistente de la Nacional y ocupan la cima de la liga. Pero Atlanta y Los Ángeles están suficientemente cerca para convertir las próximas semanas en una carrera con premio extraordinario: terminar entre los dos mejores campeones divisionales y evitar la ronda de comodines.
Para los Bravos, ese descanso tendría un valor especial. Un equipo con interrogantes en su rotación necesita todos los días adicionales que pueda conseguir.
La ofensiva, en cambio, inspira menos dudas. Contra los Mets, Ozzie Albies rompió un juego sin hits con su jonrón número 20 y Matt Olson despachó uno de 423 pies para alcanzar los 35, empatando el liderato de las Grandes Ligas.
Atlanta puede ganar partidos a batazos. Eso ya se sabía. Lo nuevo es que empieza a mostrar otra manera de ganarlos.
El caso de Didier Fuentes merece atención especial. Tiene apenas 21 años y su primera experiencia como abridor en las Grandes Ligas fue brutal. Ahora, utilizado desde el bullpen, el colombiano ofrece algo completamente distinto: velocidad, juventud y la posibilidad de atacar sin administrar el brazo para cinco o seis entradas. El martes tomó la pelota después de Pérez y retiró perfectamente el séptimo.
Un pitcher joven que fracasó como abridor puede convertirse en octubre en un relevista devastador. La historia de la postemporada está llena de brazos que, liberados de la obligación de recorrer tres veces una alineación, descubrieron que durante tres o seis outs podían lanzar sin reservas.
Perspectivas para octubre
Si Pérez continúa entregando entradas, si Fuentes consolida su nueva función y si Iglesias permanece firme al final, Atlanta puede comenzar a acortar los partidos. Un abridor ya no necesita entregar siete innings. Cinco o seis buenos pueden bastar.
Pero octubre no perdona las hipótesis. Los Dodgers tienen que demostrar que sus brazos pueden mantenerse saludables. Milwaukee deberá demostrar que su magnífica temporada regular puede sobrevivir al formato despiadado de una serie corta. Atlanta tiene que resolver quién recibirá la pelota cuando llegue el primer juego de una Serie Divisional.
Esa es hoy la distancia que separa a los Bravos de ser simplemente uno de los mejores equipos de la Nacional y convertirse en favorito para llegar a la Serie Mundial.
El calendario, además, ofrecerá pronto respuestas. Atlanta tiene programadas series contra Milwaukee y los Dodgers en la segunda mitad de agosto, enfrentamientos que servirán no solo para ordenar posiciones, sino para medir directamente las fuerzas que probablemente volverán a encontrarse en octubre.
Los Bravos poseen poder, profundidad ofensiva y un bullpen que empieza a tomar forma. Tienen experiencia de postemporada y una ventaja divisional que les permite mirar hacia delante. Lo que todavía no tienen completamente definido es lo más valioso cuando las noches se enfrían y cada lanzamiento empieza a pesar el doble: una rotación de octubre.
Por eso la figura inesperada de Martín Pérez adquiere semejante dimensión.
Quizá dentro de dos meses Atlanta disponga nuevamente de alguno de sus grandes brazos. Quizá Pérez continúe desafiando el calendario y la velocidad del béisbol moderno. Quizá Fuentes termine convertido en una de esas armas que aparecen casi accidentalmente y cambian una serie.
Los Dodgers pueden tener más nombres. Milwaukee puede tener más victorias.
Pero Atlanta tiene algo que en agosto comienza a resultar inquietante para sus rivales: 72 victorias, una ofensiva capaz de decidir un juego con un swing y un cuerpo de lanzadores que, aun remendado por las lesiones, acaba de colocar nueve ceros consecutivos en la pizarra.
Octubre todavía queda lejos. Pero ya empieza a parecerse a Atlanta.
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