No quiero escuchar a Taylor Swift en el trabajo

Taylor Swift.

Por Pilita Clark

La música es una medida innecesaria en el creciente movimiento para transformar a la oficina en un sitio más acogedor

El otro día visité una oficina donde percibí algo tan extraño que al principio pensé que era un terrible error.

Era la sede de una agencia de diseño llamada Fourfront Group creada para ofrecer lo último en el diseño de oficinas. La cocina era amplia y aireada, para atraer a los empleados a reunirse a intercambiar ideas. Los escritorios eran en su mayoría ‘compartidos’. Echar tu abrigo sobre uno de los escritorios para reclamarlo estaba prohibido, al igual que comer en ellos. Me advirtieron que era más higiénico almorzar en un baño. Era mejor ir a “conectarte” en la cocina o en la cafetería más cercana.

Una de las pocas salas con puertas tenían taburetes incómodos que se tambaleaban a propósito para que las reuniones no se prolongaran interminablemente. Esto me gustó, aunque no estaba segura sobre las paredes, que estaban llenas de lemas como “no seas burro”, provenientes de lo que la agencia llama “el Camino Fourfront”.

Pero mientras me mostraban el sitio, algo mucho más irritante seguía interrumpiendo mis pensamientos. Eventualmente, me di cuenta que era el sonido de una radio y parecía surgir del techo. “¿Qué es eso?” pregunté, apuntando a la dirección general del ruido.

“Son altavoces Sonos”, me dijeron y no, nadie había dejado encendido la radio por error. Cualquiera en la oficina con una aplicación Sonos podía escoger qué música tocar y en ese momento estábamos escuchando una estación de radio local. “¿En serio?” dije sin pensar, en seguida dándome cuenta por las caras silenciosas que me rodeaban que esto era totalmente serio.

Ofrecer la opción de escuchar música en la oficina resulta ser parte de un creciente movimiento para trasformar el lugar de trabajo en algo más familiar y acogedor, y menos formal. Las empresas que compiten por candidatos jóvenes aparentemente lo ven como algo especialmente atractivo.

Fourfront dijo que alrededor de un 30 por ciento de sus clientes habían escogido tener música de fondo, y aunque tendían a ser empresas con empleados más jóvenes, produciendo cosas como software, la tendencia se está extendiendo.

Hasta las firmas de arquitectura, de construcción y de asesores profesionales han dejado de descartar esta opción.

“Tenemos viernes de Spotify en la oficina”, dijo un publicista que estaba de visita, quien trabajaba en otra empresa. Las personas elegían una lista de reproducción basada en cualquier cosa, desde animales hasta el año en que nacieron, dijo él, y a todo el mundo le encantaba.

Podía ver como esto funcionaría en algunos lugares. ¿Pero verdaderamente se estaba volviendo rutinario en oficinas ordinarias donde había que concentrarse y de donde no había escape? ¿Y qué pasaría si uno de los empleados no podía soportar los gustos musicales de sus colegas? ¿Quién decide lo que se va a tocar? ¿Qué pasaría si alguien está en el teléfono tratando de impresionar a un extraño importante mientras Bruno Mars berrea en el fondo?

En cuanto regresé al trabajo envíe unos cuantos correos electrónicos a diferentes personas que conocía alrededor de la City de Londres para ver si la música había penetrado sus oficinas y averiguar qué les parecía la idea. “Ay, Dios mío. No. Qué horrible”, alguien dijo. “¡Noooooo!”, dijo otro. Un arquitecto me contó que la súbita llegada de altavoces tocando “pop basura” fue una de las principales razones que lo motivaron a renunciar de una firma hace poco.

Cuando pregunté lo que pensaban mis colegas en la oficina, fue como si hubiera sugerido inaugurar el Día de Venir Desnudos al Trabajo.

Hasta los colegas más jóvenes resistieron la idea. “No veo cómo funcionaría”, dijo un serio joven de 22 años de edad. “Escuchar a Taylor Swift todo el día sería terrible.”

Pero el publicista tenía cierta razón: tener música en la oficina no es totalmente raro. Algunas organizaciones lo hacen porque las oficinas abiertas son tan silenciosas que las conversaciones privadas son imposibles.

Tocar música a bajo volumen supuestamente crea el tipo de ruido de fondo correcto. Sus defensores apuntan a estudios que muestran cómo la música hace que las personas sean más cooperativas, productivas y felices.

A mí todo esto me suena espantoso. Eventualmente encontré a alguien que había sido transferido a una oficina donde dijo que la música era notablemente útil en un lugar específico.

No era en su escritorio y ni siquiera en la cocina. Era en un lugar donde frecuentemente anhelaba que hubiera un poco de ruido, y la música funcionaba de maravilla. Era en el baño. Y yo opino que ahí es precisamente donde pertenece la idea de difundir música en la oficina.

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