Servicios de salud penan por atender a damnificados de los terremotos en Venezuela
En las primeras horas, colocaron un centenar de camas en los espacios abiertos del hospital, por el temor a las réplicas y porque no tenían electricidad
Hospitales de campaña que dependen de una planta eléctrica, centros de salud que han debido alojar a familiares de médicos que perdieron sus casas en los terremotos, los servicios sanitarios en Venezuela están al límite justo cuando los sobrevivientes más los necesitan.
El Hospital Naval Raúl Perdomo Hurtado de Catia La Mar, en el estado La Guaira, luce en calma una semana después de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que causaron más de 2,000 muertos y más de 11,000 heridos.
Con los terremotos, recibió 450 heridos y 100 fallecidos, indica a la AFP un médico que pidió reserva de su nombre.
En las primeras horas, colocaron un centenar de camas en los espacios abiertos del hospital, por el temor a las réplicas y porque no tenían electricidad.
Ahora quedan solamente 30 pacientes, y por sus pasillos se puede ver a niños jugando, hijos de médicos que perdieron sus casas y que se acomodan temporalmente allí.
La destrucción marca a Catia La Mar, la ciudad menos turística de La Guaira, con decenas de edificios y casas totalmente derrumbados, negocios cerrados, y las labores de rescate prácticamente cerradas ya.
"Bajo enorme presión"
Aunque volvió la electricidad, el hospital todavía tiene restricciones en el servicio de agua.
Y ni se plantea sumarse a una segunda fase de atención a los más de 15.000 damnificados que se agolpan en improvisados campamentos y refugios en el estado La Guaira, a los que recién empiezan a llegar baños químicos y que carecen de duchas.
"Hemos aplicado 700 dosis de vacuna antitetánica a pacientes que han acudido al hospital, pero no tenemos capacidad para salir en campaña de vacunación porque no tenemos el equipo para garantizar la cadena de frío" que requieren las inmunizaciones, explica el médico.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó el miércoles una campaña internacional para recaudar 24 millones de dólares para financiar los primeros seis meses de operaciones de ayuda en Venezuela tras los sismos.
"Miles de personas lesionadas requieren atención continua, los hospitales siguen bajo una enorme presión y el riesgo de brotes de enfermedades va en aumento", asevera el director de la OPS, Jarbas Barbosa.
En un hospital militar de campaña montado por médicos brasileños al borde de la carretera, el capitán de fragata médico Eloi Moraes considera una prioridad aplicar la vacuna antitetánica.
Pero también en este caso el freno es la falta de neveras que aseguren la cadena de frío. "En este lugar no tenemos electricidad, funcionamos con planta eléctrica y eso nos limita", apunta.
También Francia, Estados Unidos y otros países han montado hospitales de campaña.
Atención prehospitalaria
A pocos kilómetros de allí, cerca de la playa Los Cocos, un grupo de médicos y veterinarios venezolanos voluntarios se instalaron en un local de McDonalds para brindar atención sanitaria a quienes aún habitan en esa zona de Caraballeda, que muestra un paisaje de guerra, con manzanas enteras de edificios derrumbados y un penetrante hedor a cadáver.
"Somos seis médicos que nos vinimos al día siguiente de los terremotos desde Valencia y Barquisimeto (centro-oeste) y decidimos quedarnos en donde no había un centro de salud cerca", indica Santiago Padilla, un neurocirujano de 32 años.
"Sabemos que mientras más rápida sea la atención prehospitalaria mejor pronóstico tendrá el paciente", asegura.
Además de atender personas con traumatismos en el local de comida adaptado estos voluntarios salen en busca de las personas que se han quedado en las edificaciones que no colapsaron para evaluar sus necesidades.
"Hay muchas personas mayores que no quieren irse de sus casas y que sufren de enfermedades crónicas, como diabetes o presión alta. Les llevamos medicinas y las acompañamos".
Padilla considera que esa población necesitará de apoyo al menos por los próximos ocho meses.
Junto con ellos está la psicóloga Mariam Benítez, de 27 años, que atiende tanto a pacientes como a rescatistas y a médicos.
"Porque aquí no vemos nada que sea bonito. Hemos conocido personas hermosas, y muy agradecidas, pero el entorno es muy duro", comenta.
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