Los Yankees rinden tributo a las víctimas del 11-S con sus leyendas

Con la presencia de Joe Torre, Mariano Rivera y Derek Jeter, el Bronx conmemoró el cuarto de siglo de la tragedia reafirmando el histórico lazo de unión y sanación entre el equipo y la ciudad

Rielle Saracini y su esposo Sean McGuire conversan con Derek Jeter durante las conmemoraciones del 25.º aniversario del 11 de septiembre, antes del partido entre los New York Yankees y los New York Mets en el Yankee Stadium, el 11 de septiembre de 2026, en el distrito del Bronx de la ciudad de Nueva York. (Elsa/Getty Images/AFP)

Veinticinco años después de aquel día en que Nueva York quedó marcada para siempre, Derek Jeter volvió a encontrarse con una historia que comenzó con una carta escrita por una niña de apenas 10 años.

Brielle Saracini había perdido a su padre, Victor, capitán del vuelo 175 de United Airlines que fue estrellado contra la Torre Sur del World Trade Center, pero encontró en el capitán de los Yankees una razón para volver a sentirse niña por un momento.

Este viernes, ambos se reencontraron en el Yankee Stadium, durante la ceremonia con la que el equipo recordó a las víctimas y a todos los afectados por los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Para Jeter, aquella jornada también había cambiado por completo el significado del béisbol. “Como atleta, fue la primera vez que me dije a mí mismo: ‘¿Por qué estoy jugando siquiera?’”, recordó.

Los partidos habían sido suspendidos y, en medio del miedo, la incertidumbre y el dolor, parecía difícil imaginar que el deporte pudiera volver a importar.

“No vamos a regresar a jugar. ¿Qué significa el béisbol?”, llegó a preguntarse. Sin embargo, al conocer a familias que habían perdido a sus seres queridos, entendió que los Yankees también tenían una responsabilidad: ofrecer, aunque fuera por unas horas, un motivo para mirar hacia adelante.

Brielle estaba entre esas personas. Tres días después de los ataques escribió a Jeter para contarle que había perdido a su padre y recordarle que él había sido su jugador favorito y que su papá había querido que algún día pudiera conocerlo. Jeter respondió y la invitó, junto con su familia, al viejo Yankee Stadium.

No sabía exactamente qué decirle a una niña que acababa de perder a su padre, pero sí tenía claro que podía intentar hacerla sentir cómoda. La presentó a otros jugadores, la llevó al terreno y, como él mismo explicó años después, simplemente “improvisó”.

Brielle todavía recuerda aquel encuentro con especial claridad. Jeter bromeó con ella por llevar una gorra de los Yankees y la invitó a sentarse en el lugar que utilizaba el manager Joe Torre detrás de la jaula de bateo.

Hablaron de cualquier cosa y de todo, y por un día ella pudo sentirse como una niña normal. Veinticinco años después, Saracini sigue sin comprender del todo cómo Jeter consiguió devolverle durante unas horas esa sensación que la tragedia le había arrebatado.

Leyendas presentes

El reencuentro tuvo como escenario un estadio que también guarda una parte de aquella historia. Varios integrantes de los Yankees de 2001 estuvieron presentes: Torre, Jorge Posada, Paul O’Neill, Tino Martinez, Scott Brosius y Mariano Rivera. Los Yankees y los Mets, además, volvieron a quedar unidos por el recuerdo.

La última vez que ambos equipos habían jugado en esta fecha había sido en 2021, y el entonces manager interino de los Mets, Andy Green, recordó que la decisión de reunir a las dos organizaciones aquella jornada había sido acertada. Green contó que vio parte del documental de MLB Network sobre el papel del béisbol después del 11 de septiembre y que terminó llorando al recordar el jonrón de Mike Piazza.

Saracini también lanzó el primer pitcheo ceremonial junto a su esposo, Sean McGuire, cuya familia comparte una historia similar. Su padre, Patrick, trabajaba en el piso 84 de la Torre Sur y también murió en los atentados.

Brielle y Sean se conocieron dos años después en Camp Better Days, un programa creado para ayudar a niños que habían perdido a uno de sus padres. Se casaron en septiembre de 2017 y, para la ocasión, McGuire llevó una camiseta negra de Piazza. Brielle incluso bromeó con lo extraordinario que resultaba que la organización de los Yankees hubiera permitido que alguien apareciera en el terreno con una camiseta de los Mets.

La jornada fue también un homenaje al vínculo entre Nueva York y sus equipos deportivos. Durante las semanas previas, los Yankees realizaron actividades y acciones comunitarias junto a estaciones de bomberos de la ciudad y el National September 11 Memorial and Museum.

El manager Aaron Boone contó que visitó Engine 22, Ladder 13 y Battalion 10, en el Upper East Side, y hasta bajó dos veces por el poste de los bomberos. Para Boone, comprender lo que los Yankees y los Mets significan para Nueva York hace todavía más especial el honor de jugar en la ciudad en una fecha como esta.

Antes del encuentro, Boone, Aaron Judge y Gerrit Cole depositaron una corona junto al monumento del 11 de septiembre en Monument Park. También fueron reconocidos miembros del NYPD, FDNY y PAPD, además de representantes de la Tunnel to Towers Foundation y Tuesday’s Promise, anteriormente conocida como Tuesday’s Children.

Instituciones homenajeados

El homenaje continuó con la participación de las guardias de honor de la Policía de Nueva York, los bomberos y la Autoridad Portuaria.

Una enorme bandera estadounidense fue desplegada en los jardines antes del himno nacional, interpretado por el tenor de ópera James Valenti. Después, el artista de música country Lee Greenwood cantó “God Bless the U.S.A.”, la misma canción que había interpretado antes del Juego 4 de la Serie Mundial de 2001, cuando el béisbol todavía intentaba encontrar su lugar en una ciudad que apenas comenzaba a levantarse.

Jeter sabe que una parte de quienes estuvieron en el terreno aquel día ya no está, y que algunos de los jugadores actuales ni siquiera habían nacido cuando ocurrieron los atentados.

Por eso, más allá de los homenajes y los recuerdos, considera fundamental que las nuevas generaciones conozcan la historia. A 25 años del 11 de septiembre, aquellas imágenes continúan vivas: un país herido, una ciudad de luto y unos jugadores que descubrieron que, en determinadas circunstancias, salir al terreno no era simplemente jugar béisbol. Era ayudar a una ciudad a volver a creer en la posibilidad de un día normal.

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