Esas batallas que nos quedan por librar...

Los números hablan: la desigualdad de género queda en evidencia. Sí, la igualdad de género es una lucha que aún persiste y este desequilibrio estanca el progreso social. Al fin y al cabo, las niñas y mujeres representan la mitad de la población mundial, es decir, la mitad del potencial para el avance de la sociedad.

ESTE CUERPO ES MíO

El “Mapa de embarazos en adolescentes” (2015) arrojó una cifra preocupante: la tasa de embarazo en adolescentes en República Dominicana es de 90 por cada 1000, casi el doble de la mundial, que es de 51.

Según estudios de organismos internacionales, los altos niveles de embarazo en adolescentes han provocado que 1 de cada 5 mujeres entre 15 y 19 años abandone la escuela porque queda embarazada. Otro triste efecto de esto es que la causa número uno de muerte en mujeres entre 15 y 19 años es un aborto inseguro y clandestino, que no puede realizarse bajo estándares médicos de calidad porque el Congreso lo tiene prohibido. Es decir, que la negativa del Congreso de descriminalizar el aborto ha causado que nuestras niñas y adolescentes pierdan oportunidades de aprender, reduzcan sus posibilidades de desarrollo y hasta mueran.

Las opiniones de los expertos varían, pero algunas estimaciones establecen que en nuestro país se realizan unos 60,000 abortos inseguros y clandestinos al año. Eso equivale a un promedio de 164 abortos peligrosos al día o, dicho claramente, 164 niñas y mujeres arriesgándose a morir diariamente.

Por último, la tasa de cesárea más alta del mundo la tiene la República Dominicana, a pesar de que muchas veces resulta innecesaria y riesgosa. Este dato no resulta irrelevante. Contrario a lo que muchas personas podrían creer, esto tiene consecuencias medibles. Por ejemplo, en el país, de cada 100,000 mujeres parturientas, 100 mueren, lo que equivale a mucho más del doble del promedio de países de desarrollo humano alto, que ronda las 41 muertes por cada 100,000 partos.

LISTAS, PERO BAJO EL TECHO DE CRISTAL

A pesar de que las mujeres son mayoría en las aulas universitarias, ya que por cada 5 estudiantes hombres hay 8 estudiantes mujeres, la tasa de desempleo femenina en nuestro país es más del doble que la masculina. Según las cifras del PNUD, el 8.7% de los hombres dominicanos están desempleados, mientras que el 23.1% de las mujeres carecen de empleo.

Esa misma dependencia de la ONU ha calculado otra gran desigualdad: por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer gana solo 79 por igual trabajo. La batalla hay que librarla ya, porque Oxfam ha determinado que, si nada cambia, a nuestra región le tomará 170 años para que una mujer gane igual que un hombre por igual trabajo.

Se hace necesario, y urgente, denunciar las desigualdades en el mundo laboral. También el acoso, un flagelo silente pero bien generalizado en los sectores público y privado de la República Dominicana. Sin la necesaria denuncia de estas prácticas ilegales y las desigualdades injustas que oprimen a las mujeres, el techo de cristal, esa barrera invisible que no permite el ascenso de las mujeres, se mantendrá todavía intacto.

URGE: TENEMOS QUE HABLAR

No, “calladitas” no nos vemos más “bonitas”. Tenemos que hablar de lo injusto que es que un Congreso lleno de hombres privilegiados decida por mujeres pobres y sin curul, sobre si, aun siendo niñas y adolescentes, deben parir, morir en el intento o dejar sus futuros tras las rejas de una cárcel.

Tenemos que hablar de lo que la ONU ha llamado “el robo más grande de la historia”: el 21% del salario que no se les paga a las mujeres, a pesar de que realizan igual trabajo que sus pares hombres que sí reciben la remuneración completa.

Tenemos que hablar de ser representadas, de paridad en los espacios de toma de decisiones. Mientras la violencia política de género mantenga subyugadas a las mujeres, no llegaremos a la mesa de discusión donde se toman decisiones sobre nuestras vidas sin que estemos justamente representadas. Somos la mitad del país, debemos ser la mitad en los procesos de las decisiones. Si no, bastaría recordarle a la élite política que sin nosotras, que constituimos también cerca del 50% del padrón electoral, no hay triunfo en campaña.

Abusada, ignorada, excluida y privada de derechos, la mujer dominicana sufre injustamente. Nosotras tenemos que hablar porque los números ya hablan claro: la desigualdad de género ha quedado en evidencia.

Queremos una silla en la mesa

La desigualdad llega hasta los espacios de poder y autoridad. En los ministerios del gobierno, la alta judicatura y el Congreso, las mujeres representan menos del 25% de las titularidades.
De veintidós ministerios del gobierno, solo 4 son ocupados por mujeres. A pesar de la cuota del 33% que ordena la ley, en el Congreso las mujeres representan poco menos
de una cuarta parte de las representaciones.

Por: Carolina Santana Sabbagh, Laura Castellanos Hernández y Stephanie Gerardino

Foto: shutterstock / Instagram: @tenemosQueHablar.Rd