Rebeca Grynspan toma ventaja en la carrera por dirigir una ONU en crisis
António Guterres concluirá su segundo mandato el próximo 31 de diciembre
La costarricense Rebeca Grynspan se perfila como la principal candidata para suceder a António Guterres al frente de las Naciones Unidas, una elección que podría convertirla en la primera mujer en dirigir la organización y que se produce cuando la ONU atraviesa una de las mayores crisis financieras y de relevancia política de su historia.
Grynspan, de 69 años, reúne una experiencia poco común entre los aspirantes. Nacida en Costa Rica e hija de refugiados judíos que escaparon del Holocausto, fue vicepresidenta de su país entre 1994 y 1998 y posteriormente construyó una extensa carrera en organismos internacionales.
Una etapa particularmente importante fue su paso por la Secretaría General Iberoamericana (Segib), que dirigió desde Madrid entre 2014 y 2021. Desde allí mantuvo una relación directa con los gobiernos de América Latina, España, Portugal y Andorra, participó activamente en las cumbres iberoamericanas y fortaleció una red de contactos políticos que hoy puede resultar importante para su candidatura.
Su condición costarricense agrega otro elemento. Costa Rica ha hecho del multilateralismo, el derecho internacional y la solución pacífica de los conflictos componentes tradicionales de su política exterior. Grynspan combina esa procedencia centroamericana con una trayectoria latinoamericana y una prolongada experiencia dentro del propio sistema de Naciones Unidas.
Actualmente dirige la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), posición desde la cual ha abordado asuntos relacionados con comercio, deuda, desarrollo y desigualdad. Anteriormente fue secretaria general adjunta de la ONU, administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe.
Guterres concluirá su segundo mandato el próximo 31 de diciembre y la rotación geográfica no escrita favorece esta vez a América Latina. La región no ocupa la Secretaría General desde que el peruano Javier Pérez de Cuéllar dejó el cargo en 1991.
Crisis y recortes
La elección, sin embargo, llega en circunstancias muy diferentes. Naciones Unidas enfrenta una severa crisis financiera, recortes de personal y crecientes dificultades para financiar sus operaciones. Al mismo tiempo, su capacidad para intervenir políticamente en grandes conflictos internacionales se ha reducido mientras las potencias privilegian negociaciones directas o mecanismos ajenos a la organización.
Parte importante del problema proviene de la relación con Estados Unidos. La administración de Donald Trump ha reducido el respaldo financiero a organismos multilaterales y cuestionado abiertamente estructuras de Naciones Unidas que considera costosas, ineficientes o contrarias a los intereses estadounidenses.
Para una organización cuyo principal contribuyente histórico ha sido Washington, ese distanciamiento tiene consecuencias económicas y políticas considerables.
La crisis es también del multilateralismo. Las guerras de Ucrania y Gaza, las divisiones entre Estados Unidos, Rusia y China y el uso del veto en el Consejo de Seguridad han mostrado los límites de una arquitectura internacional diseñada después de la Segunda Guerra Mundial.
Grynspan aparece por ahora delante de la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y de otros aspirantes latinoamericanos. Pero la carrera apenas comienza. La decisión fundamental corresponde al Consejo de Seguridad y cualquiera de sus cinco miembros permanentes puede bloquear una candidatura.
Quien finalmente suceda a Guterres tendrá una misión bastante mayor que administrar Naciones Unidas. Deberá intentar devolver influencia y credibilidad a una organización que, 81 años después de su fundación, necesita demostrar que el multilateralismo continúa siendo útil en un mundo crecientemente fragmentado.
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