Claves del acuerdo comercial entre la UE y EE.UU. tras los nuevos aranceles de Trump

Las exportaciones de la UE a EE.UU. experimentaron una gran volatilidad en 2025, ya que muchas empresas adelantaron sus operaciones ante el temor de que la Casa Blanca aprobase nuevos aranceles

Un hombre camina frente a una pantalla que muestra los precios de las acciones en el edificio de la Bolsa de Valores de Indonesia (IDX) en Yakarta, Indonesia. Las acciones indonesias cayeron más de 100 puntos durante la sesión matutina del 24 de julio, tras la venta masiva de acciones en Wall Street durante la noche, luego de que la administración Trump anunciara nuevos aranceles a 60 socios comerciales para reemplazar el arancel del 10% que expiraba. (EFE/EPA/MAST IRHAM)

El pacto comercial que la Unión Europea (UE) y Estados Unidos firmaron hace un año en Turnberry (Escocia, Reino Unido) tiene la capacidad de estabilizar las relaciones transatlánticas, aunque áreas delicadas como los aranceles al acero y el aluminio o las políticas erráticas de Washington, que acaba de aprobar nuevos gravámenes, plantean incógnitas sobre su sostenibilidad.

Estas son las claves de cómo queda el acuerdo tras los nuevos aranceles que ha anunciado el presidente estadounidense, Donald Trump, tres semanas después de que entrase en vigor.

Nuevos aranceles con potencial desestabilizador

EE.UU. presentó anoche un paquete arancelario que afecta a 60 economías y que aplica un gravamen máximo del 10 % sobre determinados productos de la UE, un porcentaje que no rebasa el techo del 15 % que Bruselas y Washington acordaron para las exportaciones europeas.

  • La medida restablece además las exenciones arancelarias a productos europeos como el corcho y los diamantes, que se suman a las ya existentes para aeronaves y sus componentes, medicamentos genéricos y principios activos.

Bruselas valora "positivamente" el anuncio, ya que "se ajusta a los compromisos arancelarios" que Trump pactó con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Escocia.

Sin embargo, la decisión añade tensión política y abre un nuevo espacio de conflicto, lo que subraya que la agresiva -y a ratos impredecible- estrategia comercial de la Administración Trump sigue siendo el factor con mayor potencial para desestabilizar las relaciones transatlánticas.

Aunque celebra que la Casa Blanca se adhiera al pacto, la Comisión cuestiona que el pretexto para los nuevos aranceles sea la lucha contra el trabajo forzado a nivel global, pues "la UE ya cuenta con reglas sólidas" en esta materia, dijo la portavoz del Ejecutivo comunitario, Paula Pinho.

Bruselas pide más rebajas arancelarias

De todas formas, la Comisión cree que el pacto ya ha logrado su principal objetivo, que no es otro que evitar una guerra comercial con EE.UU., y considera que los últimos aranceles de Trump son "un impulso positivo para seguir explorando nuevas exenciones arancelarias".

En este sentido, espera que EE.UU. acepte la lista que le ha propuesto con nuevos productos para los que desearía lograr una reducción de los gravámenes.

Bruselas no ha publicado la lista, pero sí ha revelado su interés en que haya exenciones para sectores estratégicos de la Unión Europea.

Áreas sensibles del acuerdo

Entre ellos, sí es conocida la intención de la UE de que Washington rebaje al 15 % los aranceles al acero y al aluminio, para los que actualmente aplica un 50 %.

La UE ha abierto la puerta a suspender el acuerdo si EE.UU. mantiene ese arancel el 31 de diciembre de 2026 o si, en líneas generales, las preferencias arancelarias que le ha concedido a Washington para exportar sus bienes industriales al 0 % ponen en riesgo la economía del bloque.

Entre las áreas más críticas para la continuidad del tratado, destaca, ante todo, la carga impositiva que EE.UU. debe aplicar al acero y al aluminio europeos en virtud del tratado que acaba de entrar en vigor.

Si EE.UU. avanza con lentitud o sustituye solo parcialmente sus aranceles del 50 % por contingentes, la UE se enfrentaría al dilema de cancelar el pacto y arriesgarse a una nueva escalada comercial con el Gobierno Trump o tolerar una cierta discriminación a un sector clave de la industria pesada europea.

Del mismo modo, la metalurgia es una parcela sensible en EE.UU., donde un repentino aumento de las importaciones europeas o una denuncia de competencia desleal pueden deparar presiones a congresistas para exigir nuevas subidas de aranceles a los productos europeos.

Flujos comerciales

Las exportaciones de la UE a EE.UU. experimentaron una gran volatilidad en 2025, ya que muchas empresas adelantaron sus operaciones ante el temor de que la Casa Blanca aprobase nuevos aranceles. Sin embargo, desde que Trump y Von der Leyen firmaron el pacto, las ventas se han ido acercando a los niveles previos al periodo de mayor tensión comercial.

Según las últimas cifras que ha presentado la Comisión, el superávit comercial de bienes de la UE con EE.UU. -hasta ahora el principal argumento de Trump para imponer aranceles a la UE- fue de 20.000 millones de euros, equivalente aproximadamente al 1 % del comercio bilateral.

La UE exportó a EE.UU. más bienes de los que importó, pero Washington mantuvo su posición dominante en los servicios.

El acuerdo ha llevado a los Veintisiete a comprometerse a comprar bienes energéticos a EE.UU. por valor de 750,000 millones de dólares antes de 2028.

Solo el año pasado, se habían adquirido productos y firmado contratos por más de 250,000 millones de dólares, incluyendo un incremento de las importaciones de gas natural licuado (GNL), petróleo y nuevos proyectos de energía nuclear.

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