Cómo sobrevivir una fusión de “multilatinas”

Aunque algunos se sorprendan, las multilatinas también pueden sufrir de diferencias culturales. (Shutterstock )

Lecciones de una fusión de bancos que se aplican también al negocio de AB InBev. A menudo América Latina es percibida como un sitio culturalmente homogéneo, una región estereotipada de cordialidad escrupulosa y hombres con bigotes. Sin embargo, claramente esto no se aplica a una reunión en Brasil en la que veo a un empresario hispanoamericano casi saltar sobre la mesa en protesta a un lapsus cometido por su contraparte de habla portuguesa.

“¿Por qué sigues pensando en moneda brasileña y no en dólares estadounidenses?” resopla con furia Álvaro Saieh, multimillonario colombiano-chileno, mientras se vuelve a acomodar en su silla.

“Aún cotizamos nuestro balance en moneda local; es un hábito, supongo”, responde su contraparte brasileño, Ricardo Villela Marino.

Los señores Marino y Saieh, quienes no llevan bigotes, parecen rígidamente corteses el uno con el otro en lugar de cordiales. Esto muestra, quizás, sus diferencias culturales nacionales o corporativas, o quizás ambas. La rigidez es especialmente extraña, puesto que están en São Paulo para celebrar la fusión de sus dos bancos; “sus” es la palabra clave.

Itaú, el banco privado más grande de Brasil — de hecho el mayor de América Latina, con una capitalización de mercado de US$41 mil millones — es de propiedad familiar, y el Sr. Marino proviene de una de las familias fundadoras de Itaú.

Corpbanca del Sr. Saieh, un banco colombiano-chileno que se está fusionando con la unidad chilena de Itaú, también es de propiedad familiar. De hecho, el pulcramente rasurado hijo del Sr. Saieh, Jorge Andrés, quien también se encuentra presente en la sala, se convertirá en el presidente del nuevo banco, el cual es la más reciente adición al creciente listado de “multilatinas”. Este término se refiere a las compañías latinoamericanas cuyos mercados domésticos les han quedado chicos y que se han vuelto multinacionales. Su aspiración a lograr el “panlatinoamericanismo” también convierte esta palabra en una muy querida por los consultores de gestión, a pesar del historial mixto de las multilatinas.

Por cada América Móvil — la compañía telefónica mundial controlada por Carlos Slim — o por cada AB InBev — la compañía cervecera gigante de administración brasileña que intenta tragarse a SABMiller — hay una LATAM. Ésta fue brevemente la aerolínea más valiosa del mundo por su capitalización de mercado cuando la chilena LAN anunció en 2010 que se fusionaría con la brasileña TAM. Desde entonces, el precio de sus acciones ha caído en más de 80 por ciento.

O está la mexicana Cemex, en su apogeo una de las tres mayores compañías cementeras del mundo, la cual casi se fue a la bancarrota después de embarcarse en una serie de compras desenfrenadas en EEUU y Europa justamente antes de la debacle de los mercados inmobiliarios en 2008.

La excesiva ambición, las desmedidas deudas, la inoportunidad — los problemas usuales que asedian a muchos acuerdos transfronterizos — son a menudo las causas. Pero, aunque algunos se sorprendan, las multilatinas también pueden sufrir de diferencias culturales.

De hecho, se ha sugerido que las diferencias culturales entre AB InBev y uno de los principales accionistas de SABMiller, la familia Santo Domingo, había sido un punto de fricción para la fusión de £68 mil millones de estas dos compañías cerveceras, la cual fue acordada en principio esta semana.

Aunque el portuñol, una improvisada mezcla de español y portugués, logra superar la mayoría de las barreras lingüísticas latinoamericanas, muchos brasileños ni siquiera reconocen el término “América Latina”.

La tendencia brasileña a la autosuficiencia y su persistente sentido del optimismo acerca del futuro, comparable al de EEUU, un país igualmente grande, puede provocar que Brasil se sienta que está en otro continente lejos de los países hispanoamericanos, los cuales a menudo están atrapados en un sentido más trágico del pasado.

La creación de esta multilatina financiera tiene sentido comercial en teoría. Itaú, como muchas compañías brasileñas, se quiere diversificar y salir de su mercado doméstico hacia economías con mayor crecimiento, como las de Chile y Colombia. Por lo tanto, ha propuesto casi US$1 mil millones por una participación minoritaria dominante en el grupo fusionado de todas las operaciones sudamericanas no brasileñas de Itaú. Mientras tanto, Corpbanca necesita un peso financiero extra para continuar su expansión regional: por ejemplo, las operaciones bancarias de Itaú dirigidas al consumidor realizan 31 mil millones de transacciones al año.

Brasil es un “mercado muy difícil”, dice el Sr. Saieh. “A menos que se tenga un buen socio, es difícil prosperar”. El Sr. Marino responde rápidamente: “Vemos a Chile de la misma forma”.

Estos comentarios son casi hirientes, y nuevamente ilustran sus diferentes procedencias nacionales. El Sr. Marino, de 41 años, quien supervisó la integración de Itaú y Unibanco después de su fusión doméstica por US$60 mil millones en 2009, tiene los ojos azules, la piel bronceada y la atlética atracción típica de los estereotipos brasileños.

El Sr. Saieh, de 66 años, tiene orígenes más variados y empresariales. De doble ciudadanía, colombiana y chilena, y ascendencia palestina, creció en la costa caribeña de Colombia en Valledupar, un pueblo ganadero famoso por su ritmo de Vallenato y por ser en parte el mítico “Macondo” de Gabriel García Márquez.

Ciertamente, nadie duda la visión comercial de ambas partes, la cual se encuentra contenida, al menos para este acuerdo, en un denso acuerdo de accionistas de 52 páginas.

Los cínicos podrían añadir que Itaú — el cual nombrará al nuevo director ejecutivo del banco a cambio de su participación del 34 por ciento — obtiene un tercio de las ganancias pero todos los problemas operacionales del banco.

Pero el clima económico se deteriora rápidamente. Brasil, asolado por un escándalo de corrupción en la compañía estatal Petrobras, está sufriendo su peor recesión desde la Gran Depresión, mientras que la economía chilena, dominada por el cobre, está sufriendo por la caída de los precios de los productos básicos. En ambos países las protestas sociales van en aumento, mientras colapsan los índices de aprobación de los gobiernos.

“Todos nuestros países tienen tantos problemas”, dice con un suspiro el Sr. Saieh. “Aunque eso no significa que no tienen excelentes compañías que pueden ganar mucho dinero”. Esto se cumple especialmente, asegura, en las firmas de propiedad familiar como la suya.

Aquí finalmente hay algo en que los dos socios pueden estar de acuerdo instintivamente: la propiedad familiar puede hacer crecer su propia riqueza a través de los frecuentes ciclos de altibajos sudamericanos.

“Sí, estamos en un mal momento en el ciclo económico”, admite el Sr. Marino. “Pero la recuperación llegará algún día, aunque sea para nuestros hijos”.

Los tres multimillonarios sentados a la mesa ríen a carcajadas por esta idea reconfortante; es la primera risa auténtica de la reunión.

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