Futuro dorado

En la cultura popular los objetos dorados se asocian con la riqueza, la opulencia y el bienestar. Los sueños dorados son la máxima aspiración de una persona, y se dice que las oportunidades doradas son aquellas que sólo aparecen una vez en la vida.

La República Dominicana sueña con un futuro dorado, no en sentido abstracto como una ilusión, sino en términos muy concretos, por la explotación de sus yacimientos de oro por parte de la Barrick.

Pero ¿qué pasaría si para cuando ese oro salga a la venta, su precio haya caído estrepitosamente? ¿Se esfumaría ese futuro dorado?

Afortunadamente, no es probable que algo así suceda, pues siempre pueden hacerse ventas a futuro, y aunque ha estado bajando de precio, hoy se cotiza alrededor de los 1,650 dólares la onza y no se anticipa ninguna baja catastrófica.

De hecho, para que su precio cayera abruptamente, las noticias económicas tendrían que ser mucho mejores que lo que son actualmente, ya que el oro es un refugio, una alternativa a invertir en otras cosas, como bienes raíces y acciones de compañías. Las perspectivas del crecimiento económico mundial tendrían que mejorar súbitamente, para que los propietarios de oro decidieran que les conviene venderlo e invertir en otra cosa. Y eso no luce que vaya a suceder. Los Estados Unidos se están recuperando, pero Europa y Japón siguen empantanados y el crecimiento en otros países, como China y Brasil, se ha debilitado.

Y queda pendiente la gran incógnita del petróleo y lo que pueda pasarle si se produjera un conflicto bélico con Irán. Aún sin que haya sucedido, la posibilidad de una acción militar ha hecho subir su precio en más de un 10%, y el mercado está a la expectativa de cualquier evento para reaccionar.

En cierto modo, estamos entre dos futuros, uno bueno y otro malo. El bueno es el dorado, el del oro. El malo es el otro, el que tendríamos si el precio del petróleo se dispara. Los dos podrían compensarse.

gvolmar@diariolibre.com