?Bloques nocivos
Entusiastas de la tecnología de las cadenas de bloques, las cuales están detrás de criptomonedas como el bitcoin, pronostican que su uso irá esparciéndose por toda la economía. Aseguran que su empleo original para hacer pagos y reservar poder adquisitivo fue apenas el comienzo, y que pronto será desbordado por muchos otros propósitos, pudiendo ser parte de cualquier actividad que involucre almacenamiento, comprobación, confirmación, transferencia y conservación de datos.
Un ejemplo puntual en ese sentido lo ofrecen los que se conocen como non fungible tokens (NFT), algo así como símbolos únicos registrados en una cadena de bloques. En su inicio, eran sólo un componente dentro del registro que avalaba una transacción, pero han adquirido vida propia, como unidades susceptibles de ser vendidas.
El auge de los NFT asume matices de irracionalidad en la medida en que los objetos vinculados a ellos sean realmente intangibles, existiendo sólo en el mundo virtual. NFT que certifican la propiedad de obras de arte digitales se han vendido por enormes sumas, a pesar de que esas obras sólo consisten en ceros y unos en computadoras y redes informáticas, y que pueden ser visualizadas por cualquier otra persona.
Entre las filas de los entusiastas, no obstante, no se encuentran los ecologistas. Para muchos de ellos, sería un verdadero desastre ambiental que los pronósticos de los entusiastas llegaran a cumplirse. Esto así debido al gran consumo de electricidad que la adición de entradas a la cadena de bloques conlleva. Como la validez del registro no procede del dictamen de una autoridad investida del poder para hacerlo, la validación proviene del trabajo electrónico de miles de usuarios del sistema, recompensados de alguna forma por su labor. Dado que los bloques están enlazados, su modificación requeriría alterar toda la cadena, lo que sería prácticamente imposible.
Puede suceder, por lo tanto, que el mundo virtual termine destruyendo al mundo real.