¿Debemos remunerar a los hijos?

“Lo que alcanzo con mi trabajo es mucho más que dinero, son días llenos de pasión por trabajar y vivir”

Escucho mucho la teoría de poner a los hijos a trabajar para que sepan cómo es que se gana el dinero.

Veo tantos padres con problemas financieros y manejando inadecuadamente el dinero que ganan que temo que ganar dinero no sea la piedra angular para construir una libertad financiera.

Estudios reciente en escáneres cerebrales demuestran lo que pasa en nuestro cerebro cuando recibimos una recompensa. Lo más interesante es ver las consecuencias de acostumbrar a un cerebro a trabajar por recompensas.

Tenemos en nuestra cabeza una parte del cerebro que se le ha llamado el centro de las recompensas. La estimulación del mismo se da a base de premios. No tiene que ser algo material, un reconocimiento, una palmadita, palabras sinceras de agradecimiento y otras acciones también activan esa porción de nuestro sistema límbico. Todo lo explico por extenso en mi libro Migomismo – Su Inteligencia Emocional Interna.

Hemos llegado al punto de confundir el premio con la acción de la recompensa. Se ha demostrado que el chocolate no hace feliz, sino la acción de que a los amantes del preciado dulce asociamos al mismo con una recompensa... quizá desde pequeñitos nos premiaron con ese gran amigo de la infancia.

Enseñar a trabajar por recompensas materiales es programar a nuestro sistema del mismo nombre para que se active casi sólo cuando haya un premio material. Hacer acciones por deber puede generar un placer hermoso y activar el sistema de las recompensas sin necesidad de un premio material. Las hormonas de la felicidad [endorfinas] correrán por nuestra sangre y nos sentiremos muy bien.

La mayoría de las personas que están programadas neurolinguísticamente para activar su sistema de recompensas sólo a cambio de algo material pocas veces disfrutan de una buena acción, de su rutina de trabajo o de un simple halago. Buscan más dinero con más trabajo y lo desperdician con más facilidad.

Cuando ofrecemos recompensas a los infantes les estamos programando para que en el futuro sólo hagan las tareas con el objetivo de conseguir la recompensa.

Como por lo general no se tienen responsabilidades económicas en la familia, los jóvenes se acostumbran a conseguir recompensas con el dinero. Gastarlo no tiene ningún tipo de consecuencias, vivir la felicidad de disfrutar la recompensa es algo muy importante. La nueva programación es: “Consigue lo que quieras y cuando quieras”.

El bombardeo de publicidad va programando a los humanos tiernos con un nuevo dogma: “Hay que vivir el presente”. Ya programados el ahorro no es importante, gastarlo todo es lo más conveniente, lo que no hemos pensado es a quién le conviene.

Llega la etapa laboral, ahora recibirán más dinero y sin responsabilidades económicas en la casa será muy fácil destrozar las finanzas personales. Se trabaja para cobrar el salario.

El siguiente dogma que será programado por muchos: “El futuro es hoy”. Con esta nueva etapa robótica el objetivo es conseguir vivir el futuro por adelantado. Es sencillo, sólo debemos conseguir adquirir hoy lo que nos espera en algún tiempo. Muy fácil, las tarjetas de crédito y las deudas ya están inventadas. Lo que no analizamos es el costo de vivir por adelantado. Los intereses a pagar reducen nuestro poder para mejorar nuestra vida a corto plazo. Para vivir cada día no hace falta trabajar por una recompensa, sino por objetivos... ¿el principal? Disfrutar cada día, para lo que no hace falta dinero, sino una filosofía de vida adecuada.