El atormentado istmo (IV de IV)

A pesar de que la región es mucho más violenta que México y Colombia, América Central recibe mucho menos ayuda de los Estados Unidos. AP

En San Pedro Sula, la capital económica de Honduras, la cámara de comercio informa que la seguridad es el costo más alto para sus miembros después del personal y la electricidad. El cambio solo puede llegar a través de un consenso político. Pero los sistemas políticos en América Central son casi todos disfuncionales.

La democracia de Nicaragua ha sido emasculada por Ortega, cuyo partido instrumentó la propagación de fraude en las elecciones locales del 2008. En Guatemala, ningún partido político ha permanecido en el poder por más de un período presidencial desde que la democracia fue restaurada en el 1986. Por el contrario, en El Salvador fue solo en el 2009 que la oposición logró terminar con dos décadas de gobierno de Arena, un poderoso partido conservador. El nuevo presidente, Mauricio Funes, es un izquierdista moderado; tiene que luchar con su propio partido, muchos de cuyos líderes son pro Cuba. Honduras ha pagado un alto precio al no recibir dinero de ayuda e inversiones debido a sus conflictos políticos.

Panamá creó una cada vez más sólida democracia desde que las tropas estadounidenses derrocaron al general Manuel Noriega en 1989, pero su política ha sido manchada por la corrupción y la arrogancia. Hasta Costa Rica enfrenta problemas políticos. Un sistema estable de dos partidos colapsó cuando uno de los partidos, el Social Cristiano, hizo implosión después de escándalos de corrupción. Al no tener una mayoría en el Congreso, Chinchilla enfrenta una lucha para que le aprueben impuestos adicionales para pagar su modesto plan de seguridad. Sin embargo, no todo es sombrío en América Central. El Mercado Común Centroamericano ha logrado sobrevivir a los conflictos políticos entre los vecinos, incluso una incursión en territorio costarricense el año pasado por tropas nicaragüenses.

La mayoría de los países está haciendo esfuerzos para responder a las amenazas a su seguridad. El año pasado Honduras promulgó una ley de incautación de activos, copiada de Colombia. En Guatemala, una comisión anti impunidad patrocinada por la ONU, conocida como CICIG, ha logrado innovaciones tales como interceptación de líneas telefónicas, acuerdos con el fiscal y protección de testigos. Pero el país todavía no cuenta con una plataforma computarizada de inteligencia. El Banco Mundial estima que en el país hay 2,000,000 de armas, de las cuales menos del 10% están legalmente registrada. Y Francisco Dall'Anese, el jefe del CICIG, ha tenido que enfrentar una campaña de difamación de parte de los comerciantes.

El papel del Tío Sam

No es de sorprender que los líderes centroamericanos consideren que los Estados Unidos deben hacer mucho más para ayudar a combatir las consecuencias de su demanda de cocaína. A pesar de que la región es mucho más violenta que México y Colombia, América Central recibe mucho menos ayuda de los Estados Unidos. La Iniciativa de Seguridad Regional de América Central, el último esquema de ayuda, ofrece sólo US$260 millones en un período de tres años a los siete países. "Una insignificancia" dice Óscar Álvarez, el ministro de seguridad de Honduras. "Costa Rica no es un país que pide limosna", dice Chinchilla. Pero ella está frustrada porque cuando los estadounidenses vienen a ayudar, "siempre llegan tarde. Ellos ofrecen ayuda significativa cuando los países ya han sido invadidos por el crimen organizado. Ellos creen que Nicaragua, Costa Rica y Panamá están okey". Dice ella que el decomiso de drogas no es una buena medida ni una buena solución al problema. Por lo menos el gobierno de Obama ha mostrado "la comprensión de que el problema no es solo nuestro", dice Colom. Considera él que "están en busca de un plan diferente, porque el plan que ya tienen no está funcionando".

A pesar de que los funcionarios estadounidenses enfatizan que la estrategia debe ser formulada por América Central y no por Washington, hay señales de un cambio de mentalidad. William Brownfield, un ex embajador ante Colombia quien ahora es el hombre anti drogas más importante del Departamento de Estado, visitó Guatemala, Honduras y El Salvador en febrero, su primer viaje en su nuevo trabajo.

Obama visitó El Salvador en marzo, cuando anunció un modesto incremento en la ayuda contra la droga a la región, si el Congreso lo aprueba. Sugiere un diplomático que en el istmo, la ayuda resulta en "más resultado por su dinero" que en México y Colombia. Con el efectivo escaso en Washington, la ayuda podría ser más bien redistribuida que aumentada.

Algunas cosas están mejorando en América Central. Pero el problema, como dice un diplomático estadounidense en la región, es que mientras que las mejoras son lineales, las amenazas crecen exponencialmente.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com