Francia disminuye su calificación crediticia
La crisis de la eurozona. A pesar de que los fracasos de la cumbre son compartidos, no todos los miembros de la eurozona tienen que sufrir las sanciones en términos de calificaciones crediticias más bajas.
El viernes, 13 de enero, demostró ser de mala suerte para nueve de los países de la eurozona: su calificación crediticia fue reducida por Standard and Poor (S&P) poco después que los mercados estadounidenses cerraron para la semana. Francia y Austria fueron despojados de su calificación triple A. Otros tres países más pequeños de la eurozona (Malta, Slovenia y Slovakia) también sufrieron una reducción de un rango. Las calificaciones de Italia y España fueron reducidas en dos rangos (a BBB+ y A respectivamente), al igual que Portugal y Chipre, cuyas deudas S&P las considera basura.
Aunque graves, las noticias no fueron la degradación colectiva que temían los eurócratas. En diciembre, S&P había advertido de una posible degradación a todos los países de la eurozona, excepto Grecia (que no podía caer más bajo) y Chipre (que ya estaba en la lista negra), justo días antes de que los líderes de la Unión Europea se reunían en Bruselas para resolver de una vez por todas la crisis de la eurozona. S&P argumenta que sus esfuerzos por apagar el fuego no han sido lo que se necesitaba, por ende las degradaciones. En un comunicado la agencia calificadora expresó que la cumbre de diciembre "no produjo una solución del tamaño y el alcance suficientes para abordar de manera integral los problemas financieros de la eurozona".
Según S&P, los líderes de la UE han diagnosticado mal la crisis de la eurozona. Se han concentrado demasiado en resolver el aumento en los déficits presupuestarios de los gobiernos, que es solo parte del problema. Como resultado no prestaron suficiente atención a las causas más profundas de la crisis: la divergencia en la competitividad entre el núcleo de la eurozona de economías fuertes y su "periferia" que lucha por subsistir al igual que las enormes deudas transfronterizas que surgen de esta brecha. Señala S&P que las reformas basadas únicamente en austeridad fiscal podrían fácilmente ser contraproducentes.
A pesar de que los fracasos de la cumbre son compartidos, no todos los miembros de la eurozona tienen que sufrir las sanciones en términos de calificaciones crediticias más bajas. Irlanda mantuvo su calificación de inversión BBB+. También se mantuvieron las calificaciones de Bélgica y de Estonia. Y críticamente, S&P reafirmó la calificación crediticia triple A de Alemania, los Países Bajos, Finlandia y Luxemburgo. No es pequeña la ironía. Habiendo identificado el desequilibrio interno del euro como el problema principal, la calificación de S&P favorece a los glotones del ahorro de la eurozona quienes son parte del problema. Persistentemente estos países han mantenido superávits en sus cuentas corrientes, y, después de todo, un superávit es un desequilibrio. Parece que el mercantilismo paga -excepto en el caso de Austria- cuya economía es juzgada demasiado cercana a los sitios con problemas, tales como Italia y Hungría.
Francia no es ni ahorrativa ni suficientemente competitiva para ser agrupada con los glotones del ahorro. La disminución de su calificación era esperada por todos y en principio ya debía ser tomada en cuenta por los mercados de bonos a futuro. De hecho el precio de los bonos del tesoro de los Estados Unidos hasta subieron (o sea, los rendimientos cayeron) cuando el S&P en agosto le retiró a los Estados Unidos la calificación crediticia triple A. Los políticos franceses le están restando importancia al significado de los cambios. "No son buenas noticias...pero no es una catástrofe", fue la respuesta del ministro de finanzas del país, François Baroin. La misma S&P sugirió que la descalificación no era el fin del mundo. Solo tres países de la eurozona son clasificados como basura, expresaron. El resto todavía tiene grado de inversión y por lo tanto es poco probable que caigan en incumplimiento.
Sin embargo la confianza en los bonos de la eurozona es tan frágil en los mercados que es poco probable que los inversionistas reciban la disminución de las calificaciones con un encogimiento de hombros gales. En el caso de Francia, no se trata solo de un golpe al prestigio del país. Crea también un agujero en la ya raída red de seguridad de la eurozona, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que ahora está respaldado por solo cuatro países calificados AAA, que representa menos de la mitad del PIB de la eurozona. La confianza en los bonos de la eurozona es probable que se tambalee.
