Xi prepara su cuarto mandato sin delfín y con la cúpula diezmada por sus propias purgas

Los investigadores Jonathan A. Czin y Allie Matthias, del Instituto Brookings, también consideran que el pleno prepara el terreno para un cuarto mandato, inédito entre sus predecesores inmediatos, aunque subrayan las dificultades para renovar la dirección tras las purgas

El presidente chino, Xi Jinping, asiste a una ceremonia oficial de bienvenida para los líderes de los países miembros de los Brics en Nueva Delhi, India., en septiembre del 2026. (EFE/EPA/ALEXANDER KAZAKOV/SPUTNIK/KREMLIN)

El Partido Comunista de China (PCCh) cerró este jueves un pleno dedicado a la disciplina que, en la práctica, funciona como antesala del cuarto mandato de Xi Jinping, quien a un año del congreso que debe renovarlo al frente del partido no tiene sucesor a la vista y sí muchas sillas vacías alrededor tras su implacable campaña anticorrupción.

La siguiente gran cita será el XXI Congreso, previsto para el otoño de 2027, cuando Xi tendrá 74 años.

"Salvo imponderables, cabe esperar que Xi (...) continúe al frente del Partido y del Estado", sostiene en declaraciones a EFE el sinólogo Xulio Ríos, quien precisa que la ausencia de un sucesor designado refuerza esa perspectiva, pero "no permite darla por segura".

Los investigadores Jonathan A. Czin y Allie Matthias, del Instituto Brookings, también consideran que el pleno prepara el terreno para un cuarto mandato, inédito entre sus predecesores inmediatos, aunque subrayan las dificultades para renovar la dirección tras las purgas.

Un delfín que no llega

La cuestión sucesoria, mientras tanto, permanece desdibujada, y no por descuido.

Neil Thomas, Lobsang Tsering y Shengyu Wang, del Asia Society Policy Institute, sostienen que Xi afronta un dilema: concentrar todo el poder dificulta preparar a alguien capaz de heredarlo. Retrasar la elección preserva su autoridad inmediata, mientras que señalar a un delfín daría poder a un subordinado "cuyas decisiones no puede controlar o predecir por completo".

Ríos menciona como figura a observar al viceprimer ministro Ding Xuexiang, de 64 años y miembro del Comité Permanente del Politburó, de siete integrantes y máximo escalafón de poder del PCCh. Recalca, no obstante, que no existen "indicios concluyentes de que esté siendo señalado como sucesor".

Más allá de nombres, el experto sitúa el debate en preservar la "continuidad estratégica" del sistema y su "capacidad de ejecución".

Las sillas vacías

Las purgas han vaciado incluso el núcleo del poder militar: la Comisión Militar Central, máximo órgano de mando castrense, ha pasado de los siete integrantes de 2022 a solo dos: el propio Xi y el general Zhang Shengmin.

El comunicado final del pleno anunció precisamente el ascenso de Zhang Shengmin, figura destacada de la campaña anticorrupción en las Fuerzas Armadas, al Politburó, máximo órgano de decisión del PCCh entre plenos, y ratificó la expulsión del Partido de 33 dirigentes civiles y militares.

Además, según un recuento del diario hongkonés South China Morning Post, 35 miembros titulares del Comité Central han sido investigados o despojados de sus escaños legislativos.

Czin y Matthias destacan que Xi ha dirigido la campaña también contra sus propios aliados, lo que complica la reconstrucción de un equipo de confianza de cara al congreso.

"Xi puede reemplazar a los hombres, pero no la confianza", escriben en un análisis previo al pleno, en el que advierten del riesgo de un "mayor aislamiento" del mandatario.

La magnitud de la campaña también se refleja fuera de la cúpula: los organismos disciplinarios anunciaron esta semana, coincidiendo con el pleno, 680,000 sancionados entre enero y septiembre, entre ellos 105 altos cargos de rango provincial o ministerial y superior.

Un partido en "máxima alerta"

La quinta sesión plenaria del XX Comité Central ha debatido a puerta cerrada desde el lunes un borrador de resolución presentado por Xi que aborda la supervisión interna.

"No hay que confundir el dominio de Xi con la omnipotencia", advierten los investigadores del Asia Society Policy Institute, al señalar las dificultades para controlar una organización de unos cien millones de miembros.

El propio mandatario reconoció, en un discurso publicado este mes por la revista oficial Qiushi, que algunas directrices "no se aplican o se aplican de forma incorrecta", y denunció a funcionarios que proclaman lealtad mientras actúan por su cuenta.

Para Ríos, el pleno ha buscado "reforzar la capacidad de la dirección para hacer cumplir sus decisiones", "corregir inercias burocráticas" y evitar que el oportunismo o los intereses locales "desvirtúen las prioridades centrales".

"Un Partido permanentemente en estado de revista, con todos sus efectivos en formación y máxima alerta", resume.

La persistencia de las investigaciones revela, a su juicio, un problema con "raíces profundas" que "no puede darse por resuelto".

Por ello, para Ríos, el objetivo de la encarnizada campaña anticorrupción no puede reducirse a la eliminación de adversarios políticos, lo que no excluye que pueda servir para "neutralizar redes de poder o reforzar la autoridad de Xi".

El objetivo, añade, es asegurar una organización cohesionada para “afrontar con garantías” la modernización prevista para 2035, horizonte que también atraviesa el debate sobre la continuidad del dirigente que más poder ha concentrado en China después de Mao Zedong.

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