El crepúsculo de los dioses (2 de 3)

Reporte especial: Banca Internacional. Dice Jonathan Rosenthal que la banca de inversión enfrenta un futuro más magro y más humilde, a pesar de que algunos bancos emergerán de la crisis financiera aún más grandes, y más poderosos 

La cantidad de innovaciones financieras útiles también incluyó algunas diseñadas principalmente para permitirles a los bancos eludir las regulaciones y asumir más riesgos con el dinero de sus accionistas (y contribuyentes). Los banqueros deben asumir la mayor parte de la culpa de estos excesos, pero los bancos centrales y los reguladores son también en parte responsables de las oleadas de créditos que rodaron por la economía a principios de los años 2000, inflando los estados de situación de los bancos y la paga de los banqueros. Políticas monetarias relajadas en las economías ricas estimularon la asunción de riesgos e hicieron subir el apalancamiento.

Quizás la influencia más perniciosa vino de un lugar inesperado: el elegante marco de normas de capital conocido como Basilea 2. Ampliamente considerado como el pináculo de las normas bancarias eficaces, estas tenían el objetivo de calibrar precisamente la cantidad de capital que los bancos debían retener contra la probabilidad de que cada préstamo cayera en incumplimiento. Sin embargo, involuntariamente estimularon a los bancos a retener enormes cantidades de activos "libres de riesgo" que resultaron ser todo menos eso.

La mayoría del financiamiento provisto por los bancos en expansión, y las innovaciones que promovían, estimularon el crecimiento económico, pero una buena parte del mismo solo infló el tamaño del sector financiero en la medida que los bancos creaban cada vez más valores para comprar y vender unos a otros.

McKinsey, una consultora, considera que cerca de una tercera parte del aumento del ratio mundial de deuda respecto al PIB en los años previos a la crisis provino de bancos que aumentaron el tamaño de sus estados de situación; la emisión de bonos por bancos durante este período fue cerca de cinco veces más que las empresas. Esta tendencia se aceleró después de 1995, con solo una cuarta parte del aumento de deuda con respecto al PIB proveniente de los hogares y las empresas, una "participación increíblemente pequeña, tomando en cuenta que este es el propósito fundamental de las finanzas", dice McKinsey.

En un artículo publicado en junio 2012 por el FMI, Jean-Louis Arcand, Enrico Berkes y Ugo Panizza mencionan pruebas contundentes para la opinión convencional de que la expansión de los estados de situación de la banca (y el endeudamiento privado en general) ayuda a impulsar el crecimiento económico. Más sorprendente aún, señalan además que una vez que el endeudamiento privado se acerca a 100% del PIB el crecimiento empieza a hacerse más lento. Otro artículo por Stephen Cecchetti y Enisse Kharroubi del Banco de Pagos Internacionales, llegan a conclusiones sorprendentemente similares. Escriben los autores, "a niveles bajos, un sistema financiero más grande va de la mano con un mayor crecimiento de la productividad". "Pero se llega a un punto - uno que muchas economías avanzadas pasaron hace largo tiempo - cuando más bancos y más crédito están asociados a un menor crecimiento".

Demasiado grande para tener éxito

La mayoría de los banqueros se erizan cuando se les pregunta si la industria financiera ya es lo suficientemente grande (ya sea que se mida por el tamaño de sus estados de situación o por la cantidad de negocios que realiza y los honorarios que genera) en relación al resto de la economía. Sin embargo esa pregunta es vital para el futuro de la industria. El año pasado la industria de la banca de inversión generó ingresos totales de cerca de $233 mil millones (ver lado izquierdo del gráfico 2), alrededor de una tercera parte menos de su pico de $341 mil millones en el 2009. Las cifras fluctúan grandemente, de manera que no se deben tomar demasiado en cuenta los resultados de un año. En el 2008 el ingreso de la industria fue de solo la mitad del año anterior, pero en el 2009 más que se duplicó de ese bajo nivel, alcanzando un nuevo record. Sin embargo, ha permanecido deprimido desde el 2010 y tuvo un débil inicio en el primer trimestre de este año, una época en que los bancos usualmente alcanzan una tercera parte de sus ingresos anuales.

Los banqueros que piensan que la industria financiera continuará creciendo por lo menos tan rápido como la economía subyacente, o más rápido, arguyen que el aumento de la riqueza en los países ricos al igual que en los en vías de desarrollo creará más activos financieros que pueden ser comprados y vendidos. Señalan también que una creciente penetración bancaria y deuda en los países en vías de desarrollo en la medida que los sistemas financieros maduran les permitirá a las personas tomar prestado contra el valor de sus hogares o terrenos, y a las empresas a vender bonos y acciones para expandir.

© 2013 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com