El primer ministro británico apunta al populista Farage como el enemigo a batir

Starmer atacó a Farage (62 años) como el arquitecto de un Brexit que resultó catastrófico para el Reino Unido

El líder del Partido Reformista, Nigel Farage, pronuncia un discurso en el Ayuntamiento de Havering, en Londres, Reino Unido. (EFE/EPA/NEIL HALL)

El primer ministro británico, Keir Starmer, identificó al populista Nigel Farage, el creador del partido Reform UK y gran triunfador de las elecciones municipales inglesas y autonómicas del pasado jueves, como el verdadero rival del laborismo y el enemigo a batir en los tres años que le quedan de mandato hasta las próximas legislativas.

El pasado jueves, el laborismo perdió 1,496 concejales en municipios ingleses -casi los mismos que ganó Reform UK, 1,451 nuevos asientos-. Perdió además 35 escaños en las autonómicas de Gales (Reform ganó 34) y quedó empatado con el partido populista en número de escaños en Escocia.

En un esperado discurso tras la debacle del laborismo en aquellos comicios, Starmer dijo hoy que durante el resto de su mandato se enfrenta "a oponentes muy peligrosos".

Poco después sacó su artillería dialéctica para atacar a Farage (62 años) como el arquitecto de un Brexit que resultó catastrófico para el Reino Unido (se calcula que el país perdió entre un 6 y un 8 % de su PIB, según un estudio de la Universidad de Stanford).

"Voy a recordarles lo que Farage dijo sobre el Brexit -detalló Starmer-: dijo que nos haría más ricos. Falso, nos ha hecho más pobres. Dijo que reduciría la inmigración. Falso, la inmigración se fue por las nubes. Dijo que haría el país más seguro. Falso de nuevo, nos hizo más débiles. Tomó el pelo al país (y) huyó. Y ahora tenemos que hablar de todas las consecuencias" de aquello.

"Porque (Farage) no es solo un estafador, es un oportunista", exclamó Starmer, que ni siquiera nombró a Kemi Badenoch, la lideresa del Partido Conservador, el otro gran perjudicado de las elecciones del pasado jueves.

El populismo, gran beneficiado de la fragmentación política

Todos los observadores coinciden en que el viejo sistema bipartidista inglés, que durante más de un siglo ha propiciado una alternancia entre laboristas y conservadores en el Gobierno, sin apenas espacio para otros actores, saltó el jueves por los aires.

Este suceso dejó un panorama de fragmentación en el que pesan cada vez más otros actores a la derecha, la izquierda, el centro liberal y los nacionalistas.

Pero de todos ellos, el que con más rapidez cabalga a lomos de las encuestas es Reform UK, "que no solo lidera los sondeos de opinión, sino que se ha mostrado capaz de convertir ese apoyo en votos de verdad el día de las elecciones", según comenta a EFE la analista Sara Hobolt, de la London School of Economics (LSE).

El partido de Farage se emparenta en varios aspectos -su retórica nacionalista, su obsesión migratoria- con la ultraderecha que crece en Europa, aunque ellos rechazan la etiqueta.

La escasa presencia que ha tenido hasta ahora el partido de Farage en algunos municipios se ha traducido en una gestión mucho menos radical que su discurso, decía recientemente el politólogo Tony Travers, también de la LSE.

Está por ver ahora si este espectacular éxito del pasado jueves muestra ahora las costuras de un partido que ha crecido con un discurso negativo y que tendráque demostrar su capacidad de predicar, pero también de dar trigo.

Contestación interna

Pero el señalamiento del primer ministro a Farage como el enemigo a batir puede que se quede corto, porque a Starmer le surgen ahora otros frentes dentro de su propio Partido Laborista, que pueden ser potencialmente más peligrosos para él que la amenaza populista.

 Y es que el batacazo electoral del jueves no ha servido precisamente para estrechar las filas del laborismo, más bien al contrario: surgen cada vez más voces en el partido que ven a Starmer sin capacidad de dirigir el Gobierno tres años más, hasta las legislativas de 2029.

Hoy mismo, la diputada laborista Catherine West comunicó que ha empezado a reunir firmas entre sus colegas parlamentarios para forzar a Starmer a que establezca un calendario para la elección de un nuevo líder de su partido en septiembre.

Y como si se hubiera abierto la veda, a los pocos minutos la antigua viceprimera ministra laborista Angela Rayner, considerada como un peso pesado del partido, afirmó que el Gobierno de Starmer "no funciona" y pidió el retorno al parlamento del actual alcalde de Manchester, Andy Burnham, visto como la gran esperanza del laborismo y a quien Starmer se ha empeñado en apartar hasta el momento. 

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