Frutos decepcionantes
El sistema educativo fue el que demostró su ineficiencia e incapacidad
En el 2015 fuimos reprobados y tres años después sucedió esencialmente lo mismo. La educación, con todo y su 4% del PIB, sigue produciendo resultados decepcionantes. Formalmente, los estudiantes fueron quienes quedaron mal. El sistema educativo nacional, sin embargo, fue el que demostró su ineficiencia e incapacidad.
Explicaciones pueden buscarse. El 4% no hace tanto tiempo que se aprobó. Las inversiones toman tiempo para ser productivas. El retraso acumulado es demasiado grande. Como sea, se han logrado progresos. Y podríamos añadir otros factores atenuantes. No obstante, la realidad no se puede ocultar, y nos dice que no estamos avanzando significativamente, que en algunos aspectos estamos retrocediendo, y que algo falta en lo que hemos estado haciendo.
Sabemos, por supuesto, que existen deficiencias en cuanto a los maestros, y una gran resistencia a traer talentos y experiencias foráneas. Tampoco nos es extraño que la construcción de locales y el reparto de computadoras no vayan por sí solos a corregir la situación. Ni ignoramos que haya fuertes diferencias entre la educación privada y la pública. Pero lo que sí debe sorprendernos es la aparente pasividad de tantos padres frente a la baja puntuación alcanzada por sus hijos. Los resultados han sido suficientemente deplorables como para haber provocado reclamos masivos por cambios substanciales, pero eso no ha ocurrido.
Quizás esa pasividad se deba en parte a una visión de la educación como un componente de la seguridad social, viendo las tandas escolares como un mecanismo para mantener a los niños alimentados, ocupados y fuera de las calles. Si así fuera, podría suceder que la calidad de la educación ocupe un segundo plano en las prioridades familiares, inferior a esos otros objetivos.
Y pudiera ser además que la percepción de la conexión entre educación y nivel futuro de vida sea débil, y que se concluya que no es un camino idóneo hacia mejores trabajos y mayores ingresos.