VIDEO | La oposición contra el dominio extranjero

La dominación haitiana (1822-1844) sacudió a la población de la época, que se vio avasallada por la presencia de un ejército de 12,000 extranjeros que apoyaban la decisión de Jean Pierre Boyer de unificar la isla de Santo Domingo.

Las tropas entraron a la parte este, bajo la supervisión del general Guy Joseph Bonnet, quien dividió la milicia en dos columnas: una para atravesar el sur, encabezada por él mismo, y otra para recorrer el norte.

Entonces, la población de habla española sumaba unas 120,000 personas y contaba apenas con escasas tropas indisciplinadas. En cambio, Haití tenía alrededor de 600,000 almas y un ejército entrenado.

Además, los habitantes del este no tenían unidad de propósitos. Unos seguían apoyando a España, y otros favorecían la independencia.

El historiador Frank Moya Pons cuenta en La dominación haitiana que a las 7:00 de la mañana del 9 de febrero de 1822 miembros del ayuntamiento esperaban en la Puerta del Conde al presidente Boyer para acompañarlo a la sala municipal, donde se le rindieron honores.

Núñez de Cáceres, al frente de la municipalidad, le entregó al gobernante las llaves de la ciudad. En Vicisitudes de la Lengua Española en Santo Domingo, Emilio Rodríguez Demorizi narra que Núñez de Cáceres en el mismo acto advirtió que la diversidad de lenguaje entre los dos pueblos y las diferentes costumbres creaban “un muro de separación tan natural como insuperable”.

Aprobación y rechazo

La dominación haitiana obtuvo en un principio la aprobación de parte del pueblo llano, en especial de negros y mulatos, afectados por la esclavitud, cuya abolición fue decretada por Boyer. Sin embargo, encontró oposición en los terratenientes y en la iglesia católica, lesionados porque fueron desposeídos de tierras y otras propiedades.

El gobierno actuó con rapidez para evitar que se produjera una sublevación en Samaná, donde en enero de 1822 se hacían planes para enfrentar la invasión con el apoyo de una escuadra francesa que llegaría desde Martinica y de algunas tropas españolas procedentes de Puerto Rico.

En junio de 1822, gente de Monte Cristi pidió el gobernador de Cuba “auxilios para separarse de los negros y mulatos” que los gobernaban, según comprobó el historiador José L. Franco en archivos de esa nación.

Sobre este período, Pedro Henríquez Ureña escribió en La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo: “Pocas semanas después, en febrero de 1822, los haitianos, constituidos en nación en 1804, con población muy numerosa, invadieron el país. Huyó todo el que pudo hacia tierras extrañas; se cerró definitivamente la universidad; población y conventos abandonados quedaron pronto en ruinas... todo hacía pensar que la civilización española había muerto en la isla predilecta del Descubridor”.

No era la primera vez que residentes en la parte este abandonaban el territorio. Ya antes, tras la firma del Tratado de Basilea, con la entrada a la parte oriental de Toussaint Louverture, se había producido una emigración masiva hacia Puerto Rico, Venezuela y otros dominios españoles.

Motivaciones de Boyer

Moya Pons ha indicado que, por lo menos, desde principios de noviembre de 1820, Boyer trabajaba en el sur de Santo Domingo, a través de sus agentes, para provocar una situación que permitiera a las fuerzas haitianas hacer la ocupación.

Boyer tenía la necesidad de “blindar” las fronteras naturales, para defender la joven república haitiana de las amenazas de una invasión francesa, pero también requería consolidarse, pues estaba amenazado por la élite militar del derrocado gobierno de Henri Cristophe. Ocupar el este le daba la oportunidad de repartir posiciones políticas, tierras e inmuebles y de apaciguar a sus adversarios.

En la parte española, internamente actuaba un grupo de criollos que pretendía derrocar al gobierno español, para sumar a Santo Domingo a la Gran Colombia. Las previsiones del gobernador Sebastián Kindelán y la falta de respuesta de Simón Bolívar, a quien los encargados del movimiento escribieron pidiéndole apoyo, impidieron el éxito de las gestiones.

Por otro lado, el movimiento prohaitiano comunicó al comandante de Cabo Haitiano, el 8 de noviembre de 1821, su decisión de colocarse bajo las leyes de Haití. También pedía municiones y armas para defenderse en caso de que se les exigiera a sus miembros que abandonaran el este.

El 30 de noviembre de 1821 fue declarado el Estado Independiente del Haití Español, encabezado por Núñez de Cáceres. Poco después, llegaron los agentes de Boyer a Santo Domingo, para determinar si estaban dadas las condiciones para la ocupación.

En diciembre de 1821 el partido prohaitiano consiguió que Santiago y Puerto Plata se pronunciaran a favor de la unificación con Haití y en enero de 1822 hicieron igual petición residentes en Cotuí, La Vega, Azua, San Juan y Neiba. En una extensa carta, Boyer le explicó a Núñez de Cáceres la imposibilidad de mantener dos gobiernos separados e independientes en la isla y las razones que motivaron que esa unión no se produjera antes.

“... Yo voy a hacer la visita de toda la parte Este con fuerzas imponentes, no como conquistador (no quiera Dios que este título se me acerque jamás a mi pensamiento) sino como pacificador y conciliador de todos los intereses en armonía con las leyes del Estado”, escribió Boyer a Núñez de Cáceres. Las estrategias del gobernante habían preparado el ambiente para que la invasión haitiana se produjera sin confrontaciones y fuese aceptada con aparente tranquilidad.

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