Tristes pugilistas
El debate sobre la austeridad. El chisme entre los economistas es una distracción de los problemas reales
El pleito entre dos economistas, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, y una milicia keynesiana liderada por Paul Krugman, un ganador del Premio Nobel, se rehúsa a calmarse. Es un teatro académico divertido. Tristemente, también distrae la atención de un consenso emergente de cuál es la mejor forma para los países lidiar con la deuda.
En el 2010 Reinhart y Rogoff iniciaron una línea de investigación influyente con un artículo que pretendía mostrar cómo el crecimiento se desaceleraba dramáticamente cuando el endeudamiento público excedía el 90% del PIB. Esta idea rápidamente se hizo popular con los políticos amantes de la austeridad en Europa y los Estados Unidos. Luego en abril tres economistas de la Universidad de Massachusetts, Amherts, dijeron que opciones estadísticas poco ortodoxas y un error en la hoja de cálculo condujeron a Reinhart y a Rogoff a exagerar la caída del crecimiento cuando existen altos niveles de deuda.
Los académicos keynesianos se abalanzaron, declarando destruida la base intelectual de la austeridad. Las salvas más condenatorias provinieron de Krugman en un ensayo diciendo que el artículo del 2010 había "tenido una influencia inmediata en el debate público más que ningún artículo previo en la historia de la economía", sin embargo su conclusión y metodología debieron provocar sospechas desde el principio. Reinhart y Rogoff contraatacaron el 25 de mayo en una carta abierta a Krugman, denunciando su "comportamiento incivilizado" y sus propios errores (Krugman acusa a los autores de no hacer públicos sus datos; sí lo hicieron. Fueron las hojas de cálculos las que no estuvieron disponibles para el público.)
El debate se ha calentado, pero la esencia del debate ha cambiado poco; en todo caso, las diferencias se han reducido. Reinhart y Rogoff ahora hacen hincapié en sus resultados menos sexys, que a medida que la deuda aumenta el crecimiento sencillamente se ralentiza, en lugar de colapsar, un punto en el que muchos están de acuerdo. En su carta a Krugman ellos reconocen que la investigación es contradictoria en cuanto a si una deuda más alta conduce a frenar el crecimiento o viceversa, por mucho tiempo la crítica fundamental a su trabajo. Ellos continúan argumentando en favor de una reducción prudente y proactiva de la deuda. Pero dicen que ellos favorecen la amortización de la deuda bancaria, una inflación ligeramente más alta y "represión financiera" (imponiendo rendimiento real más bajo a los acreedores) en lugar de austeridad inmediata.
Esas políticas son mucho más del agrado de Krugman. Sin embargo, su carta no está dirigida a hacer las paces (es de dudar que Krugman esté interesado). Y la batalla retórica oscurece áreas importantes en las que están de acuerdo. La austeridad que socava el crecimiento no ayuda; la amortización de la deuda privada y el impulsar el crecimiento mediante estímulo monetario y reforma de la oferta sí lo hacen. Ese sería un mensaje útil para los políticos, pero tendrían problemas para escucharlo con el estruendo.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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