Presidenciales en Colombia: la izquierda a prueba ante la peor ola de violencia
En Colombia la izquierda da pocas muestras de desgaste, a diferencia de otros países en Latinoamérica que optaron por un viraje a la derecha,
Los colombianos escogerán presidente el domingo en unos comicios que se celebran en la peor ola de violencia en una década, y en los que decidirán si ratifican a la izquierda, en el gobierno por primera vez, o giran hacia la derecha.
Sin posibilidad de reelección, el presidente Gustavo Petro termina su mandato con menos desempleo y salarios más altos, pero en un contexto de recrudecimiento del conflicto armado marcado por atentados con coches bomba, drones explosivos y el asesinato de un precandidato presidencial.
En las encuestas se perfila como favorito el senador izquierdista Iván Cepeda, de 63 años y aliado de Petro en el partido Pacto Histórico que apuesta por continuar con sus políticas sociales y las negociaciones de paz con grupos armados.
"Les doy mi voto porque con este gobierno mi vida cambió, pude ir a la universidad de manera gratuita (...) y fue un peso menos para mi familia", dijo a la AFP Natalia Rojas, de 23 años, estudiante de diseño en Bogotá y beneficiaria de un programa de educación subsidiada.
Para ganar en una sola vuelta se necesita más de la mitad de los votos. Los sondeos prevén un balotaje el 21 de junio entre Cepeda y el abogado derechista Abelardo de la Espriella.
Apodado "El Tigre", de 47 años, millonario, excéntrico, sin experiencia política y que habitualmente lleva chaleco antibalas, De la Espriella encarna el rechazo a Petro y una línea dura para enfrentar a guerrillas y narcotraficantes.
La derecha llega dividida con otra opción en el tercer lugar en los sondeos: la senadora de 50 años Paloma Valencia, del Centro Democrático, el partido del popular expresidente derechista Álvaro Uribe (2002-2010), y perteneciente a una de las familias más poderosas de Colombia.
"Esta elección está muy marcada por la lucha de clases, creo que es lo que le está funcionando a Petro (...) ahí está toda su munición electoral", dijo a la AFP el politólogo Álvaro Forero.
"Supremamente grave"
A diferencia de otros países en Latinoamérica que optaron por un viraje a la derecha, en Colombia la izquierda da pocas muestras de desgaste.
En este mandato el salario mínimo nominal aumentó 75 % y el desempleo cayó impulsado en parte por la contratación estatal, en uno de los países más desiguales del mundo.
Pero la oposición cuestiona el deterioro de la seguridad, pese a las políticas de "paz total" con las que Petro intentó sin éxito desmovilizar a los grupos que siguieron en armas tras la firma del acuerdo con la guerrilla de las FARC en 2016.
Expertos coinciden en que las organizaciones armadas aprovecharon las negociaciones para fortalecerse.
"El 2025 fue un muy mal año. El secuestro incrementó en comparación con el año anterior en más del 110 %, llegamos a la cifra más alta de desplazamientos en casi 20 años (..) la situación es supremamente grave para los candidatos", amenazados tras el asesinato el año pasado del aspirante derechista Miguel Uribe, dijo Juanita Goebertus, directora para las Américas de Human Rights Watch.
El auge del narcotráfico dificultó la relación entre Petro y el presidente estadounidense Donald Trump, con una crisis que escaló a insultos y estuvo a punto de arruinar una cooperación entre países históricamente aliados, hasta que en un encuentro en febrero en la Casa Blanca los mandatarios calmaron las tensiones.
"Lo que quiere hacer De la Espriella es organizar la casa, tal cual como lo está haciendo (Nayib) Bukele en El Salvador (...) porque la paz total es darles impunidad" a los delincuentes, comentó Wilmer Bolívar, un exmilitar de 47 años en Bogotá.
De la Espriella propone construir megacárceles donde los presos se alimenten a "pan y agua" y estén "10 pisos bajo tierra", bombardear campamentos narco con aviones estadounidenses y eliminar el tribunal surgido del acuerdo de paz.
Retos
El próximo presidente tendrá el desafío de atacar un déficit fiscal de casi el 7% del PIB y una deuda pública que supera el 64 % del PIB, sin nuevos ingresos petroleros por cuenta de una transición energética del gobierno que frenó la exploración.
Petro recibió una economía débil tras la pandemia, recaudó menos impuestos de lo esperado y llevó al límite las arcas del Estado para financiar políticas sociales cuando el Congreso puso freno a algunas de sus reformas.
"Lo que está en juego es continuar con las banderas de cambio que ha logrado mantener Petro o rechazarlas, pero la oposición se ha equivocado al ofrecer básicamente un '¡fuera Petro!', que no es una visión de futuro, sino de pasado", explicó Forero.