Vivir con gripe: mitos y verdades

Conoce cómo tratar la gripe, a la vez que descubres los conceptos y tratamientos erróneos en torno a su naturaleza y tratamiento

La gripe es una infección vírica que afecta principalmente a la nariz, la garganta, los bronquios y, ocasionalmente, los pulmones. (Shutterstock)

En estas fechas, las consultas de los médicos de familia, los centros de salud y los hospitales se llenan de estornudos, toses y dolores de garganta. Es época de gripe y durará, más o menos, hasta el mes de marzo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la gripe es una infección vírica que afecta principalmente a la nariz, la garganta, los bronquios y, ocasionalmente, los pulmones. Es considerada una afección leve y molesta, que suele durar una semana. Algunos de los síntomas que presenta son: fiebre alta, dolor muscular, cefalea y malestar general.

Es una patología fácilmente transmisible de una persona a otra a través de las partículas que el sujeto infectado desprende con la tos o los estornudos. Por lo general, los enfermos “se recuperan en una o dos semanas sin necesidad de recibir tratamiento médico”, según establece la OMS.

No obstante, en la población de riesgo -niños, personas mayores y quienes sufren otras dolencias graves-, la gripe puede acarrear complicaciones en una enfermedad previa o provocar neumonía. En algunos casos, puede ser mortal.

“El contagio de la gripe depende en gran medida de la fortaleza del sistema inmunológico. Una buena alimentación es clave para reforzar las defensas ante amenazas víricas y bacterianas. Consumir alimentos ricos en vitaminas A y C, como naranjas, limones, limas y verduras de hoja verde oscura, ayudará”, comenta la neumóloga Ana Sánchez Azofra, del Hospital Universitario de la Princesa, en la capital de España.

ACLARANDO CONCEPTOS

Una de las primeras confusiones que surgen a la hora de hablar de esta afección es la diferencia entre un resfriado y la gripe. Gripe y resfriado no son lo mismo. Los virus que las causan son diferentes y los síntomas también, aunque se parezcan.

La sintomatología de la gripe es más acusada: hay dolor muscular, cansancio anormal, tos seca y fiebre. En ocasiones también puede causar náuseas y vómitos.

El resfriado, que puede compartir algunos de los síntomas anteriores, pero más leves, también presenta congestión y secreción nasal.

La creencia popular a veces de evitar abrir las ventanas cuando se está en la cama pasando un proceso gripal está lejos de la realidad: ventilar es fundamental para evitar la sequedad y la sobrecarga en el ambiente.

Sin embargo, la ciencia ha dado el visto bueno a otro remedio casero: las sopas y caldos, que sí ayudan a mejorar el cuadro del enfermo. Los nutrientes de las sopas o caldos de pescado, verduras y carne poseen un efecto antiinflamatorio y ayudan a ralentizar el crecimiento de los leucocitos que liberan mucosidades, según información publicada por el diario español ABC citando a expertos de Cigna, compañía de seguro médico estadounidense.

También se cree que estar tapados durante el proceso gripal ayuda al organismo a eliminar el resfriado a través del sudor. Sin embargo, según los expertos, no es recomendable cubrirse en exceso.

Es cierto que la sudoración es un buen mecanismo para regular la temperatura corporal y evitar que se dispare, pero el sudor se enfría sobre la piel, causa que el paciente tenga frío y que, como consecuencia, eleve la temperatura del cuerpo. Tomar baños de agua tibia sí es un remedio casero recomendable.

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