Hasta después que pasen

Dos períodos del año son propicios para posponer decisiones, uno de ellos las festividades navideñas y el otro la semana santa. Y a esos períodos se unía otro, más prolongado, en años de elecciones presidenciales.

Era común escuchar que proyectos de inversión privada, o ciertas decisiones de importancia económica, eran pospuestos hasta después de los comicios. Un rasgo de nuestra evolución política es el cambio ocurrido a ese respecto, siendo las decisiones privadas cada vez menos afectadas por los períodos electorales.

No parece que ese cambio se deba a que la actividad gubernamental sea menos relevante para los negocios y el nivel de las ventas, aunque eso haya sucedido en varios sectores clave. Más bien se deriva de que la percepción del costo de la incertidumbre ha disminuido. Un factor evidente ha sido la reducción en la violencia que solía acompañar a las campañas y los resultados electorales. El menor protagonismo de estamentos militares y policiales, quizás más ocupados ahora en menesteres más rentables, rebajó el potencial de conflicto del evento.

Otro factor puede haber consistido en las modificaciones sufridas por la estructura productiva del país. La menor participación directa del Estado en la producción, resultante de la desaparición del complejo que abarcaba industrias, fincas, hoteles, y transporte aéreo y marítimo, confinado ahora a la electricidad y servicios sociales, ha hecho que el impacto económico estatal se manifieste más ahora por vía del gasto público corriente y de las inversiones en infraestructura y viviendas.

Persiste, lógicamente, la posibilidad de variaciones en las políticas económicas, en áreas como tributación y regulación. Pero en un ambiente en que los principales candidatos prometen crecimiento con estabilidad, favorecen la libre empresa, y ni mencionan controles de precios o divisas, las diferencias entre las alternativas son menores que antes.

gvolmar@diariolibre.com