Sin embargo, la decisión de S&P, podría no ser la mayor fuente de ansiedad. Las conversaciones entre Grecia y sus acreedores del sector privado sobre las pérdidas que estos debían asumir se suspendieron la tarde del viernes. Este fracaso incrementa el espectro de un incumplimiento griego problemático. En estas circunstancias, los inversionistas podrían tomar las calificaciones de S&P como una señal. Si las cosas se tornan terriblemente mal, Alemania sería ahora el único mercado de bonos de la eurozona que los inversionistas podrían considerar como verdaderamente seguro.
2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Según S&P, los líderes de la UE han diagnosticado mal la crisis de la eurozona. Se han concentrado demasiado en resolver el aumento en los déficits presupuestarios de los gobiernos, que es solo parte del problema. Como resultado no prestaron suficiente atención a las causas más profundas de la crisis: la divergencia en la competitividad entre el núcleo de la eurozona de economías fuertes y su "periferia" que lucha por subsistir al igual que las enormes deudas transfronterizas que surgen de esta brecha. Señala S&P que las reformas basadas únicamente en austeridad fiscal podrían fácilmente ser contraproducentes.
A pesar de que los fracasos de la cumbre son compartidos, no todos los miembros de la eurozona tienen que sufrir las sanciones en términos de calificaciones crediticias más bajas. Irlanda mantuvo su calificación de inversión BBB+. También se mantuvieron las calificaciones de Bélgica y de Estonia. Y críticamente, S&P reafirmó la calificación crediticia triple A de Alemania, los Países Bajos, Finlandia y Luxemburgo. No es pequeña la ironía. Habiendo identificado el desequilibrio interno del euro como el problema principal, la calificación de S&P favorece a los glotones del ahorro de la eurozona quienes son parte del problema. Persistentemente estos países han mantenido superávits en sus cuentas corrientes, y, después de todo, un superávit es un desequilibrio. Parece que el mercantilismo paga -excepto en el caso de Austria- cuya economía es juzgada demasiado cercana a los sitios con problemas, tales como Italia y Hungría.
Francia no es ni ahorrativa ni suficientemente competitiva para ser agrupada con los glotones del ahorro. La disminución de su calificación era esperada por todos y en principio ya debía ser tomada en cuenta por los mercados de bonos a futuro. De hecho el precio de los bonos del tesoro de los Estados Unidos hasta subieron (o sea, los rendimientos cayeron) cuando el S&P en agosto le retiró a los Estados Unidos la calificación crediticia triple A. Los políticos franceses le están restando importancia al significado de los cambios. "No son buenas noticias...pero no es una catástrofe", fue la respuesta del ministro de finanzas del país, François Baroin. La misma S&P sugirió que la descalificación no era el fin del mundo. Solo tres países de la eurozona son clasificados como basura, expresaron. El resto todavía tiene grado de inversión y por lo tanto es poco probable que caigan en incumplimiento.
Sin embargo la confianza en los bonos de la eurozona es tan frágil en los mercados que es poco probable que los inversionistas reciban la disminución de las calificaciones con un encogimiento de hombros gales. En el caso de Francia, no se trata solo de un golpe al prestigio del país. Crea también un agujero en la ya raída red de seguridad de la eurozona, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que ahora está respaldado por solo cuatro países calificados AAA, que representa menos de la mitad del PIB de la eurozona. La confianza en los bonos de la eurozona es probable que se tambalee.
Sin embargo, la decisión de S&P, podría no ser la mayor fuente de ansiedad. Las conversaciones entre Grecia y sus acreedores del sector privado sobre las pérdidas que estos debían asumir se suspendieron la tarde del viernes. Este fracaso incrementa el espectro de un incumplimiento griego problemático. En estas circunstancias, los inversionistas podrían tomar las calificaciones de S&P como una señal. Si las cosas se tornan terriblemente mal, Alemania sería ahora el único mercado de bonos de la eurozona que los inversionistas podrían considerar como verdaderamente seguro.
2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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