Una voz en el bosque

Incluye contenido de The Economist

Buttonwood. Un veterano gerente de fondos identifica las fuentes reales de rendimientos a largo plazo 

En un mundo marcado por transacciones de alta frecuencia y multimillonarios gerentes de fondos, Jack Bogle ara un surco solitario. Él fundó el grupo Vanguard de propiedad conjunta en el 1974, con un enfoque implacable de mantener los costos bajos. A través de sus fondos indexados, los inversionistas pueden ser dueños de una cartera diversificada por un cargo que es una fracción de un punto porcentual al año.

Bogle tiene ahora 83 años, y su último libro1 hace eco de muchos temas familiares (hasta reproduce una sección de esta columna). Pero vale la pena repetir esos temas, porque son ignorados con demasiada frecuencia. Los inversionistas gastan mucho tiempo en perseguir clases de activos y gerentes de fondos calientes y terminan comprando caro y vendiendo barato, mientras incurren en costos de transacción. Como dice Bogle, "los inversionistas necesitan comprender no solo la magia de la capitalización de los rendimientos a largo plazo, sino la tiranía de los costos de capitalización."

A pesar de que el costo de una transacción individual ha disminuido bastante en los últimos diez años, el volumen de transacciones se ha incrementado en tándem - tanto que Bogle conjetura que el total del ingreso por comisiones de Wall Street se ha duplicado en la última década. En conjunto, esto reduce el rendimiento de los inversionistas.

Los pequeños inversionistas enfrentan un problema de "doble agencia". Su dinero es confiado a gerentes de fondos de inversión que colocan los ingresos con ejecutivos corporativos. Esos gerentes de fondos de inversión son muy malos mayordomos, que raramente votan en contra de las acciones de los ejecutivos. Y tienen incentivos para expandir el monto de fondos que administran, aun cuando dicha expansión no haya beneficiado a sus inversionistas existentes. Los activos de la industria de los fondos de inversión han aumentado de $5 mil millones en el 1960 a $6 trillones a principios de este año, pero los gastos operativos anuales de un fondo de capital promedio se han incrementado de 0.5% a 0.99%. Si se han logrado economías de escala, estas no han sido transferidas al inversionista individual.

Los fondos de inversión traspasan sus carteras con mayor frecuencia que en el pasado. Son también más volátiles. Ninguno de estos atributos parece especialmente beneficioso para sus clientes. La proliferación de nuevos fondos seduce inversionistas a perseguir gerentes estrella - con resultados desastrosos, ya que el desempeño de la inversión tiende a revertir a la media. Entre 1997 y el 2011, la tasa media de rentabilidad de los fondos de inversión fue de 173.1%; el inversionista promedio (ponderado por la inversión en dólares) obtuvo solo 110.3%. Otro problema es que los inversionistas pasan por alto lo básico. Bogle distingue entre lo que él llama "retorno de la inversión" de valores, que es la rentabilidad inicial del dividendo más el crecimiento de las ganancias, de la rentabilidad del mercado a los accionistas. La diferencia entre los dos es impulsada por el cambio en valuación (que Bogle llama la "rentabilidad especulativa") en la medida que los inversionistas se hacen más o menos optimistas sobre el panorama.

En cualquier año, la rentabilidad del mercado y la rentabilidad de la inversión pueden ser muy distintas: la brecha de las acciones estadounidenses era de más de cinco puntos porcentuales en 105 de 125 años de transacciones. Sin embargo, en períodos mucho más largos, esta brecha tiende a estrecharse.

Por ejemplo, en los años de 1970 el retorno de la inversión era mucho más alto que el retorno del mercado, en la medida que la crisis del petróleo y los años subsiguientes de estanflación provocaron una estampida de las acciones. En los años de 1980 y 1990 ocurrió un auge en el cual los precios de las acciones subieron mucho más rápidamente que los dividendos; el retorno del mercado era más alto. En la primera década del nuevo milenio, la tendencia se reversó de nuevo. Pero en general en 40 años, la diferencia entre los dos retornos fue de solo 0.3 puntos porcentuales - el elemento especulativo prácticamente no existió.

La industria de las pensiones estadounidenses ha sido especialmente mala en comprender estas normas básicas a largo plazo. Muchos esquemas asumen, basados en desempeño anterior, un rendimiento de 7.5-8%, una cifra que es altamente implausible en vista de los bajo rendimientos actuales. (Por el contrario, en 1981, cuando los bonos del Tesoro tenían un rendimiento de 13.5%, los fondos de pensiones asumieron un rendimiento futuro anual de solo 6%.) Esos supuestos optimistas hacen que los esquemas limiten sus contribuciones, acumulando enormes riesgos futuros.

Entretanto, muchos empleados en el sector privado han sido transferidos a planes de aportaciones definidas, en los cuales su ingreso de jubilación depende del desempeño de la inversión. Pero los empleados no están ahorrando suficiente, no están colocando sus carteras con eficacia y están incurriendo en demasiados gastos. Es difícil no estar de acuerdo con Bogle en que el "sistema de seguridad de la jubilación está en peligro, y va camino de un grave descarrilamiento". Pero ¿hay alguien que lo escuche, cuando no lo han hecho en el pasado?

1 The Clash of the Cultures: Investment vs Speculation, publicado por John Wiley & Sons

© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com